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turismo

nota de tapa / invierno 2009

Dulces y salados

La riqueza hídrica del país no deja región librada al azar. De sur a norte, en costas y espejos de agua, hay especies y modalidades para todos los gustos. Durante todo el año, las fiestas y torneos honran alguna cuenca y mantienen activos a los pescadores y atentos a los aficionados.

Por Jorge Vaccaro /Ricardo Sarmiento

Tigre del rIo. El dorado tiene su propia fiesta, desde 1954, en Paso de la Patria. Viajero incansable, desde el río Paraná migra al Río de la Plata y en primavera se lo ve por el Uruguay. En otoño, regresa al Paraná. Puede pesar hasta 30 kilogramos y alcanzar 1,20 m de longitud

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Desde la costa o embarcado, por competencia o placer, en mar, ríos y lagunas, Argentina ofrece una cantidad inmensa de posibilidades ictícolas.

La región que abarcan las provincias de Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Santiago del Estero, Santa Fe y Entre Ríos es una de las más importantes del país para la pesca deportiva. Dominada por caudales míticos como los ríos Paraná, Uruguay, Bermejo, Pilcomayo, Iguazú, Dulce y Salado, entre otros, esas aguas guardan especies de más de veinte kilos, como el dorado y el surubí, más otras como la boga, el pacú y la corvina. Sus fiestas nacionales congregan multitudes y son un espectáculo tanto para los pescadores como para los que prefieren cenar el resultado. Un ejemplo de esto es el encuentro para fans del dorado que desde 1954 se realiza en agosto en Paso de la Patria, a 20 km de la ciudad de Corrientes. Más de cien mil pescadores concurren cada año y no sólo argentinos o de países limítrofes sino también de Canadá, Francia, Bélgica y Alemania. Todos fascinados por la brillante belleza del “tigre del río”.

La región noroeste, que abarca las provincias de Jujuy, Salta, La Rioja, Catamarca, Tucumán y parte de Santiago del Estero, también es una zona de ríos caudalosos (como el Bermejo, el Pilcomayo y el Juramento), pero el plus son los embalses y lagunas y los serpenteantes arroyos que bajan de la alta montaña. Lugares como Cabra Corral (Salta), Rodeo (Jujuy), Río Hondo (Santiago del Estero), El Jumeal (Catamarca), La Angostura (Tucumán) y El Portezuelo (La Rioja) son buenas alternativas para los que buscan pejerreyes, carpas, tarariras, bagres y las codiciadas truchas arco iris. Los mejores meses para esta zona abarcan de marzo a mayo y de agosto a noviembre. En los meses intermedios, el frío y las lluvias pueden complicar el disfrute.

Para los cuyanos, sus sitios de pesca son motivo de tanto orgullo como sus vinos. San Juan y Mendoza ofrecen ríos, arroyos, diques y lagunas con una gran riqueza ictícola en medio de un paisaje deslumbrante. Los mendocinos cursos del Atuel, el Diamante y el Tunuyán o embalses como El Nihuil o Los Reyunos son lugares que apasionan a los que buscan salmones de todo tamaño y truchas de todo tipo. Y los que buscan salmónidos saben que la mejor época para la pesca es de mayo a octubre. Por el lado de San Juan, los embalses de Valle Fértil y Ullum son ideales para la pesca de pejerrey y bagre amarillo. No obstante también hay varios cauces donde las truchas no se hacen desear.

En el centro del país destacan Córdoba y San Luis con su clima agradable y sus lugares de ensueño, donde las estrellas de la pesca son los embalses y la gran cantidad de ríos y arroyos. Ya sea en sus famosos ríos nominales (Segundo, Tercero, Cuarto, Quinto) o en sus espectaculares lagos naturales y artificiales (Mar Chiquita, Dique San Roque, Cruz del Eje, Los Molinos, Embalse Río Tercero), Córdoba es un destino obligado para los que buscan pejerreyes de buen porte, carpas, percas y truchas, entre otras variedades. Los arroyos del Valle de Calamuchita además son un buen destino para los que buscan truchas arco iris o salmón encerrado. San Luis no se queda atrás, y en lugares como Potrero de los Funes, San Felipe, Cruz de Piedra, Dique Chico, La Huertita, Luján, La Florida y El Volcán, entre otros, se consiguen muy buenos ejemplares de similares especies a las mencionadas, y en los cursos de Merlo y El Trapiche, ejemplares de menor tamaño pero no por eso menos disfrutables.

La zona pampeana no tendrá el ombú pero tiene buena pesca en dos ámbitos bien diferentes: los ríos y lagunas (donde la cuenca del Salado, el Delta del Paraná y el Río de la Plata son fundamentales) y la costa marítima que abre el juego en materia de especies y de aventura, si se elige embarcarse. En este último punto, las grandes ciudades costeras brindan buenas posibilidades, pero entre los sitios más destacados figura San Blas, donde se pueden capturar tiburones de más de 100 kilos. En toda la costa es habitual la obtención de corvinas rubia y negra (con piezas que pueden llegar a los 20 kilos), pejerrey, palometa y otras. Y mar adentro, pez limón, mero, salmón de mar, pez azul, brótola y róbalo. Para agendar: la Fiesta de la Corvina Rubia en Necochea, la Fiesta Nacional de la Brótola de Villa Gesell o las 24 Horas de la Corvina Negra en Tres Arroyos. En lo que respecta a ríos y arroyos, la zona pampeana es pródiga en bogas, bagres, pejerreyes y carpas, entre otras especies que también abundan en lagunas como la de Chascomús, Lobos, San Miguel del Monte, Guaminí, Blanca Grande y Las Encadenadas. En la zona serrana de Sierra de la Ventana, además, se pueden obtener buenos ejemplares de trucha.

