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La vida privada y los amores de Sandro

Secretos de un ídolo

“Yo no tengo nada que ocultar y sí tengo mucho que proteger.” Con estas y otras palabras por el estilo, Sandro enfrentó al periodismo a mediados de los noventa, cuando una vez más intentó meterse en su vida privada. Tuvo éxito porque pudo resguardarla detrás de la imagen del Sandro cautivador de multitudes, hábilmente gestada por él mismo desde los inicios de su fama. Sandro, el ídolo, que será reeditado en febrero, explica cuál era su método y recuerda algunas de sus relaciones con, entre otras, Tita Rouss, María Elena, Olga y María Martha Serra Lima.

Por Darío Suárez

Imagen. Sandro en su esplendor, con un cigarrillo en la mano. Fumaba muchísimo y eso lo condujo a una muerte evitable.

Si bien siempre hubo trascendidos sobre supuestos romances del cantante, Sandro nunca habló de ellos; es más, se negó enfáticamente a comentar cualquier aspecto de su vida privada. “De mi vida privada yo no hablo”, dijo en más de una oportunidad.

Cuando se explayaba sobre otros temas, daba la oportunidad de saber el porqué de las decisiones que tomaba: “La misma y paralela relación Sánchez humano y Sandro intérprete produce frente a la mujer un enfoque de maneras siempre distintas. Sandro fue creciendo junto al adulto Roberto Sánchez. La metamorfosis del segundo, teniendo en cuenta la posición que Sandro le obliga a asumir frente a la vida, lo lleva a tener un concepto más íntegro de las relaciones femeninas. Quiero decir que la primera piel, que es la de Sandro, nos enfrenta a las mujeres de diferentes tipologías e idiosincrasia, circunstancia que Roberto Sánchez trata de descubrir y encauzar para que la piel de Sandro no se le transforme en un peso. Esto se trasunta en un respeto absoluto por la mujer que esté a mi lado. Por estas razones nunca se me ve ni se me verá públicamente con ninguna mujer. Quiero ser más claro: la mujer tiene que sentirse conmigo como si yo fuera cualquier muchacho de barrio, sin complicaciones de ninguna índole. ¿Se imaginan lo que sería entrando yo en una boite o a un restaurante con una chica? ¿O en un cine?”.

Hasta ese momento, Sandro había preservado muy bien la vida de Roberto Sánchez.

Desde el comiento mismo en que la fama comenzó a aumentar, su nombre ocupó infinidad de espacios en los medios periodísticos de casi todos los países de América. Sin embargo, nada se supo de su vida sentimental.

Todo periodista que se le acercó trató de conseguir en exclusiva algún dato que le permitiera romper ese impenetrable cerco.

El, por su parte, muy hábilmente respondió siempre con evasivas. El inicio de 1982 trajo cambios en el proceder del artista, quien concedió una extensa nota para hablar de su nueva pareja.

Se trataba de María del Pilar García, conocida artísticamente como Tita Rouss.

“Ella llegó a un restaurante donde estaba cenando con un grupo de amigos. Nos sentamos a compartir una mesa y no la vi más. Después nos encontramos un par de veces en ese lugar. Por casualidad. Pero fue una cosa muy extraña. Nadie provocó el encuentro, sin embargo sabíamos que iba a suceder algo”, expresó.

“Una noche llegó con una amiga y le mandé un mensaje que decía: ‘Hace mucho tiempo que no nos vemos. Me gustaría charlar con voz y tomar una taza de café. Si aceptás, llamame a este teléfono’. Simple. Sencillo. Me llamó y empezamos a conocernos más. Eso es todo... si yo no hubiera tenido la sensación de que ésta era una relación seria, jamás me hubiera prestado a esta entrevista. No me arriesgaría. Primero por respeto hacia ella, y segundo porque nunca fue mi estilo publicitar mi vida privada”, agregó.

Sandro rompió con un silencio que se había impuesto desde hacía años. Por primera vez reconocía estar viviendo el comienzo de una relación.

Tita, por su parte, venía de un fracaso matrimonial con el actor cómico Alberto Olmedo.

En el verano de 1982 Sandro continuó con sus presentaciones, que abarcaron ciudades de la costa atlántica, Montevideo y Punta del Este, y varios lugares en Buenos Aires.

Las actuaciones, siempre a sala llena, creaban en el público la necesidad de comprar discos que prolongaran los momentos vividos con el artista.

Dado que Sandro no grababa con la frecuencia con la que lo había hecho en otra época, los seguidores agotaban los stocks que aún quedaban en las disquerías de los títulos que ya estaban editados.

Por este motivo, la CBS decidió editar dos LP bajo el título La historia de un ídolo. El primero comprendía los temas conocidos entre los años 1963 y 1969; el segundo, los éxitos dados a conocer entre 1969 y 1971.

