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el observador

como se llega a la formula uno

Los pilotos empiezan a los 10 años

En el mundo hay millones de pilotos de autos de carrera, pero apenas 22 llegan a la Fórmula Uno, la máxima categoría, en la que este año correrá el argentino José María “Pechito” López. ¿Cómo es el camino para llegar a la elite del automovilismo? Un recorrido que comienza a los 10 años, y que exige talento, tenacidad, suerte y, en muchos casos, una pequeña ayuda familiar.

Por Carlos Neira

Un campeon tambien se hace. “Pechito” López en plena actividad física y en un simulador, en Austria, donde se pone a punto para el debut. Y con Cristina, cuyo gobierno aportó US$ 2 millones.

¿Cómo se llega a correr en la Fórmula Uno? El tema se pone de moda ahora que un argentino, José María “Pechito” López, podrá concretar lo que es un sueño para todo automovilista. Antiguamente, quien arribaba a la “máxima” podía haber surgido de carreras zonales informales, pasaba a alguna categoría mayor de nivel regional o nacional, conseguía los necesarios pergaminos, el más que necesario dinero y se largaba por Europa. O disponía de los recursos económicos para directamente comprar un Maserati, Simca o Talbot. Hoy la cosa es mucho más complicada para el que quiera transitar el camino hacia la cumbre del deporte automovilístico. Quien aspire a integrar esa elite de apenas dos docenas de pilotos tendrá que reunir varios requisitos, entre ellos la suerte. Lo primero es una trayectoria, que necesariamente deberá ser siempre ascendente. El sueco Ronnie Peterson, que corrió desde 1970 hasta 1978, lapso en el que ganó diez grandes premios y que halló la muerte tras un GP de Italia, fue el primer piloto destacado que había hecho los palotes del automovilismo en el karting. Hoy prácticamente todos han tenido ese comienzo. Anteriormente era frecuente que los protagonistas de F1 provinieran de categorías de Turismo (autos con techo y ruedas cubiertas) como por ejemplo Carlos Reutemann, que surgió de nuestro Turismo Nacional, o aun del motociclismo, que tuvo su mayor exponente en el siete veces campeón mundial de esa especialidad, el británico John Surtees, campeón del mundo de pilotos en 1964 con un Ferrari. Sin embargo, Surtees fue el único que logró tal halago con dos y cuatro ruedas.

Actualmente, el futuro piloto de F1 tendrá que estar tras el volante de un kart a los 10 años, como mucho. Ahí se sabrá si sirve para más. A los 14 o 15 años deberá haber acumulado éxito y títulos. Y lucirse sucesivamente en lo zonal, luego en lo nacional y más tarde en lo internacional. Los que llegan al final de la escalera suelen volver a encontrarse en la F1. Como caso concreto, digamos que Pechito López venía liderando la final en un Mundial de Karting disputado en Japón, pero abandonó porque se le había roto la cadena de transmisión. ¿Quién fue el ganador?: un morochito llamado Lewis Hamilton…

¿Do you understand me? Hay requisitos importantes: por ejemplo, entender bien el idioma inglés, que reemplazó hace medio siglo al italiano; es indispensable para comunicar a los técnicos el desempeño del auto y atender las indicaciones de boxes; además, para tratar directamente con los equipos europeos y por razones marketineras la relación con la prensa.

Ultimamente, también son rechazados los pilotos de más de 1,75 m de estatura: Ralph Friman, hijo del más prolífico constructor de autos de Ford, con excelente foja y luego de pruebas en F1, fue rechazado por medir 1,82, lo que complicaba su adaptación al más que reducido cockpit. También, hay que tener ganas: al argentino Alberto Rodríguez Larreta en los 70 vino a llevárselo el mismísimo Colin Chapman, genial patrón de Lotus y Larry rechazó la oferta porque no estaba en sus planes. Por supuesto que el dinero y la suerte nunca están de más.

Desde la edad del pavo. Apenas salido de la “edad del pavo”, a los 15 o 16 años, el pichón de piloto deberá demostrar envuelto en la estrecha carrocería de alguna monomarca nacional lo que el karting le enseñó. Esas categorías de inicio son generalmente monomarcas, algunas tanto en las motorizaciones como en los chasis, como por ejemplo nuestra Fórmula Renault; la casa francesa auspicia estas categorías en muchos países del mundo; las Fórmulas Ford también pululan internacionalmente y en ambos casos los motores no suelen sobrepasar los 200 CV de potencia. Por supuesto, hay muchas otras categorías promovidas por otras terminales automotrices. La defenestración de la F2 Internacional en los años 80 hizo que desapareciera esa antesala casi ineludible para la categoría mayor. Ese lugar lo ocupó primero la F3 Europea hasta 1990 y luego la Fórmula 3000. En la actualidad, una trayectoria lógica sería posicionarse en las Fórmulas 3 nacionales, de las cuales las más fuertes y donde es muy difícil descollar son las de Gran Bretaña, Alemania, Italia y Japón, con un avance de la de España. Pero hay F3 en casi todos los países desarrollados en el automovilismo deportivo, y aun en Suiza… donde las carreras de autos están prohibidas (corren en los Estados limítrofes); esa función en nuestro subcontinente a duras penas la cumple la F3 Sudamericana.

