
La norma consta apenas de cuatro escalofriantes artículos, el primero de los cuales indica que “todos los fallecidos cuya causa del deceso se origine o sea consecuencia del virus de la influenza tipo A (H1N1) ingresarán con destino al crematorio donde deberán ser inmediatamente cremados”. La medida es compulsiva y no tiene en cuenta posibles objeciones de índole religiosa o de conciencia a la hora de llevarla a cabo. En el artículo tres se agrega que el personal del crematorio debe proceder “a cajón cerrado”. En el cuarto, se indica que se debe proceder a la publicación en el Boletín Oficial, algo aún no verificado, y comunicarse “a la Dirección de Planificación y Registro, todas las Direcciones de los cementerios de Flores, Recoleta, Chacarita, al Crematorio de la Ciudad de Buenos Aires, Sistemas y a todas las Cámaras de sepelios correspondientes”. Según la recorrida que hizo este diario, las cremaciones sólo se efectúan en la Chacarita (ver recuadro).
—¿La norma ya está en funcionamiento? –preguntó PERFIL a Pan el jueves.
—Sí, la firmamos hace dos o tres días (N. de la R.: fue el 6 de julio). Básicamente, la intención es hacer lo que se debe hacer ante toda infección en el contexto de una epidemia. Pero son muy pocos los casos de cremados por esta medida desde entonces, tres o cuatro.
—¿Lo consultaron con otras áreas del Gobierno de la Ciudad?
—Lo consultamos con el Ministerio de Salud, y nos dijeron que el virus puede sobrevivir hasta 24 horas después del fallecimiento. Pero le pido que no busque conflictos porque no existen. Nosotros nos basamos en una norma preexistente para los casos de epidemia; si quiere, mañana lo llamo y le cuento cuál es.
Pan no llamó, pero la referencia es la ordenanza 27.590, del 10 de abril de 1973, cuyo artículo 46 menciona el carácter obligatorio de la cremación para “los fallecidos por enfermedades pestilenciales o como consecuencia de grandes epidemias declaradas por la Subsecretaría de Estado de Salud Pública de la Nación”.
Razones. ¿Tiene sentido la norma? Para los expertos es un “disparate”. Así la calificó, sin ir más lejos, José Antonio Pagés, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en la Argentina. En un breve diálogo con este diario, se manifestó primero incrédulo respecto de que algo así pueda suceder con los conocimientos de virología y enfermedades que dispone hoy la humanidad. “¿Está usted seguro? No puede ser –elevó el tono de voz, irritado–. No es lo recomendado, no es lo correcto y va en contra de todo lo sugerido por la OPS. ¿Quién dispuso esto? ¿Lo saben las autoridades de Salud? Es algo que no tiene el más mínimo fundamento. Es una pena que algo así suceda”, agregó. Pagés señaló que espera que la medida se corrija lo antes posible.
Jorge San Juan, jefe de Terapia Intensiva del Hospital Muñiz y miembro del comité de crisis, tampoco ve razones científicas para las cremaciones. PERFIL se comunicó en varias oportunidades con él. En la primera, desconocía la existencia de la medida. “No tiene ninguna razón de ser, científicamente no tiene validez, voy a aconsejar que se elimine”, dijo.
—Aparentemente se basa en una ordenanza de 1973.
—Pero pasó mucho tiempo. Lo de “pestilencial” es algo antiguo que remite a la peste de fiebre amarilla de 1910 y seguramente ahora se remozó sin más análisis. Cremar es una barbaridad.
Luego, el especialista pidió volver a ser llamado más tarde porque quería interiorizarse en el tema. En el nuevo contacto, San Juan ya había hablado con las autoridades de Salud del Gobierno porteño. “Es cierto, la ordenanza está vigente”, pareció lamentarse. Y agregó que el asunto se iba a tratar a nivel ministerial a última hora de ayer, pero la intención era que la disposición siga vigente.
“Me parece que administrativamente no es fácil derogarla o hacerla más elástica. Y en los cuatro casos en los que la norma ya se implementó, los familiares no pusieron objeciones”, indicó San Juan. Y volvió a reconocer que es una medida sin sentido científico. “Sí es necesario velar a cajón cerrado”, porque el virus aún puede contagiar (ver recuadro), aclaró.