Por primera vez el año se presentaba movido en cuanto a la vida sentimental del ídolo. El mismo había abierto el fuego cuando contó públicamente su romance con Tita Rouss.

Ahora se sumaban las declaraciones de quien había sido por años su pareja: Julia Adelina Visciani sostenía haberse casado con Roberto Sánchez en el año 1972, vía México, debido a que ella ya estaba casada anteriormente.

Para confirmar sus dichos, la mujer hizo públicas unas fotografías en donde se la podía ver junto a Sandro disfrutando del sol en una piscina que, según ella, pertenecía a la impenetrable mansión de Banfield.

La forma de vida del cantante no conformaba a Julia, quien hizo públicos algunos reproches.

Los viajes de Sandro y su necesidad de preservar a toda costa su privacidad fueron incidiendo en la pareja.

“Roberto siempre decía que, para que el periodismo no nos molestara, debíamos concurrir a lugares muy caros. Y por tanto así lo hacíamos. Al principio comprendía perfectamente, porque a él, siendo tan conocido y popular, no lo dejaban en paz en ningún lado. El público nos esperaba al salir de casa. No seguían con autos. No nos quitaban los ojos de encima en un restaurante o en una confitería”.

Por todo esto, dijo: “Yo comprendía perfectamente cuando Roberto decía que no quería ir a pasear y que prefería descansar en casa. A él toda esa persecución nunca le gustó para nada. Yo soportaba la situación por él. Respetaba su voluntad”.

Muy de vez en cuando iban al cine. Entraban cuando todas las luces estaban apagadas, y debían irse cuando el film todavía no había terminado. Nunca concurrieron a fiestas del ambiente ni a reuniones sociales ni a espectáculos populares.

Agregó que “Julia aseguraba que a ambos les molestaba mucho el paredón de la casa, a pesar de que los resguardaba de la indiscreción de la gente que pasaba por allí. A mí esa pared me daba la impresión de estar viviendo en otro planeta. No quiero decir con esto que estaba incómoda. Para nada”.

Cuando la relación entre Sandro y Tita Rouss parecía haberse encauzado por los caminos de la armonía y ya nadie se interesaba por sus encuentros y proyectos, la pareja se separó. “Mi relación con Sandro ha terminado”, dijo ella.

“Fueron cinco meses muy felices junto a Roberto. Ahora soy nuevamente libre. El motivo por el cual estamos separados Roberto y yo sólo lo sabemos nosotros.”

“Esto lo digo bien claro para terminar con todo lo que se pueda inventar de aquí en más. Cuando hablamos de casamiento y de fechas, cuando hicimos planes para el futuro, fue cierto. Lo sentíamos así.”

“Teníamos muchos planes, que no viene al caso decir ahora; pero se sabe que uno puede pensar muchas cosas para el futuro y después las cosas cambian... Ahora soy nuevamente una mujer libre.”

María Martha

A lo largo de su carrera artística, Sandro debió soportar que le atribuyeran romances con muchas mujeres, desde azafatas hasta actrices conocidas. Se llenaron páginas enteras de revistas del espectáculo que mostraban a Sandro con alguna amiga o con alguna compañera de trabajo y en seguida se empezaba a hablar de una relación de otro tipo. Una de las compañeras con las que se lo vinculó sentimentalmente fue María Martha Serra Lima, aunque ninguno de ellos se prestó al juego del comentario.

“Me encanta María Martha; es una buena persona y la quiero mucho”, dijo Sandro. “Cuando ella se inició en su carrera de cantante, yo la ayudé y le enseñé los riesgos de la profesión. Pasa que cuando se ve a dos personas conocidas y de diferente sexo, automáticamente te inventan un romance. Es una gran amiga.” Las explicaciones parecían suficientes para acallar los rumores.

Sin embargo, en el mes de setiembre de 1995 María Martha encomendó a Sandro que le escribiera un tema para grabar juntos. La letra de la canción volvió a encender la llama de la polémica, ya que dividió las aguas entre los que decían que la relación había existido y los que decían que no. “No quiero hablar del tema. Roberto es un hombre encantador y yo me enamoré de él como lo hicieron muchas mujeres. Lo nuestro fue una cosa preciosa, un sueño, una ilusión. Me encantó que haya aceptado grabar el tema conmigo. Lo grabamos en Miami, y además compartimos un montón de cosas. Roberto es muy amigo de mi esposo; yo visito con él su casa de Banfield.”

La canción escrita por Sandro era Cosas de la vida. La trama relataba un encuentro entre dos personas que una vez sintieron que se querían. La vida volvió a ponerlos frente a frente, y la historia se repitió, pero esta vez para poder concluirla.

