
Pero detrás del llamado se esconde también la intención de la Presidenta de asumir de una vez la gestión real, quedando como la única cara visible de la toma de decisiones en la Casa Rosada.
Hasta ahora, el gobierno de CFK estuvo eclipsado por el rol protagónico (y arrollador) de Néstor Kirchner. Sin embargo, el matrimonio presidencial , interpretando el castigo de las urnas –responsabilidad en gran medida del pingüino– , se dispone a separar funciones.
Ella se ocupará full time de consensuar políticas de Estado con la oposición, el campo y la industria. Y Kirchner se refugiará en la reconstrucción del espacio político que le garantice llegar sin sobresaltos a 2011.
Reinventarse. Las primeras señales del diálogo llegaron ayer mismo. En el gabinete salieron a mostrar disposición a hacer las reformas que reclama la oposición, como por ejemplo la normalización del INDEC y un acuerdo con el campo. La resignación de los superpoderes es otra de las asignaturas que el Poder Ejecutivo estaría en condiciones de discutir con los partidos políticos no oficialistas. Dicen que la propia Presidenta envió cartas convocando al diálogo a los presidentes de bloques opositores del Congreso, y que Florencio Randazzo, el ministro del Interior, se encargó de hablar con algunos referentes del arco opositor.
Fue Randazzo quien le envió señales al vicepresidente Julio Cobos, hasta ahora enemigo público número uno de la Rosada. “Por supuesto, cómo no se va a hablar, es el vicepresidente de la Nación”, confirmó Randazzo. El vice no se quedó atrás y le marcó la cancha a la Presidenta: “La mejor muestra para concretar esta convocatoria sería la de convenir con todas las fuerzas políticas en forma inmediata la agenda legislativa tendiente a recuperar la confianza y la previsibilidad que Argentina necesita en lo institucional y en lo económico”.
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, aprovechó la convocatoria de Cristina para reclamarle formalmente una audiencia. Macri reclamó que la agenda a discutir sea lo más amplia posible y que incluya, entre otros temas, “transporte, seguridad, salud y educación”. La salida de Moreno es otra señal que se espera de la Presidenta a dos semanas de la derrota electoral.
Contradicciones. Está claro que la motivación del Gobierno es la necesidad política, por lo que ni entre los propios oficialistas queda del todo claro si esta vez el diálogo irá en serio.
Sobre todo porque, desde que asumió Cristina, ya hizo otros llamados a consensuar con la oposición. Pero ninguna de esas convocatorias se materializó en una mesa de debate. Llamó al diálogo el 21 de junio del año pasado. Fue tras conocer que el campo levantaba la medida de fuerza que paralizaba al país. Y en las vísperas de que el Congreso comenzara a tratar las retenciones móviles. Otra señal hacia el diálogo fue la participación de Cristina en una reunión con la Mesa de Enlace, en marzo de este año, para destrabar el conflicto. Sólo la campaña logró correr de la escena el debate del campo. También llamó al diálogo en los dos discursos de apertura de sesiones ante la Asamblea Legislativa.
Sin embargo, esta nueva convocatoria se da tras una primera reacción frente a la derrota que no fue “dialoguista”. En la primera conferencia post 28 de junio Cristina Fernández reivindicó la visión de Néstor Kirchner sobre una derrota en las urnas “por poco margen de diferencia”.
El cambio de Gabinete que se hizo público el miércoles a primera vista parecía la ratificación de un rumbo definido por Néstor. La señal más evidente: Aníbal Fernández, un hombre que se reivindica ultrakirchnerista, fue ascendido a jefe de Gabinete. Pero otras voces creen que se conjuga en esa modificación la visión de Kirchner con la ausencia de figuras que se quieran inmolar en la etapa final del Gobierno K.