
Esta es la hipótesis principal de El tiempo del arte. Obras maestras del s. XVI al s. XXI, una muestra que propone un singular recorrido por la historia del arte a través del diálogo entre artistas a priori tan disímiles (temporal y estéticamente) como Velásquez y León Ferrari. Inaugurada ayer en la sede de la Fundación PROA, en el barrio de La Boca, la muestra constituye un sorprendente relato que hilvana reflexiones acerca de una amplia paleta de temas universales a través de un conjunto de obras realizadas a lo largo de 500 años. Se trata de una selección extraordinaria, en la que se cuentan creadores como Tintoretto, Agostino Carraci, Tiépolo, Velázquez, Piero Paoloni, Joseph Kosuth, Gilbert & George, De Chirico, Jeff Wall, Katharina Fristsch, Francis Alÿs, Gabriel Orozco, Ernesto Neto, Víctor Grippo y Jorge Macchi, entre muchos otros.
Como salta a la vista, en la muestra conviven grandes maestros del Renacimiento con creadores de última generación, y el gran mérito de la muestra es establecer un escenario conceptual en el que todos adquieren una condición contemporánea. Integrada por un conjunto de 106 obras, en su mayoría de la colección de la GAMeC (Academia Carrara de Bérgamo, Italia), pero también de colecciones privadas italianas y argentinas, la muestra plantea cuatro núcleos temáticos: Poder-Cotidiano, Cuerpo-Mente, Vida-Muerte y Amor-Odio. En cada uno de ellos se establecen distintos diálogos y contrastes entre obras que dan testimonio de las diferentes formas en que el arte ha reflexionado a lo largo del tiempo sobre temas inherentes a la condición humana.
El proyecto de la exposición fue elaborado originalmente en Italia, donde también contaba con obras de la Edad Media que, por razones de conservación, no pudieron ser trasladadas a Buenos Aires. Al saltar el océano, para la versión argentina, se sumó una selección de obras de destacados artistas latinoamericanos que dotan al conjunto de una complejidad aún mayor. Así, la célebre obra La civilización occidental y cristiana, que León Ferrari realizó durante la Guerra de Vietnam, establece un contrapunto con una escena de batalla del siglo XVII de Francesco Simonini, y en ese vínculo se da cuenta de la manera de plasmar la tragedia de la guerra en la obra de dos artistas separados por casi tres siglos. Estas dos obras se encuentran dentro del impactante núcleo Amor-Odio, que marca el final del recorrido de una exposición que no pierde intensidad en ninguno de sus tramos y que está salpicada en todos sus eslabones por la ironía y el humor de las obras/comentarios del artista napolitano Ben Vautier.
Otro atractivo de esta muestra es que se encarga de resaltar la figura del curador, un rol muchas veces sobreactuado y accesorio, pero que ostenta una categoría de elemento imprescindible en la escena del arte contemporáneo. En este caso, Giacinto Di Pietrantonio, director de la GAMeC, demuestra que un buen curador es, ante todo, un buen narrador. Alguien capaz de establecer un relato a partir de un conjunto de obras de arte, manejando factores como el ritmo, los conceptos y las intensidades en pos de una idea muy clara de lo que se quiere contar. El resultado es una muestra de altísima calidad, donde cada una de las muchas obras maestras que la integran no tiene sentido por sí sola sino como parte de un gran e intenso relato.
Di Pietrantonio: “El arte no conoce fronteras, ni temporales ni geográficas”
Haciendo gala de la gestualidad típica de todo buen italiano, Giacinto Di Pietrantonio, director de la GAMeC y docente de la L’Accademia di Brera de Milán, conversó con PERFIL durante el montaje de la muestra:
—¿Cómo surge la investigación y la exhibición “El tiempo del arte”?
—La idea de esta muestra nació hace muchos años, a mediados de los 90, en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde doy clases de Historia del Arte. En aquellos años daba un curso a los estudiantes llamado “Exposición universal”. El curso relacionaba el arte de todos los tiempos, tratando de explicar a los estudiantes que el arte siempre es contemporáneo con su tiempo, pero lo es con todos los tiempos solamente cuando es de calidad. Por lo tanto, la muestra es una investigación sobre la relación entre tiempo y calidad, un tiempo que resulta anulado por la calidad. Pero el nivel de esa calidad no bastaba por sí solo, entonces lo puse en relación con obras de temas universales, como el amor y el odio, la vida y la muerte, el poder y lo cotidiano, la mente y el cuerpo. Se trata de entidades que han existido siempre y de las que el arte siempre se ha ocupado y preocupado por representar.
—¿Qué adaptaciones tuvo la muestra para presentarse en Buenos Aires?
—La mayor parte de las obras son las mismas; aquí agregamos obras de artistas latinoamericanos para dar cuenta del interesante contexto en que iba a ser expuesta la muestra; por lo tanto agregamos a León Ferrari, Guillermo Kuitca, Jorge Macchi y otros. Esto era necesario para subrayar una vez más que desde cierto punto de vista, desde el de la universalidad, el arte no conoce fronteras, ni temporales ni geográficas. De modo que vi todo esto como una importante nueva oportunidad, un desafío necesario. Desde el punto de vista del espacio –y por lo tanto del montaje, que he curado junto con el estudio Caruso-Torricella–, la confrontación por parejas de los temas resulta más evidente que en la GAMeC, en tanto que aquí, salvo en la primera sala, en las otras los temas se enfrentan pared contra pared, y por lo tanto el efecto resulta más inmediato e intenso. En la GAMeC todos los temas ocupaban la misma sala; eso hacía que la confrontación estuviera más mediatizada.
—En la Argentina, a diferencia de lo que ocurre en Italia, las obras de arte antiguo no abundan. ¿Cree que éste es un elemento que resalta el atractivo de la muestra para el público argentino?
—Hay muchas obras, casi el 50 por ciento, de arte antiguo, y eso hace que el registro sea más comprensible por la mayoría de las personas. Creo que esa confrontación resulta muy estimulante. Además, a mí, la Fundación PROA siempre me ha dado buena suerte. En 2004, cuando traje la muestra de Alighiero Boetti, todo anduvo muy bien y ganó el premio a la mejor muestra del año. A lo mejor volvemos a repetir eso con El tiempo del arte.