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Casa con mujer desnuda

Un viejo chalet de 500 m2 hecho a nuevo, con pileta en el jardín y cierto aire enigmático en los ambientes. Paredes que oyen, cuadros que hablan y una honda sintonía entre moradores y cosas.

Por Lulo Luna

Clasicismo Top. La mesa del living es de Ricardo Paz; la alfombra, de Dantiacq; los sillones en beige, de Eames Lounge. Mesa de comedor, junto a un cuadro de Jacques Bedel y bajo una araña heredada. La luz es protagonista central: siempre está.

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Si es correcto que a los barrios de Belgrano R y Colegiales los separa la Avenida de los Incas –al modo de cierto mítico jardín de senderos que se bifurcan–, es un hecho que residir en esos lares constituye uno de los abundantes prodigios que ofrece nuestra misteriosa Buenos Aires. Así las cosas, hay allí una casa de los años 50 –original del arquitecto Arturo Duburg– que sus actuales propietarios adquirieron a mediados de la década del 90 y es tan clásica como a la vez “extraña”, diría Julio Cortázar. ¿Qué alcances tiene semejante apreciación, aparentemente arbitraria e incluso insensata? Bastará con ver –en las siguientes páginas– uno de los varios cuadros que cuelgan de sus paredes, especialmente el de ese sujeto que fuma junto a una mujer desnuda y echada boca arriba sobre una ¿mesa? Pero no nos adelantemos, que antes hay mucho más.

Una gran reforma dio vuelta toda la casa. Donde estaba el living se instaló la cocina, y ésta más el office y un jardín de invierno se convirtieron en el living. Se agrandó el comedor y los cuartos cambiaron. En el tradicional jardín de chalet se colocó una pileta natatoria con decks y explanadas para mesa y reposeras. Todo, decoración incluida, por obra y gracia de los arquitectos Ximena Fontán Balestra y Rafael Cash (h). Son 500 metros cuadrados y el nuevo jardín –sin bifurcaciones– estuvo a cargo de Fina O’Farrell.

Sus propios dueños admiten que “la elección fue un puro misterio”, recalcando esto, porque la vieja casa no cumplía con sus expectativas, ni el barrio era el deseado. Sin embargo, no pudieron resistirse a comprarla. “Algo” los forzó, incluso, a no decidirse a remozarla hasta dos años después. Como si tuviese sobre ellos alguna “influencia” –tipo la mansión de Ceremonia secreta, de Marco Denevi– de imposible desobediencia. Suele ocurrir. Y a veces, no para mal de nadie sino por el bien de todos. Este sería el caso.

De manera que ahí está la familia, chocha y unida, respirando dentro de los pulmones de ese elocuente hábitat, usando todos y cada uno de sus diversos ambientes, dando y dándose ágapes domésticos y/o muy especiales, recibiendo a no pocos invitados y disfrutando puntualmente del jardín con pileta, máxime en verano. Además, la mezcla de muebles y de objetos clásicos y antiguos le da a tan moderna reestructuración un toque british que le queda muy bien. Y así el chalet vive y deja vivir, en una coexistencia diaria que Merlín –mago celta y protector del rey Arturo– denominó “la sabia comunión de las cosas con los simples mortales”.

Textos: Lulo Luna

Informe: Milagros Firpo

Fotos: Héctor Grassi

Agradecimientos: Rafael Cash (h) y Ximena Fontán Balestra, estudiocfb@fibertel.com.ar

Edición Impresa

Sábado 11 de Julio de 2009
Año III Nº 0381
Buenos Aires, Argentina