
Ahora, tras 20 meses de trabajo, un equipo de 35 personas compuesto por analistas de sistemas, programadores y testeadores, coordinados por la Dirección General de Gestión Informática del Ministerio del Interior y la del ReNaPer, acaba de poner a punto un sistema nuevo que, promete, será totalmente digital, veloz y barato.
Los responsables directos del desarrollo de los nuevos DNI fueron Leonel Miglioli, Darío Soffio, Mariano Ramírez, Flavio Brocca y Gastón Martín, quienes le contaron a PERFIL que “la edad promedio del grupo es de 32 años. Somos profesionales con antecedentes en distintas reparticiones públicas y con un background académico en el que se suman profesionales y estudiantes de grado y postgrado de la Universidad de La Plata y la Tecnológica Nacional”.
Software libre. Una de las primeras decisiones para diseñar el proyecto fue la naturaleza filosófica-digital que lo distingue: “Elegimos trabajar con sistemas de fuente abierta (Open Source), porque entendemos que la captura, la gestión y el almacenamiento de datos personales de todos los argentinos sólo puede basarse en herramientas informáticas que garanticen su salvaguarda y persistencia a través del tiempo. De esta manera nos aseguramos independencia de cualquier empresa proveedora y nos deja hacer un análisis y auditoría completa del programa. Además –agregaron– en el futuro se podrá adaptar el sistema a nuevos requerimientos”.
Debido a la particularidad del proceso y a su dimensión, este desarrollo no tenía muchos antecedentes. “El caso argentino tiene características propias, pero sí adoptamos lo que en informática se denomina ‘buenas prácticas’ utilizadas en proyectos parecidos de Chile y España”, reconocieron. Y abundaron que también hubo aportes de know how “de profesionales de la Universidad Tecnológica en la digitalización de grandes volúmenes de documentos y en la firma digital aplicada a comparaciones dactiloscópicas y verificación de datos biográficos, temas en los que nos ayudaron equipos de informática de la ANSES”.
Trabas. A la hora de recapitular, la gran dificultad del proyecto no fue precisamente tecnológica: “El problema central para la implementación fue más de naturaleza humana que técnica. Tuvimos que manejar el cambio en la cultura organizacional que significa pasar de procesos artesanales a uno totalmente informatizado. Por suerte, pudimos superarlo gracias a la disposición y dedicación del personal”.
La inversión total fue de algo más de US$ 18 millones. ¿Cuánto costó el software en sí? “Al usar programas de código abierto y ser un desarrollo propio, el costo no supera el de las remuneraciones del personal que trabajó en el proyecto”, aseguraron.