Perfil.com

PERFIL.COM Google
cultura

felix luna (1925-2009)

El inventor de la historia para todos

El jueves 5, a los 84 años, falleció el historiador argentino. Fue uno de los artífices de un modo distinto de entender la historia. Supo conjugar el rigor investigativo y la capacidad de acercar a la gente la vida y obra de los forjadores de la Nación, y desmenuzó hechos trascendentales a través de ensayos, novelas e incluso como talentoso letrista de canciones populares.

Por Pacho O’Donnell

Convicciones. Lo más relevante de su trabajo fue jugarse para que la historia no fuera patrimonio sólo de los expertos, sino de la gente.

Ha muerto un hombre sabio. Sabio por sus conocimientos pero sobre todo sabio por la entereza, coherencia y dignidad de su vida. Su esencia era vigorosamente republicana y democrática.

Eso lo llevaba a ser “políticamente incorrecto”, por ejemplo criticando a Perón ante públicos mayoritariamente peronistas. Lo podía hacer porque amaba la polémica y podía sostener sus argumentos con solidez.

Había nacido porteño, pero siempre reivindicó su provincianismo riojano. Se afilió a la Unión Cívica Radical, pero cuando Arturo Frondizi la abandonó para fundar la intransigencia, “Falucho” –como sus familiares y amigos le decían a Félix– se unió a quienes compartieron aquella esperanza desarrollista que se frustró entre conflictos gremiales y planteos militares.

Sus convicciones lo llevaron a abandonar su cátedra en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires cuando el ominoso golpe del 76.

Quizás lo más relevante de Falucho fue decidir, y jugarse por ello, que la historia no debía ser patrimonio de los historiadores sino de la gente. Que la gente necesitaba conocer la historia de su patria para saber más y mejor de sí misma, para interpretar con mejores elementos su realidad cotidiana y así poder proyectarse con mayores basamentos hacia su futuro personal y hacia el porvenir colectivo.

Fue un pionero de la divulgación histórica, seguramente el mejor de todos, y demostró que no era la hermana devaluada de la investigación y de la erudición.

Entre su bibliografía abundante y calificada destaco, sin pretender ser objetivo y exhaustivo, sus biografías de Alvear, de Yrigoyen y de Perón, El 45, Soy Roca. Su obra de más aliento fue Historia Integral de los Argentinos en 10 tomos y su versión reducida, que debería ser entregada por los gobiernos con el primer DNI, Breve historia de los argentinos.

Siempre fue generoso y recibía o leía a quienes se lo solicitaran. No me era arduo disentir con él porque predominaba el respeto recíproco. Eso no le impedía las chicanas, como cuando declaraba que el revisionismo había muerto hacía mucho tiempo. A mí me gustaban menos Sarmiento y Roca que a él, y a él le gustaban menos Artigas y Dorrego que a mí. El era un liberal sincero y eso impregnaba sus opiniones negativas sobre algunos de mis preferidos como Rosas, el Che y Perón.

Pero sus posiciones no le impedían mantener la objetividad historiográfica cuando investigaba o escribía sobre alguien. Así fue como publicó un excelente Los caudillos sin exaltar a las montoneras, pero tampoco sin denigrarlas, tomando distancia de la historia oficial.

Dedicó sesudos y ecuánimes textos a la vida, la obra y la personalidad de Perón. Escribió El 45; Perón y su tiempo; La comunidad organizada; Argentina, de Perón a Lanusse, y numerosos artículos. En sus encuentros personales en la quinta de Puerta de Hierro no había sido seducido. Le adjudicaba ser dueño de una ideología muy elemental y de adaptar sus diálogos a lo que deseaba escuchar su interlocutor. No vaciló en tacharlo de mentiroso y de que la verdad para Perón era mucho menos importante que la conveniencia.

Contaba que le había reprochado el hecho de que durante su gobierno se torturara, a lo que Perón había respondido que ésa era una falacia, que nunca nadie había sido torturado durante su presidencia. “¿Usted conoce a alguien?”, le espetó Perón desafiante. “Sí, yo”, respondió Falucho, quien había sido picaneado en el sótano de una dependencia policial por panfletear a favor de una huelga ferroviaria.

En 1967 fundó la revista Todo es Historia, que hoy sobrevive airosamente gracias a los esfuerzos de su hija Felicitas. En sus páginas tuvieron lugar las más distintas posiciones historiográficas, siendo uno de los escasos lugares donde los revisionistas pudimos publicar nuestros textos a pesar de no ser santos de la devoción de Luna. Tampoco esquivó la radio ni la televisión.

Amante de lo campero, payador en la intimidad, le puso letra a composiciones inolvidables en yunta con otro grande, Ariel Ramírez. Así nació la formidable Misa criolla de imponente difusión internacional. También Los caudillos; Mujeres argentinas; Cantata sudamericana, todas obras de gran aliento.

Cuando decidí dejar mi cargo de secretario de Cultura de Buenos Aires en 1986, Falucho fue mi sucesor y tuvo la inteligencia, como suelen hacer nuestros funcionarios, de no dar por sentado que todo lo hecho anteriormente debe ser descartado, de continuar por ejemplo con el Programa Cultural en Barrios.

Se nos fue Félix Luna. Deja tras de sí la obligación de continuar sus pasos, como historiador y como persona. En estos tiempos de valores devaluados, seguirá siendo un faro de conducta, de esfuerzo, de talento.

Edición Impresa

Domingo 08 de Noviembre de 2009
Año V Nº 0416
Buenos Aires, Argentina