
Juan Mónaco perdió ante Tomas Berdych por 6-4, 2-6, 2-6, 6-3 y 6-2: estuvo cerca del golpe, pero su traspié se calculaba. Y Juan Martín del Potro superó a Ivo Minar por 6-1, 6-3 y 6-3: con solidez, cumplió con lo que se esperaba de él. El primer día terminó y todo está abierto, pero lo mejor es que, ahora, cualquier cosa puede pasar.
Uno abajo. En la previa, una derrota de Mónaco estaba entre los planes: por la calidad del rival y por la superficie. Pero una vez que transcurrieron las tres horas y media del partido la sensación fue que a Pico la victoria se le escapó. Y en realidad no se trató sólo de una impresión. Porque el argentino logró superar varios escollos particulares: se adaptó bien a la cancha, jugó el tenis que tenía que jugar y por momentos dominó a Berdych. Si quedó a un paso de transformar todo eso en algo concreto fue porque el checo arriesgó más –y mejor– en el quinto set.
El tandilense reúne todos los argumentos que debe tener un jugador copero. Incluso, en este sentido suma más virtudes que Juan Martín del Potro y David Nalbandian. Mónaco tiene una entrega admirable, hace de la lucha y la entrega su bandera y jamás se borra. Es enérgico, exterioriza sus ganas y –se nota– no tiene falsa modestia cuando dice que le encanta jugar para Argentina.
¿Qué lo diferencia de las dos estrellas? Que los supera en carisma. En talento, claro, está un escalón más abajo.
En el Cez Arena, el número 62 del ranking vio de entrada cómo sería el juego de Berdych, que recurrió a los puntos cortos y a la potencia de su saque. Dueño de muchas variantes con su servicio, el número 20 del ranking mundial utilizó esa diferencia para llevarse el primer set.
En el segundo y el tercero, el argentino aprovechó la ciclotimia de Berdych, que mutó en una máquina de cometer errores. De hecho, cometió 14 errores no forzados en el segundo parcial y 20 en el tercero, y hizo apenas dos winners entre las dos mangas.
Además, Mónaco no le dio chances de quiebre e hizo de la distracción del adversario un fuerte suyo: logró dos breaks en cada set para imponerse por 6-2 y 6-2, respectivamente.
Entonces pasó: aquel análisis de la previa se convirtió en la impresión de que el batacazo podía darse. Pero Berdych le quebró el servicio en el cuarto game, llevó el partido a la definición en un quinto set (Mónaco tuvo que ser atendido por una molestia en el tobillo) y ahí arriesgó: su premio fue el triunfo.
El de ayer fue apenas el cuarto partido de Pico en Copa Davis: perdió el quinto punto de la serie que ya estaba perdida ante Bielorrusia, en 2004, ganó el quinto punto cuando la serie ante Suecia, en 2008, ya estaba definida, y se impuso en el segundo partido de la serie ante Holanda, esta temporada.
Juan tiene una dificultad: todavía le cuestan las definiciones. Se le dificulta cerrar puntos clave, liquidar chances de break: juntar todo eso y enfocarlo en pos de su juego. Es impresión, pero también realidad: le resta armar ese combo para afianzarse. Ayer quedó a un paso de varias cosas: de dejar a Argentina en ventaja, de lograr su mejor victoria en la Copa Davis y, por qué no, quedó ahí nomás de su consolidación como jugador copero.
Empate. Consolidado como el número cinco del mundo, Del Potro tomó la posta de este equipo con su estilo: tiene perfil bajo, pero consigue triunfos altos; dice que no es el líder de Argentina, pero es el que gana en las difíciles; podría confundirse por conseguir todo eso a los 20 años, pero es tan maduro que empuja la responsabilidad hacia los checos: “Ellos deben estar preocupado por el nivel que mostramos”, aseguró ayer.
Es como si Del Potro mintiera. Su triunfo de ayer pareció fácil, pero fue difícil: le cambiaron al rival sobre la marcha (iba a medirse con Stepanek) y pasó de enfrentar a un peso pesado a chocar con alguien que no tenía nada por perder.
Seguro de su capacidad y convencido de su progreso, el tandilense se quedó con el primer set en 20 minutos: aprovechó dos de los tres break points que tuvo y ratificó que la obligación de quedarse con el triunfo ya no es una presión para él. Pensar en vencerlo, y en cómo, desde hace un tiempo es trabajo de quien lo enfrente.
Minar, 64 del ranking, era un desconocido para Juan Martín, que no registraba enfrentamientos ante el checo. Otros dos quiebres le permitieron quedarse con el segundo parcial. Después, confirmó que no iba a relajarse: perdió una vez su saque, pero liquidó el tercero y, con el encuentro concluido, exteriorizó sus ganas de participar del dobles.
Por todo esto, Argentina está ilesa.