Llegado a este punto, el siguiente y último paso para un piloto que quiera llegar a la F1 es destacarse en la GP2, que como casi todas las anteriores es monomarca, tanto en chasis como en motores y neumáticos. Los GP2 llevan motores de tres litros, sin turbo y con potencia de alrededor de 400 caballos, prácticamente la mitad que un F1. Como primera alternativa a la GP2 está la World Series Renault, con motores V6 de tres litros de cilindrada. A partir de este año, y aumentando la proliferación de categorías de monoplazas (situación que se da hasta casi el infinito en autos de turismo) la Federación Internacional incorporará al panorama la F2 FIA, de características similares a la GP2.

Pilotos de autos de carrera en el mundo hay millones. En la F1 apenas entran 22 titulares, la mayoría de los cuales ya está confirmada en su puesto. A diferencia del fútbol, acá hay sólo tres o cuatro vacantes por temporada para jugar en un cuadro de primera línea (este año se amplía un poco el panorama por la incorporación de tres nuevas escuderías).

¿Quiénes entran? Como en el caso de los jugadores de fútbol, los pasos de los postulantes a una butaca de F1 son observados por los equipos, que no dudan en captar a los mejores. Se desechan los buenos, los muy buenos y hasta los excelentes: al Olimpo entran únicamente los que han mostrado ser extraordinarios, los que aúnan temperamento con talento, los que sorprenden a sus observadores con maniobras impensadas. Los que van para adelante. Los que teniendo un auto para salir 22º llegan 15º. Este podría ser el caso de Pechito y ojalá lo fuera, porque desconfiamos de los equipos que cobran a sus pilotos en vez de pagarles, pero ésa podría ser la vidriera para que lo veamos en 2012 sentado en una Ferrari o en un Mercedes-Benz. Los chispazos que mostró Alonso cuando debutó con el mediocre Minardi fueron la razón de la proyección que lo llevó a dos títulos mundiales y a ser considerado como el mejor piloto del momento.

Los hijos de... Un recurso reiterado para abrir puertas a la F1 es ser el hijo de otro piloto que hubiera brillado anteriormente en ella. Sin que ello implique necesariamente nepotismo ni prebenda, como se puede constatar con un rápido listado que llega a la docena de casos, de retoños de campeones o por lo menos ases de la “máxima”, que se aseguraron una butaca por ser “hijos de…”. El primero, en los albores de la categoría, fue Alberto Ascari (campeón de 1952 y 1953 con Ferrari), primogénito de Antonio, quien fue estrella en el equipo Alfa Romeo de preguerra con los famosos P2 que enfrentaban a las poderosas escuadras de Auto Union y Mercedes-Benz. La prosapia de Hans Joachim Stuck (quien corrió 74 GG.PP. entre 1974 y 1979) es parecida a la de Ascari, ya que Hans, su padre, fue uno de los mejores volantes de la preguerra, demostrándolo como piloto oficial de los singulares Auto Union apoyados por el Tercer Reich, con los que consiguió triunfar en varios grandes premios.

Más acá en el tiempo, hay cuatro casos de campeones de la F1 que engendraron a pilotos que luego intentaron emular lo hecho por sus padres. Damon Hill (campeón en 1996) fue el único que lo consiguió tal cual lo había hecho su padre Graham en dos oportunidades: 1962 y 1968. Otro fue el canadiense Jacques Villeneuve, quien se consagró como Nº 1 en 1997, cosa que no había podido conseguir su padre, Gilles, tras cinco años en Ferrari, aunque hoy sea considerado como uno de los pilotos más rápidos de la historia; “apenas” fue subcampeón en 1979. El americano Michael Andretti, hijo del campeón de 1978, el italo-americano Mario, disputó 13 GG.PP. con McLaren en 1993. De más actualidad son Nico Rosberg, hijo de Keke, campeón de 1982, y Nelsinho Piquet, el retoño del tricampeón brasileño Nelson, quien se llevó los títulos para Brasil en 1981, 1983 y 1987. También se facilitó la entrada a la cerrada cofradía de “hermanos de…”. Están Emerson y Wilson Fittipaldi (bicampeón aquél de 1972 y 1974); los sudafricanos Jody y Ian Scheckter (aquél, campeón en 1979) y el del siete veces dominador Michael Schumacher y Ralph. México, país casi ajeno para la categoría, tuvo en los 60 a los hermanos Pedro y Ricardo Rodríguez.

Una trayectoria típica. De los 25 pilotos argentinos que llegaron a la “máxima”, el último de calidad fue Esteban Tuero, que lidió dentro del modestísimo equipo Minardi-Ford. Emprendió la ardua cuesta del automovilismo deportivo a los 7 años en el karting, donde mostró que tenía pasta y se cansó de ganar carreras. A los 13, aburrido de las pistas, largó el kart y retomó el contacto un par de años después en la zonal Sport 1050; de ahí a los 15 años pasó como un relámpago por la Fórmula Renault Argentina, corrió en Turismo y fue campeón de la Fórmula Honda (argentina). Tras un breve paso por la F3 Sudamericana, dio el salto a la F.2000 italiana, de la que también se llevó el título. Ya en la F3 italiana, en tres participaciones alcanzó una victoria. Corrió en F-3000 con un Lola Zetec y en Japón en la Fórmula Nippon ganando reiteradamente; pero quizá lo que más le redituó fue su actuación en la tradicional carrera de F3 europea, telonera del Gran Premio de Mónaco, donde se reunían los mejores pilotos de cada país. Con su Dallara Alfa Romeo llenó los ojos de los conocedores, lo que le desbrozó el camino y le abrió la puerta a la F1.

Edición Impresa

Domingo 31 de Enero de 2010
Año V Nº 0440
Buenos Aires, Argentina