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Los desastres naturales también producen estrés postraumático

Como las víctimas de robos o secuestros, quienes sobreviven a sismos, aludes, inundaciones y tsunamis pueden necesitar ayuda terapéutica.

Por Enrique Garabetyan

Desolación en chile. Vivir situaciones en las que corre peligro la integridad física aumenta la ansiedad y puede generar pesadillas.

Cuando el suelo chileno deje de temblar y el país empiece la reconstrucción de su infraestructura física, los expertos en salud mental también tendrán que salir a realizar su propia tarea de recuperación y enfrentar un aumento de los casos del síndrome (o trastorno) de estrés post traumático que dejará el sismo. “Cerca del 20% de quienes lo vivieron puede manifestar secuelas psicológicas en el mediano y en el largo plazo”, afirman –en un artículo que se va a publicar en la Revista Médica de Chile– Matías González, Rodrigo Figueroa y Bernardo Pacheco, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Católica chilena. “Aunque la mayoría de los afectados por el terremoto se recuperará en forma espontánea de sus efectos psicológicos”, agregaron en un comunicado.

El síndrome. “Siempre que una persona esté expuesta a un trauma o situación en la que corre peligro su integridad física, es posible que se genere el cuadro conocido como trastorno de estrés post traumático (TEPT). Y éste también puede presentarse cuando la persona en cuestión presenció un hecho, aunque no haya sido víctima o damnificada directa”, explicó la psiquiatra Carola Saconi, del equipo de Salud Mental del Hospital Universitario Austral.

Si bien los riesgos de desarrollarlo son muy diferentes según el tipo de trauma, la psiquiatría no diferencia el tratamiento recomendado, aunque el evento desencadenante sea personal (robo, violación) o general (terremoto, inundación). Lo cierto es que todo hecho traumático termina elevando la tasa de casos. Y esto es válido para sismos, pero también para inundaciones, aludes, tormentas, erupciones volcánicas, tornados y demás eventos naturales que se registran con mayor frecuencia y virulencia en los últimos años.

“Las estadísticas internacionales muestran que alrededor del 8% de la población sufrirá a lo largo de su vida un episodio de TEPT”, le dijo a PERFIL Francisco Doria Medina, director de la Clínica de Ansiedad y Estrés del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). “En promedio, cerca del 30% de quienes atraviesan un evento traumático puede terminar desarrollando el trastorno”, agregó el también profesor de posgrado en la Universidad Católica Argentina.

Subdiagnóstico. Rafael Kichic, psicólogo del INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, señaló que el riesgo de TEPT que pueden generar un robo o violación y un desastre natural es diferente: “Se habla de cerca del 4% de casos entre quienes atraviesan esa situación”. Pero remarcó: “En esta temática suele haber un alto porcentaje de subdiagnóstico porque sus síntomas son muy fáciles de confundir con otras patologías psiquátricas como depresión o ataque de pánico”.

¿Se puede hacer algo mientras todavía se suceden las réplicas y se refuerza el trauma? “No hay estudios que hayan testeado en forma rigurosa la efectividad de una intervención temprana. De hecho, lo primero es suplir las necesidades de alimento, refugio y conexión con familiares”, explicó Kichic. “Se recomienda la terapia cognitivo-conductual para las personas cuyos síntomas persisten más de dos semanas de pasado el trauma.”

Figueroa, de la UCA de Chile, coincidió: “No recomendamos intervenciones psicológicas ni farmacológicas antes de las dos semanas, porque podrían ser síntomas normales de una situación anormal, que no deben ser patologizados”. Lo que sí puede hacerse en el “mientras tanto” es recurrir a la psicoeducación, “esto es hablar e informar sobre este trastorno a las personas que pueden sufrirlo”, dijo Doria Medina. Y, por supuesto, difundir los lugares donde es posible tratarlo.

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De mayor a menor

Según cuál sea el evento sufrido, varía el grado de riesgo asociado a desarrollar estrés post traumático (TEPT). Un estudio epidemiológico realizado hace una década por Naomi Breslau, hoy en la Universidad de Michigan, señaló que las situaciones más asociadas a la aparición de este trastorno son el cautiverio, la tortura y el secuestro, con una tasa de TEPT que supera el 53%. Lo sigue el ser víctima de una violación (49%) y el ser golpeado (32%). La muerte inesperada de un amigo o familiar cercano tiene el 15% de probabilidades. Ser testigo directo de un asesinato o de daños físicos graves, el 7,3%. Los desastres naturales rondan una tasa de TEPT cercana al 3,8%, pero hay que tener en cuenta que en este último caso los afectados se cuentan de a miles.

Edición Impresa

Sábado 06 de Marzo de 2010
Año V Nº 0449
Buenos Aires, Argentina