
—Sí. Mirá, la Coalición Cívica tuvo un rol, que era conducir la oposición a la derrota de la hegemonía kirchnerista. Ese rol lo cumplimos. Hicimos acuerdos con el radicalismo y el socialismo, y el Acuerdo Cívico y Social ganó las elecciones. Y en la etapa post electoral decretaron mi inexistencia política.
—¿Quiénes?
—La corporación política tradicional. Siempre sucedió lo mismo, pasó en 2003, en 2005 y en 2007. A pesar de haber ganado la elección, cesó mi responsabilidad en el liderazgo de la oposición.
—¿Y quién es el líder de la oposición?
—Hay anarquía. La circunstancia de que yo no haya hecho en la Capital la elección que según el criterio dominante había que hacer hizo que hoy yo no sea la persona con poder suficiente para conducir la oposición. La corporación política y económica no quiere que sea candidata a presidente una persona con la que no se pueda negociar la impunidad.
—¿Y a quién eligieron las corporaciones?
—A Cobos, De Narváez y Reutemann.
—Sobre los cruces con Margarita Stolbizer…
—No hubo cruces. La Coalición Cívica, menos el GEN, decidió no ir al diálogo. Yo respeto esa decisión, pero no es la nuestra. Y tengo una evaluación política enormemente crítica del paso dado por toda la oposición con el diálogo.
—¿Por qué?
—Porque creo que el triunfo político del 28 de junio tenía que ser usado para condicionar al Gobierno a determinados cambios como precondición al diálogo. Había que dialogar después de que se vaya Moreno, de que se habilite la reforma del Consejo de la Magistratura, de que se cambien las retenciones. Había que obligar al Gobierno a cambiar antes de hablar, para mostrar la buena fe del diálogo. Por el contrario, la única dañada es la oposición, que frente a la psicopatía del poder tenía que preservar el diálogo en un espacio institucional neutral, que era el Parlamento. Kirchner ganó tiempo para aumentar su poder de daño.
—¿Psicopatía del poder?
—Sí, Kirchner es un psicópata, es un perverso. Ganó tiempo, como un golpeador, que vuelve a dialogar y se pone tierno para después volver a golpear.
—Algunos de la oposición decían que hace años venían reclamando diálogo.
—A mí jamás me escucharon pedirles diálogo a los Kirchner. Yo los denuncié por asociación ilícita y por ser una manga de ladrones. Hoy todos hablan del fracaso del diálogo. De todas maneras, voy a tratar de distender todas las situaciones en el marco del Acuerdo Cívico.
—¿Eso incluye la relación con Margarita?
—El tema se va a ir resolviendo con el tiempo y ellos (por el GEN) definirán con autonomía. La Coalición va avanzando y ojalá que ellos estén. Pero siempre con estas cosas de vínculos con el poder tuvimos posiciones diferentes. Yo nunca fui al despacho de un ministro. Ni en la época menemista ni en la de la Alianza. Cuando De la Rúa, a dos meses de asumir, invitó a todos los diputados a un asado para convencerlos de la reforma laboral, yo dije: “No voy, porque no soy tropa”.
—¿Es cierto que se muda?
—No. La decisión, que se tomó hace tres meses, es que voy a militar en el Conurbamo bonaerense, porque ahí están los problemas de drogas y pobreza más extremos del país. Pero voy a vivir en la Capital y voy a ser diputada por la Capital. No pensé en mudarme.
—¿Siente que le dejó el Acuerdo Cívico servido a Cobos?
—No, yo conozco el partido radical profundamente. Y tengo la confianza absoluta de que con el tiempo la corriente más principista e intransigente finalmente defina su destino. Y cuando en diciembre la UCR defina quiénes son sus autoridades nacionales y de los bloques, sabremos cuál es finalmente el destino que ese partido le quiere dar a su porvenir. Y ahí sabremos si hay acuerdo o no hay acuerdo. Si en algún momento el partido decidiera una corriente más pactista, acuerdista y pragmática, seguramente tendremos caminos diferentes.
—¿Votaría a Cobos para presidente?
—No.
—¿Nunca?
—Nunca.
—¿Ni siquiera en un ballottage?
—No, ni aun en un ballottage.
—¿Y votaría a un peronista en lugar de a Cobos?
—… (Profundo silencio). Ya está. Ya te dije todo.