
El plan, a cargo de la doctora en Educación Silvina Gvirtz, logró bajar la tasa de repitencia en 66% y la de abandono en 76% en sólo cuatro años de intervención. El trabajo involucró tanto al sector privado (participan más de cuarenta empresas) como al público (ministerios y municipalidades) con un doble objetivo: colaborar con la mejora de escuelas primarias de sectores vulnerables y contribuir con el diseño de políticas publicas.
“¿Y si hacemos algo en concreto por la educación?”, fue el disparador para lanzar en 2006 este proyecto que involucró a más de 200 personas trabajando en capacitar a 2 mil directivos y docentes y 65 mil niños.
Para lograr llegar al objetivo atacaron en simultáneo varios frentes: capacitación de recursos didácticos, bibliotecas en las aulas y distribución de tres libros por cada chico con el fin de mejorar la capacidad de lecto-compresión. A la vez, colaborar con la capacitación de los docentes para que puedan planificar mejor y armar sus agendas de trabajo de forma eficiente. Por último, se trabajó en el seguimiento de tres materias clave para el conocimiento: Matemática, Lengua y Ciencias naturales. “Lo que hacemos es medir en simultáneo dos grandes dimensiones: el rendimiento interno de la escuela y el académico. Así aplicamos pruebas de progreso, que evalúan las mejoras en el área y si el alumno realmente interiorizó los conocimientos”, explica Gvirtz.
Además, grafica el problema de la repitencia: “El drama es que cuando repiten en la primaria, la deserción se nota en el nivel medio. El aporte que brindamos es capacitar al docente para que enseñe lo mismo pero de manera diferente, para entender cómo piensa ese chico que no logra pasar de grado. Sino gana el estigma de ‘no le da la cabeza’, que muchas veces se construye en la familia o en la escuela misma”.
Con el área de Matemática se detectó en las pruebas que, si bien resolvían los algoritmos, no podían solucionar problemas matemáticos. El cambio desde la enseñanza fue, entonces, hacer foco en el proceso de resolución de situaciones hipotéticas con sumas, restas, divisiones y multiplicaciones. Otra arista importante del proyecto fue lograr que “la salud vuelva a la escuela”, a través de la aplicación de un diagnóstico anual que se realiza en los establecimientos educativos para resolver debilidades de salud básicas, como miopías, o caries.
Actualmente, el programa se realiza en seis jurisdicciones: Tucumán, Chaco, Corrientes, Córdoba, Buenos Aires y Santa Cruz, y atiende a 132 escuelas públicas y dos institutos superiores de educación docente. El presupuesto que manejan es de más de 10 millones de pesos anuales, que se utilizan estratégicamente. “El desafío fue mejorar el rendimiento académico con un número de recursos limitados (se destinó menos de 200 pesos por chico al año) para lograr una política pública eficaz y real, que pueda trasladarse al conjunto de las instituciones”, sintetiza la coordinadora del proyecto.
Con la firme convicción de extender esta modalidad, la iniciativa, que ya mostró resultados, permite pensar que es posible recuperar el prestigio de la educación pública.