
Pero hoy, a 40 años de aquellas primeras pisadas, el futuro espacial es incierto. A pesar del interés de China por sumarse a la carrera, problemas de presupuesto de la NASA y desinterés de la sociedad marcan una nueva agenda que complica los viajes galácticos, cuando se multiplican quienes sostienen que sólo la colonización del sistema solar asegura la supervivencia de la humanidad.
Proyecciones. La carrera espacial en Estados Unidos está planteada con obstáculos y la idea de volver a pisar la Luna, como un preludio de subsiguientes misiones a Marte, aún no tiene fecha definida. ¿El mayor problema? Las limitaciones presupuestarias, en medio de un contexto recesivo y cambios de orientación política. Después de la catástrofe del transbordador Columbia, en 2003, el entonces presidente George W. Bush decidió suspender los vuelos de tres orbitadores en 2010 y dar al país objetivos espaciales ambiciosos.
Uno de esos proyectos es el programa Constellation, que plantea un retorno de los estadounidenses a la Luna en 2020 –o sea casi cinco décadas después de sus seis primeros vuelos, realizados entre 1969 y 1972–. Esas misiones seguirían con vuelos tripulados a Marte. Aunque el presidente Barack Obama no descartó el proyecto ni cuestionó sus objetivos principales, nombró una comisión de expertos para examinarlo con detenimiento y elevar recomendaciones.
El tema ya se instaló como polémica en el país del Norte. El senador demócrata Bill Nelson –ex astronauta que realizó un vuelo a bordo de un transbordador espacial– estimó que el presupuesto de la NASA para Constellation no era suficiente (6 mil millones de dólares en 2009). “La NASA simplemente no puede cumplir con el objetivo del presidente de estar en la Luna en 2020”, dijo en la primera reunión de la comisión sobre el proyecto de vuelos espaciales habitados. También opinó Harrison Schmitt, el último hombre que pisó el suelo lunar, para quien Constellation está subfinanciado.
Buzz Aldrin, uno de los astronautas de la histórica misión, expresó también su posición: “El destino de la humanidad es caminar sobre otro planeta y lo podemos lograr”. Y consideró que es momento de realizar vuelos tripulados hacia Marte, sin pasar por la Luna, para “ahorrar tiempo y dinero”. “La colonización del sistema solar es una manera de establecer un lugar de supervivencia para la raza humana”, agregó.
Dudas. Pero también el episodio de la llegada a la Luna dejó huella en el imaginario popular y aún hoy se suman mitos y conspiraciones (ver recuadro). Eugenio Fernández Aguilar, físico español y autor del libro La conspiración lunar ¡vaya timo!, investigó sobre el tema y dialogó con PERFIL.
—¿Por qué cree que millones de personas siguen creyendo que el alunizaje nunca sucedió?
—El ser humano tiende a creer en conspiraciones y rarezas desde antaño. Simplemente por economía: es más rápido creer lo absurdo que dedicar unos minutos a razonar. Por otra parte, hay un amplio sector de la sociedad que se siente inclinado a ir “en contra de”. Intentar refutar posturas oficiales nos hace más libres. Y de todo esto, de la credulidad de la gente, de la necesidad que tienen las personas de creer, se aprovechan mezquinamente los vendedores de misterios. Estos inventan patrañas de todo tipo, historias que ni ellos creen, pero saben que se cotizan bien en el mercado de lo oculto.
—¿Cuántas veces el hombre tocó suelo lunar y qué países lo lograron?
—En total han pisado la Luna doce astronautas. El primero Neil Armstrong (Apollo 11) y, el último, Eugene Cernan (Apollo 17). Han sido seis las misiones tripuladas que llegaron con éxito a la Luna. A partir del desastre del Apollo 13, y tras el éxito anterior, la Luna dejó de ser un objetivo estatal. Así que las misiones Apollo 18, 19 y 20 no se destinaron finalmente allí. Otros países sólo han mandado sondas a nuestro satélite. En concreto, los rusos dejaron de hacer esfuerzos tras el logro de EE.UU. y centraron su atención en otros menesteres.
—¿Cuál es para usted la importancia de la llegada del hombre a la Luna?
—Nos acercó un segundo mundo. Trajimos casi 400 kg de ese mundo al nuestro. Y fueron muchos los avances tecnológicos y científicos logrados que aún hoy tienen repercusión en nuestra vida diaria.