Por su parte, Mario Masana Wilson, director de epidemiología de la provincia de Buenos Aires, dijo que la medida de la cremación no fue evaluada por ahora para su jurisdicción, pero a diferencia de algunos colegas médicos no se mostró escandalizado por lo que hace la Ciudad. “Por el plan de contingencia, está establecido que se debe utilizar doble bolsa y velar a cajón cerrado. Nosotros estamos dentro de los parámetros y por ahora no pensamos en cremar”, explicó ayer a este diario.
Quejas. Como la disposición tiene vigencia natural sobre la Ciudad de Buenos Aires, y no sobre todo el país, una vez más se vuelve a demostrar la falta de coordinación entre las distintas jurisdicciones a la hora de combatir la epidemia, a pesar del anuncio del ministro de Salud de la Nación Juan Manzur esta misma semana y al resurgimiento del Comité Federal de Salud, como órgano de referencia.
En ese sentido, las casas de sepelios que operan más allá de la General Paz, empezaron a quejarse. Como la de Silvia Cáceres, que integra la Cámara de Empresas de Servicios Fúnebres de La Matanza. Para ella, la medida puede ser efectiva y ve cierta discriminación por las diferentes normativas para la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. “Nosotros estamos desprotegidos; tanto los familiares como quienes trabajamos con los cuerpos”, señaló y agregó que existe temor entre los trabajadores del rubro.
“Usamos guantes, barbijos, gel y todo lo indicado pero los ambulancistas tocan volantes, abren ataúdes y manipulan los cuerpos y tenemos miedo. Queremos que también nos protejan a nosotros tanto como a los médicos”, pidió.
En la Chacarita acatan la medida
Ayer por la mañana, PERFIL se acercó hasta el cementerio de la Chacarita, donde funciona el único crematorio de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, fuentes del lugar confirmaron a este diario que estaban trabajando al amparo de la resolución 27.590, que en su artículo 46 establece la obligatoriedad de cremación de aquellos “cadáveres de personas fallecidas de enfermedades pestilenciales o como consecuencia de grandes epidemias”, que data de 1973. Y que la Dirección General de Cementerios de la Ciudad reflotó con una disposición del 6 de julio. A raíz de la pandemia de gripe A, en ese cementerio ya fueron cremadas al menos tres víctimas de la influenza A (H1N1).
Según informaron en la Chacarita, este recordatorio de la resolución sancionada en 1973 exige que se tomen medidas preventivas y de higiene ante una epidemia y es por ello que los cuerpos son cremados con el ataúd cerrado.
El lugar, en el que habitualmente se realizan 40 cremaciones diarias, dispone de 12 bocas crematorias y 25 operadores de horno. Por lo que pudo registrar este diario, el personal a cargo del lugar no realiza su trabajo en un clima de miedo o pánico; según ellos mismos comentaron, trabajan siguiendo las normativas vigentes para estos casos, entre ellas la no manipulación de los cuerpos de las personas que fueron víctimas de la enfermedad.
Por otra parte, desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño afirmaron que en los cementerios de Flores y Recoleta no se realizan cremaciones.
Desmentida de última hora
Al cierre de esta edición, el Gobierno porteño salió a negar esta investigación de PERFIL.
El ministro de Espacios Públicos, Juan Pablo Piccardo, señaló que “se evaluó esa situación (de la cremación) porque hubo una disposición o acto administrativo que hizo mención a esa posibilidad pero quedó anulada al verificar con las autoridades sanitarias que no era necesario ponerla en marcha”.
La medida está en funcionamiento según media docena de fuentes que consultó este diario.
Por su parte, Carlos Galligani, director general de prensa del Gobierno de Macri, dijo: “El Gobierno de la Ciudad desmiente esta versión. Los cementerios que dependen de él no realizan la cremación de cadáveres que no sea a solicitud de los deudos. Oficialmente no se está aplicando. La ordenanza es para el caso de una epidemia y esto es una pandemia”.