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marchan el miercoles al congreso

Familiares de víctimas se unen: piden justicia y más seguridad

Todos perdieron a un ser querido en el último año. Por eso decidieron armar una asociación. En su página Web reclaman a los gobernantes medidas más concretas.

Por Camila Brailovsky / Paulina Maldonado

Julia Rappazzini. En casa tenemos ovejero alemán, portón automático, alarma y rejas por todos lados. No sirvió de nada. A mi hijo lo fusilaron adentro de su habitación.

A pesar de que, como todos, planean la decoración de su arbolito de Navidad, este año para ellos, las fiestas no tendrán nada de convencional. Porque, en vez de bolitas de colores y adornos navideños, lo que colgarán de cada rama serán nada menos que las fotos de sus seres queridos, aquellos que este año, por primera vez, no compartirán con ellos la mesa ni repartirán regalos porque desde ahora ya forman parte de las “víctimas de la inseguridad”.

“Queremos que sepan de qué se trata la sensación de inseguridad”, dicen para explicar la ubicación, que tampoco será en un rincón de sus casas. Quieren, en cambio, llevar el árbol al Congreso y dejarlo allí para llamar la atención de quienes asuman a partir del 10 de diciembre. Lo harán el próximo miércoles 9, día en el que desde la agrupación Familias de Víctimas convocan a una manifestación “sin banderas políticas ni violencia”, simplemente “para que todos tomen conciencia”, “por los que ya no están y por los que todavía estamos”, justifican.

PERFIL reunió a Facundo Capristo –hijo de Daniel–, Ana María y Alejandro Robak –padres de Maxi–, Romina Etcharrán –hermana de Gonzalo–, Luis Medina –esposo de Sandra Brinkmann–, Gabriela Ianetta –madre de Mariano– y Julia Rappazzini –madre de Santiago Urbani–, para que reflexionen sobre el porqué de la convocatoria y la difícil situación que les tocó atravesar desde que perdieron a sus seres queridos.

Facundo Capristo, hijo de Daniel, es el primero en romper el silencio: “No sé hasta dónde va a llegar todo esto. En Argentina sólo salieron a quejarse cuando alguien apretó un botón y no salió más plata del cajero. Ahí sí que hubo cacerolazo. Pero parece que es peor que te saquen la plata antes que a un ser querido”, dice.

ANA ROBAK: Es que al que no le pasó no se da cuenta de lo que vivimos nosotros. Y encima, los políticos minimizan todo y hablan de una “sensación de inseguridad”. Lo que pasa es que ellos van con custodia y autos blindados. Nuestros hijos no tuvieron esa alternativa.

RAPPAZZINI: Yo siempre me di cuenta. El día que pasó lo de tu hijo (le dice a Ana Robak) no sabés lo que lloré. Y cuando escuché lo del papá de Facundo, también dije “pobre tipo”. Porque somos todos laburantes. No puede ser que uno tenga que salir a la calle diciendo “me despido de mi hija, del vecino, de todos, porque no sé si vuelvo”. Ahora, si a mí se me para un auto al lado, lo primero que le digo a mi hija es “te quiero mucho”, porque no puedo evitar pensar que se viene el disparo. Lo único que le pedí a Dios fue que me lleve antes de tener que ver muerto a uno de mis hijos. Nunca en la vida pensé que me iba a pasar una cosa así.

ANA: Yo, cuando voy por la calle y veo que alguien se pone la mano en el bolsillo, no puedo evitar pensar que va a sacar un arma. Y no se puede vivir así.

MEDINA: Con Sandra, nuestra única preocupación eran nuestros hijos de 14 y 19 años. Siempre les decíamos “llamame”, “avisame cuando llegues”. Nosotros nos cuidábamos, pero como puede hacerlo cualquiera. Pero quién puede pensar que a las tres y media de la tarde te van a robar y te van a meter un tiro en el pecho. Fue mi hijo de 14 el que me avisó, porque yo me había recostado. Igual, cuando salí, vi al policía en la puerta que me hablaba de “Sandra”, pensé que se había desmayado, no que le habían puesto un tiro en el pecho.

ALEJANDRO ROBAK: Y en esto es muy importante la difusión que se da a los casos. Pero hay algo negativo en eso, y es que estos marginales van tomando cada vez más conciencia de la impunidad de la que gozan. Y así la escalada aumenta.

R: Pero lo que tenemos que lograr, y por eso es tan importante la convocatoria del 9 en el Congreso, es que la gente tome conciencia y seamos muchos para que desde el Gobierno sepan que esto existe. A lo mejor, cuando vean todas las velas prendidas, comiencen a dudar.