Historia. Neil Armstrong y el grupo de astronautas que participaron del programa Apollo 11 cumplieron uno de los sueños más antiguos de la humanidad. Con esta hazaña, Estados Unidos se impuso ante la Unión Soviética en la conquista del espacio. La aventura, que llevó a doce astronautas a la Luna en seis misiones, entre 1969 y 1972, había empezado ocho años antes con el objetivo del presidente estadounidense John F. Kennedy de “poner un estadounidense en la Luna antes del final de la década”.
La decisión tenía un contexto político. En el medio de la Guerra Fría, la Unión Soviética adelantaba a Estados Unidos en la carrera espacial con la puesta en órbita en 1957 del primer satélite, Sputnik, seguido en 1961 por la llegada del primer hombre al espacio, Yuri Gagarin. Así Estados Unidos acelera la carrera espacial y pone en marcha la misión Apollo, con un presupuesto que en cifras actuales alcanzaría los 115 mil millones de dólares.
El 16 de julio de 1969, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Mike Collins se instalan en el módulo de comando Columbia de la nave Apollo 11. El enorme cohete de 111 metros de altura sale de la plataforma de despegue del Centro Espacial Kennedy. Cuatro días más tarde, Buzz Aldrin logra aterrizar manualmente el módulo lunar en el Mar de la Tranquilidad. Una imagen se repetía en todos los televisores: una flameante bandera estadounidense y una placa de metal con un mensaje de paz del presidente Richard Nixon.
Carrera. Pero no sólo Estados Unidos tiene la ambición de volver a hacer historia. China tiene la ambición de ganar la carrera, pero lo mismo sueñan sus vecinos asiáticos India y Japón. Los chinos planean aterrizar con una nave no habitada en 2012 y enviar hombres a la Luna alrededor de 2020.
China fue el tercer país que mandó un hombre al espacio después de Estados Unidos y la hoy desaparecida URSS. Además ya están trabajando en la construcción de un módulo orbital, lo que configura un primer paso hacia la creación de una estación espacial.
Pero no todas las miradas apuntan al éxito de los “taikonautas” (como se conoce en ese país a los astronautas). Uno de los especialistas que se anima a dudar es Chan Kwing-lam, director del Centro de Investigación Espacial de la Universidad de Ciencias de Hong Kong. “Pienso que algunas personas sobrestiman el poder chino. Por un lado, ese tipo de misión es muy costoso. Por otro, China no posee actualmente la tecnología y las capacidades para llevar a cabo una misión humana a la Luna”, dijo a AFP. La idea sin embargo sigue en marcha, y es parte del avance del país asiático en el campo internacional, en la misma línea que el éxito con los Juegos Olímpicos de 2008 y la buena performance ante la actual crisis económica.
“La misión en la Luna está destinada a demostrar la nueva potencia de China luego de un siglo en que fue humillada y considerada un país de segunda categoría”, analizó Dean Cheng, especialista del programa espacial chino en el centro de investigación estadounidense CNA Corp.
Pero sus vecinos también le pisan los talones. India, al lanzar una sonda hacia la Luna, y Japón, cuyo primer satélite lunar despegó en junio, afirmaron recientemente que están determinados a involucrarse en la carrera espacial. De todas maneras, esta competencia no puede compararse a la que opuso a Estados Unidos y la Unión Soviética en los años 60, cuando la carrera espacial fue parte integral de la Guerra Fría. “En Asia hoy, no existe un clima de hostilidad” entre esos países, afirmó Fu Song, de la universidad Tsinghua.
Esta semana se conoció la noticia de que China podría enviar a su primera mujer al espacio en 2012, nueve años después que Yang Liwei se convirtiera en el primer astronauta chino. La ex Unión Soviética fue el primer país en enviar a una mujer al espacio, Valentina Terechkova, durante tres días, en 1963.
Apatía. La segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por utopías de un futuro espacial prometedor. En los 90, compañías como la inglesa Moon Estate vendían parcelas en la Luna. Su excéntrico dueño, Francis Williams, auguraba: “Creemos que de aquí a 15 años será posible vivir allí”. Las consultas se incrementaron después de que el científico británico Stephen Hawking dijera que la colonización del espacio salvará a la raza humana, tras la escasez de recursos naturales en la Tierra. Pero el pionero en la inmobiliaria galáctica fue Dennis Hope, de Estados Unidos, que en 1980 fundó la compañía Embajada Lunar. El mismo sueño compartían excéntricos millonarios que ponían fortunas para ser de los primeros en viajar a planetas remotos.
