
Será la primera vez que Higuaín vista la camiseta argentina. Nació en el oeste de Francia, cuando su papá, Jorge “Pipa” Higuaín, jugaba en Brest. “Mi corazón es argentino. Me crié allá y viví mis mejores momentos –le había dicho a Olé en febrero de 2007, cuando obtuvo la nacionalidad–. Con esto no dejo de ser francés. La única diferencia es que ahora sí puedo tener la chance de jugar en mi selección.” Las condiciones estaban dadas, pero Maradona –al frente desde octubre de 2008– nunca lo había tenido en cuenta para su equipo. El motivo sería Micaela Vázquez, la ex novia de Gago, a la que Pipita habría cortejado en Madrid.
Esa chica. Los que la conocieron en Buenos Aires dicen que es una chica de gustos simples, “re tranqui”. Desde chica tuvo fascinación por el baile y la actuación. Su primera chance se la dio Cris Morena, que la convocó al staff de Rebelde Way en el rol de Pilar, la hija del director de Elite Model School. Participó de las giras que llevaron a la banda hasta Israel, siempre en el coro soporte. En 2004 se sumó a Floricienta como Ñata y fue parte del staff del último año de Chiquititas. Nunca tuvo un rol protagónico y cultivó siempre el perfil bajo: a las pocas entrevistas que dio, fue siempre acompañada de su papá. Su club de fútbol, aun antes de conocer a Gago, ya era Boca.
Los presentaron cuando ella actuaba en Floricienta: “Nos llevamos bien de una, pegamos muy buena onda”, admitió cuando el romance llevaba ya varios meses viento en popa. En los primeros tiempos, evadía los rótulos: “Es verdad que nos estamos conociendo, él es lindo, no voy a decir que no, y un poco cancherito, ¿no?”. Y aunque decía que no hablar nunca de su vida privada era “una regla de oro”, esa vida privada empezó a salir en las revistas.
La primera fue Silvina Luna, que hasta lo llevó a conocer a sus padres en Rosario. Cuando las fotos salieron en Paparazzi, Micaela puso el grito en el cielo. En público, terminó disculpándolo: “Estamos juntos hace ocho meses. En el medio nos peleamos y ahí fue cuando él estuvo con Silvina –aseguró en Semanario–. Pero eso ya lo hablamos y está bien. Si volví con Fernando es porque confío y porque pesaron mucho más las cosas buenas que
las malas”.
Con las “cosas buenas” en la balanza, dejó su incipiente carrera y armó los bolsos para seguirlo a España cuando Gago fue convocado al Real Madrid, en 2006. Los padres y su hermana los despidieron en Ezeiza. Era una decisión complicada: su rol como la hermana de Claudio Tamburrini en Crónica de una fuga era pequeño pero prometedor. Anotó que había filmado bajo las órdenes de Adrián Caetano en su currículum y partió tras su novio.
“No es ni nunca fue una mantenida. Ella allá estudia cine y trabaja. Podría estar en Buenos Aires y todo le sería más feliz, pero se quiso quedar allá y la pelea”, revela una vieja compañera de elenco. Los menos amables dicen que al lado de Gago se aburría y que nunca encontró ocupación en Madrid. “Estaba siempre pensando en visitar a la familia.” Se separaron en abril de este año.
Triángulo. El problema estuvo en el celular de Micaela: Gago habría encontrado unos mensajitos que no le gustaron. El remitente era un viejo conocido: Higuaín, su compañero en el equipo merengue. Habían compartido vestuarios y salidas en Buda, sobre la carretera de La Coruña, una suerte de Esperanto madrileño en el que suelen festejar los futbolistas. “Nunca pasó nada, sólo que los tres vivían en el mismo barrio”, la defiende su amiga actriz, desde Buenos Aires. En Madrid, los periodistas que cubren el vestuario del Real dicen que “empezó a circular el rumor”, pero que nunca nadie supo qué originó la pelea. Una cosa es cierta: no volvieron a compartir salidas y Gago ya no lo mencionó entre sus amistades del exilio.
“Es él o yo”, dicen que le dijo a Maradona la primera vez que lo invitó a vestir la camiseta celeste y blanca. Tenía puesto el arito de diamante que el Diez le había regalado cuando daba sus primeros pasos en Boca, bajo las órdenes de Bilardo. Conocía la historia y dicen que no quiso en el vestuario al que había intentado tamaña deslealtad. Pero, de cara al repechaje, Maradona revisó su criterio: convocó a Higuaín y prescindió de los servicios del novio ofendido. El sabe bien que los cógidos pueden perderse, pero los partidos no.
Silvina y Luli, “las otras”
Gago no le habría perdonado a Higuaín una serie de mensajes. Tal vez porque él es un experto en seducción y conquista.
“Mi novia se llama Micaela”. Silvina Luna vio la frase por televisión y se sintió humillada. Tan confiada estaba en su relación con Fernando Gago que lo había llevado a Rosario para que conociera a sus papás. Acorralado por Marcelo Tinelli, el futbolista se vio obligado a decir con quién estaba saliendo. El nombre fue “Micaela”. La “novia de siempre” triunfó por sobre la bomba de Gran Hermano.
No le fue mucho mejor a Luli Fernández. “Gago es un mujeriego”, explicó a las revistas después del desengaño. Lo conoció en Madrid y hasta dejó al novio uruguayo con el que llevaba tres años. Unas semanas después, los medios chilenos publicaban que él había sido visto muy cariñoso con la tenista Gisela Dulko. El romance quedó en la red.