ETCHARRAN: Hay que recalcar que se trata de algo pacífico, sin banderas políticas y sin religión. Se trata sólo de pedir justicia.

C: Sobre todo por respeto al ser querido de cada uno de nosotros, que ya no está pero lo llevamos dentro. Para nosotros la lucha va a seguir, porque su memoria dentro nuestro no se va a borrar.

E: El dolor lo vamos a tener siempre, la mochila la vamos a cargar de por vida. Pero hay que intentar que esto no siga pasando, que no haya más gente muerta.

—¿Conversaban con sus familiares sobre cómo reaccionar si eran víctimas de un robo?

C: Nosotros hablábamos de la seguridad. En casa tenemos una cochera, pero no guardamos el auto ahí. Mi papá me decía que, como nosotros salíamos temprano, tenía miedo de que se meta alguien en casa. Entonces alquilamos una cochera más lejos.

R: Perdoname, pero mi hijo también guardaba su auto en otra cochera. Sin embargo, lo esperaron y le dijeron “vamos para tu casa”. El otro día me dijo mi hija: “tenemos un ovejero alemán, un portón automático, alarma, rejas por toda la casa, y no sirvió de nada”. A mi hijo lo fusilaron adentro de la habitación. Estas cosas, yo no las puedo entender.

E: Mi mamá siempre nos decía que si un día nos robaban les diéramos todo. Pero a Gonzalo no le dieron ni la oportunidad. En esa situación, con su mujer embarazada y con su hijo, se hubiera bajado. Mi cuñada tiene grabado el “no” de Gonzalo, cuando vio que sacaban el arma. Con un tiro nos mataron a todos. Mi mamá es hipertensa y cuando la vio a Julia en la tele, después de que mataran a Santiago el 10 de octubre, le agarró un pico de presión. Decía “pobre madre”. Seis días después mataron a mi hermano y nos cambió la vida en un segundo. El domingo era el Día de la Madre y de golpe, estábamos el viernes en el cementerio.

—¿Después de todo lo que pasaron, pensaron en dejar el país?

R: El día que murió mi hijo me llamaron de Canadá, de España y de Estados Unidos, para ofrecernos asilo político, programas de asistencia a las víctimas, residencia, ciudadanía, casa, trabajo. No lo podía creer.

C: Con las crisis de 2001, yo quería irme a España y mi viejo me dijo “quedate, esto pasa cada tanto, hay que empezar a luchar de vuelta”. Y empezamos, y después de ocho años el país me paga de esta manera. Ya estoy cansado, siento que todo el mundo me forrea cuando lo único que hace mi familia es dedicarse a laburar.

E: Nosotros sí lo hablamos varias veces. Si no se llega a nada, si acá no cambian las leyes y no nos sentimos un poco más protegidos, nos iríamos del país.

IANETTA: Yo no. Por ahora, mi marido sigue internado. El no recuerda nada de lo que pasó, tiene un bloqueo total, al punto de que no sabe ni por qué está internado. Pregunta todo el tiempo por qué no está Mariano. Se preocupa, dice que vayamos a la Policía a reportarlo. A veces, dice que no entiende cómo, si siempre lo cuidamos con tanto amor, él no está acompañándolo. Pero por consejo médico, yo lo único que le digo es que Mariano se tuvo que ir, que no puede hablar por teléfono, pero que está bien. Yo vuelvo a mi casa todos los días sola, porque la más chica ya no quiere venir. Y a mí me gusta mi casa. Puedo entrar, ir a donde estaba Mariano, incluso hasta donde se cayeron ellos dos, él y mi marido. Pero a veces me pregunto si es verdad que hay que irse. Y no sé. Mi idea simpre fue irme a vivir a la montaña cuando fuera vieja, pero no me iría de Argentina. Eso no podría hacerlo.

—¿Cómo se sigue después de una tragedia semejante?

E: Yo tengo a mi sobrino Joaquín, de dos años, que vio cuando a mi hermano le pegaron el tiro. Ahora todas las mañanas lo primero que hace es mirar el cielo y saludar a su papá, porque la mamá le dijo que estaba en una nube. Pregunta todo el tiempo por el padre y se enoja porque uno ya no sabe qué decirle. Mi cuñada, Vanesa, está hecha pelota. Cuatro días después de que le mataron al marido, tuvo que ir a parir a su hija Sofía. Mi hermano estaba desesperado porque llegue el martes 20, la fecha en la que nacía. Y ni la pudo conocer. Y ella no pudo conocer a su padre, que era ejemplar.

