
—¿Cómo fue para ustedes presentarse a un casting?
FURRIEL: Hace unos años había audicionado para Lluis Pasqual, quien iba a dirigir una versión de Edipo, interpretado por Alcón, pero el proyecto naufragó por la crisis de 2001. Lo bueno fue que Calixto me había visto en Rey Lear el año pasado, cuando llegó buscando actores. Porque siempre es incómoda la situación del casting, se parece a la de un examen, pero no me molesta y la entiendo perfectamente. Cuando me interesa un proyecto, me expongo a esta situación.
SANTA ANA: No pude hacerlo, por la tira (Ciega a citas), pero pedí conocer al director, dialogar con él, porque no me sentía preparada para armar una buena audición. No quise exponerme a un papelón, ni hacerle perder el tiempo. Había escuchado mucho sobre Calixto y quería que me conociera personalmente. Vio material mío que había en el Teatro San Martín y me eligió para Rosaura. El monólogo que hago es el más largo del teatro español, casi siete minutos.
—¿Pidieron ayuda ante este desafío de un texto clásico?
S.A.: Quise pedir ayuda por el placer de dialogar con Ingrid Pellicori y también con Elena Tasisto, quien hizo este mismo papel hace doce años. Con mi padre (Walter Santa Ana), es desde otro lugar, él me escucha. Y junto a Joaquín, fuimos a verlo a Rubén Szuchmacher.
F: Tuve varios encuentros con Alcón, quien también me ayudó con la arquitectura del texto y a escucharlo mejor. Pero desde hace un tiempo, me armé un equipo de trabajo para perfeccionar mi voz (Liliana Flores) y un entrenador (Mauro Torres), con ambos me siento acompañado ante este desafío.
—El director, Calixto Bieito, llegó desde España con poco tiempo...
F: Se montó en tres semanas y en otras tantas se ajustó, con letra sabida desde el primer ensayo. Las exigencias se conocían desde el inicio, porque es un sistema de trabajo distinto. En mi caso, venía de hacer Rey Lear junto a actores de una gran disciplina como Alcón. Siempre soñé con estar en este límite, dar lo máximo y estos proyectos me lo permiten. Pero por eso mismo, para afianzarme y estar más seguro, pedí ayuda. Tal vez los actores no estamos acostumbrados, pero en Europa o en los Estados Unidos es habitual. La diferencia es que los músicos ensayan como mínimo cuatro horas diarias tengan o no presentaciones y lo mismo le sucede a un bailarín. Es una rutina de la que nosotros carecemos.
S.A.: Al principio tuve un poco de resistencia al ver el material en video y las marcaciones tipo de comedia musical, pero rápidamente me contuvieron, primero el director adjunto que es Joan Anton Rechi y ahora Calixto.
—¿Les molesta las cámaras de celulares en las funciones?
S.A.: Una de las tantas veces que vi Rey Lear, donde también actuaba mi novio (Julián Vilar), Alfredo Alcón debió parar la función por el tema de las fotos con los celulares. Temo esas demostraciones, sólo espero que en el San Martín no se dé. Igual, como tengo Facebook les escribo a mis fans y ya les conté que estoy ensayando este espectáculo.
F: Hay una generación que todavía no tiene una tradición teatral y su manera de mirar es a través de los celulares y luego lo cuelgan en sus blogs. Si vienen al San Martín y les interesa el material, sacarán fotos, pero prefiero que lo hagan y vean La vida es sueño. Con el tiempo comprenderán que no se debe hacer. Pero si en tiempos de Shakespeare los actores trabajan mientras la gente comía, se peleaba y entraban con caballos, hoy lo debo aceptar. Me incomoda, pero los prefiero con tal de que estén y conozcan a Calderón de la Barca. Me molestan más los adultos que atienden su celular o mandan mensajes de texto durante el espectáculo.
—Tal vez exista la posibilidad de trasladar este espectáculo a Barcelona: ¿viajarían?
S.A.:Soy muy urbana. Me gusta el centro y nunca fantaseamos con mi novio ni en irnos al campo, ni en viajar. Este espectáculo tiene esa posibilidad, pero aún no sé qué voy a hacer. No me gusta el avión y extraño mucho a mi gente.
F: Empecé mi carrera en el conservatorio, viajando y me encanta hacerlo. Pero nunca elegí un trabajo pensando en eso. En el caso de que mis otros compromisos me lo permitieran y mi familia pudiera ir, me encantaría. Además en esa ciudad tengo muchos amigos, pero esto ya es futurología.
—¿Hay proyectos para televisión?
S.A.: A mí no me gusta hacer teatro y televisión, a lo sumo haría alguna participación especial. La televisión tiene algo muy bueno que es darse a conocer. Aunque a veces llaman al mismo actor para los mismos papeles. No quiero ser siempre Lucía de Ciega a citas para el público. Por eso después de los premios, quise retirarme un poco, no quiero quedarme pegada. Calculo que deberé estar dos horas antes de la función. Sufrí mucho tener que levantarme tan temprano para grabar televisión. Cuando hago teatro prefiero levantarme cuando quiero, sin despertador, porque soy noctámbula.
F: En dos semanas empezaré a grabar Caín y Abel para Telefe. Pero cuando hacía Montecristo, lo compartía con las giras de La malasangre. Creo que es un entrenamiento y que se necesita una gran estabilidad emocional y anímica para poder responder a este grado de exigencia. En realidad, serán sólo tres días –de miércoles a viernes– de compartir los dos trabajos. Pero creo estar preparado y encarnar a Segismundo –el Hamlet español, como dice Calixto– es un gran placer.
Futuro musical y televisivo
—¿Por qué aceptaste volver a la tira diaria?
FURRIEL: Es el mismo equipo creativo de Montecristo, y con Caín y Abel (ocupará el horario de Botineras, desde agosto) podremos entrar al mundo familiar, que es muy importante. Habrá padres, hijos, mujeres, estará lo bueno y lo malo de una sociedad. Me tocó ser Abel “el bueno”, que no será tan lineal, es un hombre contemporáneo. La propuesta tiene un entramado muy atractivo. Como padres tendré a Luis Brandoni y Virginia Lago y ya firmaron Pablo Rago y Julieta Cardinali. Pero aún faltan actores.
—¿Y el grupo Ambulancia que integrás junto a Mike Amigorena?
SANTA ANA: Estamos trabajando y creo que para fin de año lo podremos mostrar. Ya tenemos nuevos temas y otras ideas. Aquí me siento libre, nos gusta lo raro. Hacía dos años que no parábamos y dejamos de tocar cuando se nos terminaron las ganas. Ninguno le pidió a Ambulancia dinero, siempre lo buscamos en otro lado. No somos músicos profesionales. La propuesta es que nos vean.