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María Elena

Mucho después, entre las informaciones que se fueron publicando y los comentarios referidos al éxito de Historia viva, apareció una versión que molestó mucho a Sandro pues tenía vinculación con su vida privada. El programa televisivo El periscopio, conducido por Graciela Alfano, emitió durante más de cuatro días un video en el que se mostraba a una mujer cuando entraba en el teatro Gran Rex. Mientras la Alfano pasaba la filmación, explicó pormenores que vinculaban a la mujer con un cantante.

“Se llama María Elena y se la mostramos como primicia. Es la mujer de Sandro desde hace catorce años y lo enamoró por las ricas empanadas que cocina”, dijo la conductora.

Estas y otras manifestaciones se repitieron por el término de casi una semana, lo que motivó que la mujer dejara de concurrir a los shows.

Sandro permaneció indiferente, y recién después de un tiempo expresó su opinión.

“Me romperé el alma y lo que sea para que mi mujer y el resto de la casa puedan seguir viviendo como hasta hoy. Voy a resguardarlos porque ella y sus hijos no quieren cámaras. ¿Qué culpa tienen ellos de mí? Me eligieron como persona, no como cantante. Por eso hace años que están conmigo. Yo cultivé mi privacidad y la de ellos, y tengo derecho al respeto. Defenderé a mi familia como un león. Soy muy familiero. Por eso cuido ese tesoro primordial. A ella la quiero, la respeto y la admiro. Estuvo junto a mi madre cuando mi madre estuvo totalmente postrada. Mi madre no se dejaba asear por nadie. Pero sí por ella”, sostuvo.

Luego el cantante se refirió a la nota emitida por televisión.

“De esta mujer, a la que alguna damita ha tratado con frívola frivolidad, porque me hace empanaditas, puedo decir que es tal cual se ve. Su rostro es su rostro. No es una mujer de plástico. No tiene nada que ver con la deslumbrante frivolidad ni nada que ver con la hojarasca cosmética. Yo no tengo nada que ocultar y sí tengo mucho que proteger. Aunque el respeto es una moneda en desuso, pido respeto para los habitantes de mi casa y para mí. Yo el respeto que pido y exijo me lo gané”, declaró el exitoso cantante e ídolo popular en un tono que evidenció el enojo que le produjo el tratamiento de la noticia.

Las declaraciones de Sandro pusieron punto final al tema de su pareja y ningún otro medio periodístico volvió a ocuparse de averiguar sobre María Elena.

Su estrategia comunicacional, su manera de preservar la intimidad, había tenido éxito una vez más.

El credo de Sandro

Después de tantos dimes y diretes sobre la vida privada de Sandro, una sola cosa quedó simplemente clara: nadie pudo romper la barrera que separó durante años la vida privada y la vida pública del artista.

Podría decirse que tanto Roberto Sánchez como Sandro han sido modeladores de un estilo ejemplar. El primero, Roberto Sánchez, ocupó el lugar de hombre común, no permitiendo que se lo avasallara dentro de los muros de la casa localizada en Banfield.

El otro, el artista, Sandro, manejó con astucia la insistente curiosidad del periodismo para dar a conocer las salidas y los amoríos del ídolo. Esto, que parece tan sencillo, debió ajustarse a una serie de hechos y principios que durante años determinaron el límite entre la realidad y la ficción.

El secreto, quizás, esté en un puñado de frases que Sandro ha repetido a lo largo de su existencia, en la que supo preservarse de la voracidad de los medios.

Algunas de estas frases le pertenecen, otras corresponden a grandes pensadores, todas tuvieron mucho que ver con su manera de pensar y con su manera de obrar:

* El único aval de la palabra es el hecho.

* Se puede perdonar, pero no olvidar.

* Jamás negocies por miedo, pero no tengas miedo de negociar.

* No fuerces nada hacia un fin porque casi siempre se produce lo contrario.

* Siempre lo tuve claro: no me compré nunca lo que vendí.

* En mi vida tuve dos ídolos: mi abuelo y mi viejo.

* Ser bueno es fácil. Lo difícil es ser justo.

* El mayor capital que uno puede tener es la confianza de otro hombre.

* El ser un hombre público no me da la posibilidad para hacer y decir lo que quiera, impunemente.

* En la mayoría de los casos, el éxito es una consecuencia del laburo.

* Mi reputación depende de con quién hable.

* Fue más lo que me dio mi carrera que lo que me quitó.

* Me parece fantástico el hecho de despertar cada día y saber que no me he muerto durante la noche.

* El mejor de los negocios es no perder lo que uno tiene.

* Yo fui un pibe callejero, pero no un pibe de la calle.

* Dentro de lo moral y lo legal, todo. Fuera de ello, nada.

Edición Impresa

Domingo 10 de Enero de 2010
Año V Nº 0434
Buenos Aires, Argentina