—¿Tuvieron la oportunidad de dialogar con algún político?

ANA: A mí Scioli nunca me vino a ver y yo lo llamé un montón de veces. Quería sentarlo en la cama de Maxi, para ver si ser le movía una fibra. Pero sólo me llamaron de asistencia a la víctima. Lo que yo perdí para mí es muy valioso y quería pedirle que haga algo por el resto de la gente. Porque yo a Maxi ya lo perdí y no lo voy a recuperar, ni hablando en esta mesa, ni yendo a una manifestación. Es para que traten de hacer algo y no le pase a otra gente. La única persona que se nos acercó fue Macri, que nos envió una carta muy sentida.

R: A mi casa el Gobernador no vino, pero porque yo no quise. Vino el Intendente (Sergio Massa), que está siempre conmigo.

C: Nos gustaría armar una mesa como ésta, pero con Scioli, para sentarnos con él y que nos escuche. Nosotros queremos vivir en paz y tranquilos. Cuando fue lo de Fernando Cáceres nos llamó a mí y a mi primo. Y me dijo “ソqué hacemos?”. “Yo no sé, soy camionero y mi primo vende publicidades. Además, ソcómo me venís a preguntar a mí, con el dolor que tengo, qué hacer?”, le dije.

I: Hay gente que estudia, que se prepara para esto. Así como llaman a un asesor para la campaña política, que llamen a un asesor para ver cómo solucionamos esto.

—¿Una de las medidas que les pedirían es la baja de la edad de imputabilidad?

M: Los menores merecen juicio a partir de cierta edad.

ALEJANDRO: No a partir de cierta edad, sino a partir del delito que cometieron. Si tenía edad para cometer el delito, que se la banque. El chico que mató a Maxi tiene 18 causas y una pena dictada en noviembre de 2008: dos años y ocho meses, pero el juez Rafael Sal Lari lo dejó en suspenso. Si hubiera estado preso, hoy mi hijo estaría vivo.

E: Como los menores están tan protegidos por las leyes, entonces los adultos mandan al menor. “Andá a matar vos porque dentro de dos días estás en casa”. Si sigue pasando esto, cada vez van a ser más chicos.

C: En nuestro caso pasó lo mismo. El que mató a mi papá estuvo cinco veces preso, ¿cómo podés explicar que una persona de 14 años tuvo cinco entradas con portación de arma de guerra? Si a un pibe que limpia vidrios por cincuenta centavos le ofrecen ir a robar un auto por cien pesos, seguro que lo va hacer. No tiene conciencia, porque no fue bien alimentado, ni tampoco bien criado.

R: El viernes me enteré de que el que mató a mi hijo el 10 de octubre, el 24 de julio había cometido un asesinato en Baradero, con la misma escopeta con la que mató a mi hijo. El fiscal dijo: “vayan a su casa”, porque eran menores. Si hubieran estado presos, hoy Santiago estaría vivo. ¿Entonces, de qué estamos hablando?

ALEJANDRO: Otro tema importante es el control del origen de las armas.

C: En mi caso, mi papá tenía un arma reglamentaria y en 45 años nunca había pisado una comisaría ni tuvo un problema. Entonces, no entiendo qué es lo que me vienen a cuestionar. Mi papá estaba comiendo en su casa y sintió que la vida de su familia podía estar en peligro. No sé, me da mucha bronca, mucha indignación. No hacen nada, nos tratan con soberbia, nos ignoran, como si estuviésemos locos. Y nosotros simplemente reaccionamos desde nuestro profundo dolor. Es cierto que a estos chicos hay que reeducarlos, pero no hay que esperar hasta que maten a una persona para hacerlo. Y no es problema de este Gobierno, esto se viene arrastrando hace mucho tiempo.

Antes de terminar la entrevista, Ana Robak se acerca hasta la madre de Santiago Urbani. “Sabés que yo conocí a tu hijo, estuve con él quince días antes de que lo mataran. Vino al laboratorio donde trabajo, a traer un aparato”, le comenta emocionada.

Julia le contesta: “Viste qué buen chico que era. Después de que murió se me apareció en un sueño y me dijo ‘ma no pasa nada, estoy bien’. Yo sé que si estuviera acá, me diría que no me la agarre con el pobre pibe, que no le dieron de comer, no tuvo una mamá ni una cama donde dormir. Seguramente me habría dicho eso y yo no lo puedo tolerar”.

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