Pero la fantasía de poner un pie en el siglo XXI con vacaciones en la Luna o un viaje de aventura a Marte se choca con otra realidad. La línea del horizonte está mucho más cercana: exactamente finaliza en la Estación Espacial Internacional (ISS), a unos 350 kilómetros de la Tierra.
Las verdaderas exploraciones espaciales hoy las realizan los robots, mientras que los humanos están atascados en la rutina, asegura Francis Rocard, un astrofísico encargado de la exploración del sistema solar en el Centro Nacional de Estudios del Espacio (CNES) de Francia.
“Hay un gran desinterés a través del mundo por los vuelos espaciales habitados hoy en día, incluso en Estados Unidos. Los vuelos a la ISS aburren, a nadie le parecen interesantes, ni a los medios de comunicación, ni al público”, explicó Rocard en una entrevista.
Los expertos aseguran que son varios los motivos para explicar por qué cayeron las expectativas en el imaginario social. El principal es que ya no hay rivalidad entre superpotencias, y por eso desaparecieron las colosales cantidades de dinero destinadas a viajes habitados. Una vez que Estados Unidos estuvo primero en el podio, el interés del público decayó. Las tres últimas misiones de Apollo se suprimieron, dejando que Apollo 17, en diciembre de 1972, cerrara la época dorada de logros.
La carrera por la colonización espacial está planteada, aunque la velocidad haya sido muy diferente a aquella imaginada hace 40 años. Todavía queda un largo camino por recorrer, y por lo pronto las novelas de ciencia ficción siguen planteando utopías que a los ojos actuales parecen lejanas. La realidad es otra muy distinta. Hasta el momento nada pudo superar aquel histórico evento del 20 de julio
de 1969.
Mitos y respuestas sobre una llegada polémica
Por momento resplandece rojiza y grande en el horizonte, y en otros simplemente desaparece. Cualquiera sea su forma y color, para muchos, sin embargo, la Luna sigue estando demasiado lejos, imposible de alcanzar para el hombre. Quizá por eso, en los últimos cuarenta años, millones de personas se negaron a aceptar que el “gran paso para la humanidad” se haya dado alguna vez. Son la encarnación de lo que algunos académicos nombran como negacionismo, una corriente que persiste al paso del tiempo, incluso sostenida por algunos silencios y deslices de la NASA, la agencia espacial estadounidense.
El mito de la (no) llegada a la Luna surgió mientras se difundían en vivo las imágenes. Los incrédulos sostenían –y muchos aún lo siguen haciendo– que sin atmósfera una bandera no puede flamear, que las sombras que se veían en el video no podían ser generadas por el Sol, que no había estrellas en el cielo y que la nave que los transportaba se movía sin que haya fuego ni humo que den cuenta del funcionamiento de los motores. Para ellos, todo fue un montaje de la NASA realizado en el desierto de Arizona, filmado para apaciguar los fantasmas de la guerra de Vietnam y el creciente poderío soviético.
Las dudas persisten para muchos a cuatro décadas de la primera caminata lunar y es por eso que el astrónomo español Eugenio Fernández Aguilar publicó recientemente el libro La conspiración lunar ¡vaya timo!, en el que intenta destronar uno a uno los mitos negacionistas. Explica, por ejemplo, que no se veían estrellas en el cielo visto desde la Luna porque su luz es tan tenue en relación a “la claridad tremenda del día” que una cámara no llega a captarla. O que las sombras no se ven paralelas en el film –como debería serlo si la luz proviene sólo del Sol– por un efecto de percepción, y no por estar rodadas en un estudio con diferentes luces.
Pero las dudas persisten cuando se habla de la bandera que flamea, ya que los expertos tienen opiniones divergentes sobre el tema: para Fernández Aguilar también “vemos la fotografía de la bandera y creemos que ondea, pero no es así, en la parte superior había un travesaño horizontal para que la tela no cayera. Ya se sabe, es el orgullo americano”. Sin embargo, para Doug Millard, del Museo de Ciencias de Londres, “si la bandera es movida (por los astronautas) permanecerá moviéndose. No es necesario el viento”, dijo consultado por The Guardian.