Finalmente, la Patagonia, con su costa interminable al este, sus cursos de deshielo al oeste y una amplitud de territorio que subyuga a los pescadores. Mientras los ríos de montaña son ideales para la pesca de salmónidos, el litoral atlantico es de una riqueza excepcional, con especies como corvina, pejerrey, pescadilla, róbalo, falso salmón, merluza, chucho, congrio, anchoa y cazón. Y cuanto más al sur, más posibidades, entre las que sobresalen rayas y tiburones. (Para agendar: el torneo de pesca de tiburón en San Julián, Chubut.)

Neuquén se luce con lugares como el río Limay y lagos como el Aluminé, el Lacar y el Traful (ideales para la pesca de trucha marrón y arco iris, algunas de hasta 10 kilos). Río Negro tiene lo suyo con los lagos Mascardi, Moreno y Nahuel Huapi, por nombrar sólo algunos. Chubut ostenta lagos como el Futalaufquen y ríos como el que lleva el nombre de la provincia, en cuyo cauce inferior es posible obtener alguna que otra trucha plateada. En Santa Cruz, destacan como buenos pesqueros los lagos Argentino, Viedma, Buenos Aires y San Martín, con buenos ejemplares de salmones, truchas arco iris, percas y pejerreyes. Y en Tierra del Fuego, los ríos Lapataia, Pipo (bordeado por el famoso Tren del Fin del Mundo), Olivia y Turbio, más lagos como el bellísimo Escondido y el enorme Fagnano, que guardan buenos ejemplares de salmón, truchas fontinalis, marrón y arco iris.

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Pescar y devolver

En la pesca con mosca, uno está siempre aprendiendo. Si te dedicás a atar mosca vas a adquirir conocimientos de pelajes y plumajes de animales, pero también vas a saber más de la vida de los peces y empezás a mirar el río o el lago de otra manera. A diferencia de otros deportes, aquí es el mismo ambiente el que te educa, y si no te adaptás, este mismo ambiente te rechaza”, explica Capovía del Cet, instructor certificado de pesca con mosca desde hace más de 17 años y miembro de la Asociación Argentina de Pesca con Mosca (AAPM). La pesca con mosca o fly fishing es una de las prácticas más puras y desafiantes, en la que se enfrentan peces y hombres. Requiere de una gran habilidad y conocimiento, y por eso se la considera un “arte” o pesca “intelectual”. Mientras que en la pesca tradicional se lanza un peso, la técnica general de la pesca con mosca es proyectar el señuelo (que imita a ninfas o insectos) con un movimiento de la caña, que es transmitido al sedal o línea.

Las primeras menciones de la pesca con mosca se remontarían a 2.000 años a.C., durante el período de la dinastía Shang, en donde se menciona el uso de moscas artificiales para capturar peces. Sin embargo, se tiene universalmente aceptado que los orígenes se sitúan en Macedonia, en el siglo II a.C.

A diferencia de otras modalidades de pesca, en ésta rige la devolución de la presa capturada (catch and release). Incluso, en muchos lugares de Argentina imperan restricciones de cantidades y prohibición de matar. Para ello, es necesario tener conocimiento de cada reglamento provincial. Hay cuatro variedades de truchas (arco iris, marrón, de arroyo y de lago); dos de salmón (del Atlántico y del Pacífico); y otras especies como el dorado, que son presas fáciles para la pesca con mosca. Tampoco deben dejar de mencionarse las provincias de Río Negro, Chubut, Neuquén, Mendoza, San Juan, Catamarca, Córdoba y las del Norte y el Litoral argentino cuando se traza el mapa del deporte en nuestro país.

La cantidad de material e información disponible sobre este deporte es inmensa. Revistas especializadas, instructores profesionales, sitios de Internet. “Lo ideal es ponerse en manos de un amigo que sepa del tema y si se tiene la posibilidad económica, contratar a un instructor”, destaca Capovía del Cet. Si bien las calidades y precios de los equipos varían, para comenzar se recomienda uno de término medio, que puede costar entre $ 1.500 y $ 2 mil. Las cañas, que son flexibles y ligeras, se eligen en función del peso de la línea empleada. Las longitudes más adecuadas son entre los siete y once pies y, por su velocidad de respuesta, se clasifican en lenta, media y rápida. La línea, de seda o sintética, es la parte fundamental y se trata de un sedal con características especiales de grosor y peso. Existen líneas flotantes para pescar con mosca seca y líneas sumergibles a distintas profundidades.

Las moscas son el señuelo artificial que pueden imitar a una mosca o a cualquier otro alimento que coma el pez, como insectos, crustáceos o pececillos. Livianas, se fabrican manualmente con materiales como hilo, plumas o sintéticos. Finalmente, están los carretes o reels que sirven para almacenar la línea. En algunos casos, se puede utilizar un vadeador, una prenda de material impermeable, que cubre los pies hasta el pecho y que permite al pescador introducirse en el agua sin mojarse. Son de PVC, neopreno u otro material.

El que mejor resumió el concepto y la vivencia de este deporte fue, sin duda, el estadounidense Mel Krieger, luego de haber visitado la Patagonia, en los años 60: “No se requiere ningún talento especial para convertirse en un buen pescador. Es como aprender a andar en bicicleta, cualquiera puede hacerlo. No importa cuánto pescaste, sino disfrutar del momento previo”.

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Sábado 18 de julio de 2009
Año III Nº 0383
Buenos Aires, Argentina