Entre los jóvenes la sospecha surge en la pregunta sobre por qué la NASA no ha vuelto a la Luna en el transcurso de su existencia. Es que, en rigor, el astronauta Eugene Cernan, del Apollo 17, fue el último hombre en tocarla, en diciembre de 1972.
La popularidad de las teorías conspirativas había caído tras la llegada del hombre a Marte, aunque resucitaron en 2006, cuando la NASA reconoció que había perdido los 45 videos originales del alunizaje. El papelón le costó caro a la agencia, que tras años de investigación concluyó que las imágenes habrían sido borradas. Esta semana volvió a mostrar los videos remasterizados, basados en copias de esos videos.
Entre los que defienden la idea de la conspiración se encuentran Bill Kaysing, David Percy y Bart Sibrel, quienes dan conferencias y han escrito e investigado sobre el tema. Su visión, sin embargo, se basa en la teoría del “montaje”, según la cual se filmó el paseo espacial en un plató. El astrónomo español dice que la versión “viene de un documental, Operación Luna, dirigido por William Karel, en el que aparecían agentes de la CIA y ex empleados de la NASA reconociendo el montaje. No fue hasta que leí los títulos de crédito que me di cuenta de que el video era un divertimento, un juego”.
El día que la URSS perdió la carrera
La Unión Soviética, que había triunfado al enviar al espacio el primer Sputnik en 1957, y luego al primer hombre, Yuri Gagarin, en 1961, debió inclinarse ante su rival, Estados Unidos, cuando Neil Armstrong se convirtió hace 40 años en el primer hombre que pisó la Luna.
Minimizado durante años por las autoridades soviéticas en plena Guerra Fría, el fracaso lunar de la URSS reflejó su incapacidad para captar una etapa en la conquista del espacio mucho más compleja que la que permitió sus éxitos iniciales, señalan expertos, cuatro décadas después.
“El objetivo principal de los estadounidenses fue competir con los soviéticos en torno al programa lunar, la victoria en esta carrera fue sin duda un acontecimiento muy importante en la competencia entre los dos sistemas”, dice Igor Lissov, redactor de la revista rusa Noticias de Astronáutica. “Lamentablemente, subestimamos a los estadounidenses y empezamos demasiado tarde y con falta de personal”, precisa.
Los rusos se enfrentaban a problemas de gran calado, como un programa tecnológico demasiado poco ambicioso, una administración “barroca” de subcontratistas y, en particular, una “batalla de responsables que las autoridades políticas nunca moderaron”, afirma Jacques Blamont, asesor de la dirección del Centro Nacional de Estudios Espaciales francés (CNES).
Mientras los estadounidenses fueron capaces de diseñar “un programa que se mantenía en pie”, la URSS “no tenía una verdadera dirección estratégica nacional y terminó con dos concepciones rivales del programa lunar, una que preveía un aterrizaje y otra un simple viaje de circunvalación”, relata. Peor aun, este revés se agravó rápidamente con los sufridos por los llamados programas “globales” de la URSS, orientados a la exploración de Venus y Marte.
El programa marciano fue interrumpido tras una serie de fracasos, recuerda Blamont. El público soviético, adormecido por las hazañas de su héroe Gagarin y de otros cosmonautas convertidos en mitos, no se enteró de todo esto.
Konstantin Indukaev, director de investigación en un pequeño laboratorio de óptica de precisión, tenía 27 años en el momento de la conquista de la Luna y recuerda muy bien que, si bien no hubo censura, “la información era escasa” en la URSS sobre los pasos de Armstrong.
“Esa no fue noticia de primera, apareció en las páginas interiores de los periódicos”, dice. “Las personas que habían estudiado y se interesaban por el espacio comprendían muy bien que se trataba de un gran acontecimiento”, pero no la mayoría de la población, agrega.
Cuatro décadas después, aunque las cosas han cambiado y ahora los rusos cooperan con los estadounidenses a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), el futuro es incierto debido a la renuncia de Rusia a plegarse a las condiciones de Estados Unidos. “Uno tiene la impresión de que este período de cooperación se terminará con la ISS”.