
El que algunos consideraron un niño prodigio asciende ahora en su cuidada carrera, desde un esforzado plan de estudio y crecimiento. De visita por Buenos Aires, Horacio Lavandera cumplió con la prometida agenda anunciada por la nueva administración del Teatro Colón y ofreció este último jueves un concierto en el CETC (ver recuadro) dedicado a la música de Karlheinz Stockhausen. Haciendo gala de versatilidad, se presentará nuevamente el sábado próximo en el Ciclo de Conciertos Pilar Golf, interpretando música de Mozart, Beethoven, Schubert, Strauss y Bizet. Entre uno y otro concierto, el joven talento aceptó dialogar con PERFIL sobre su carrera, sus posturas estéticas y sus ideas sobre la cultura.
Barroco, de los nuestros. “Nunca me sentí niño prodigio”, aclara sin vueltas, “sino un intérprete responsable de cada nota que iba a interpretar. La madurez creo que llega en el momento de entender esta profesión como una responsabilidad donde el conocimiento no se termina nunca y eso es lo que hace muy feliz a un artista.”
Horacio Lavandera, estudia e interpreta música compuesta entre el barroco y nuestros días. Esto es, para algunos, una cosa descabellada, pero él explica con asombrosa claridad su aparente falta de elecciones, que se resume en ser un mejor pianista: “Opino que cerrarse a mi edad es muy complejo. Ahora es el momento para adquirir todos los conocimientos que pueda. Estoy interesado tanto en William Byrd como en Harrison Birtwistle. Ahora mismo estoy estudiando con el maestro Mario Videla todos los tratados, CPE Bach, Quantz, Turk. Estoy informándome de las prácticas de música antigua. No descarto hoy por hoy llegar a tocar el clave, clavicordio u órgano. Además estoy estudiando dirección orquestal con Jorge Rotter en Salzburgo y composición con el maestro Alberto Posadas, investigador del IRCAM (Instituto de Investigación y Coordinación Acústico y Musical, en París). Todo este estudio es imprescindible para mi interpretación pianística”.
Y es en base a su experiencia que sugiere al público acercarse a la música contemporánea desde una cosmovisión histórica del arte de la composición. “Para acercarse a la música de hoy, la gente debería escuchar todo tipo de estilos, y pensar que los compositores contemporáneos no escriben porque sí, sino que tienen una razón espiritual como Mozart o Beethoven para crear nuevas formas. Y también les recomendaría escuchar con cultura: aprender sobre los compositores, su historia, para comprender, por ejemplo, que Boulez fue alumno de Messiaen, quien era, a su vez, un admirador y estudioso de Webern y Debussy. Debussy fue un gran estudioso de Wagner, al cual le debe muchísimo aunque luego lo criticara. Wagner era un gran estudioso de Beethoven, y Beethoven de Bach. Así es como Boulez y todos los investigadores de IRCAM no nacen solos, sino que hay mucha historia en cada uno”.
Con la perspectiva que da la distancia y el tiempo fuera de nuestro país tiene sus ideas sobre la realidad de la música y los músicos argentinos en el exterior. Reflexiona al respecto, pleno de un idealismo propio de su edad (idealismo que se mezcla con cierta inocencia en sus declaraciones sobre políticas culturales), y plantea que “lejos de la Argentina no se sabe mucho de nuestro arte musical. Es muy poca la propaganda, y creo que es hora de tratar de comenzar una industria nacional de la música. Hay muchos músicos, y muy buenos, y hace falta que se reconozcan adentro y fuera del país”. También se refiere a los espacios para conciertos, y tangencialmente al Colón cerrado “siento que es tiempo de repensar la cultura en un país tan rico como el nuestro. Hay mucho interés, pero faltan espacios. El Colón es una referencia muy importante. Pero también hacen falta muchos auditorios y teatros en todo el país, y que estén funcionando permanentemente con actividad a pleno, de Ushuaia a la Quiaca”.
El joven pianista declara, sin dudar, que su opinión sobre Barenboim, su posición pacifista y reconciliadora y su mediática carrera es “la mejor”, reconociéndolo como su ejemplo. “Es el músico intérprete que más admiro en la actualidad y con quien sueño poder hacer un concierto juntos”. Preparémonos, de a poco, para ese festín, que llegará, sin dudas.
Para un público despierto
Horacio Lavandera se presentó, el último jueves, en el Teatro del Globo, abriendo la temporada del Centro de Experimentación del Teatro Colón, con un concierto dedicado al alemán Karlheinz Stockhausen. Este repertorio no suele hacerse en Buenos Aires, en parte porque hay escaso apoyo para estas manifestaciones, pero esto es consecuencia de que hay pocos músicos sólidamente comprometidos con repertorios exigentes. Interpretar composiciones contemporáneas implica no sólo tener una buena técnica (la de Lavandera es impecable, lo que le permite presentar estos discursos con la máxima elocuencia y sutileza) sino además encarar nuevas búsquedas en las que el rol del músico suele ir mucho más allá de lo acostumbrado en los repertorios tradicionales. Sería ideal contar con más recitales de este tipo, para crear un público formado, criterioso y amplio respecto a las expresiones del presente. Fue sorprendente ver la convocatoria que tuvo este concierto, como así también la entusiasta respuesta del público frente a un repertorio que ni conoce ni frecuenta. Lo único objetable es que el programa de mano no tuviera notas que ayudaran a los novatos a contextualizar o caracterizar el repertorio.
Lavandera hizo un recorrido por diferentes estilos de la obra de Stockhausen, a lo largo de los últimos cincuenta años de vida del músico (muerto hace un año y medio). Podríamos conformarnos con admirar sus proezas rítmicas, o la delicadeza de sus articulaciones, pero destacamos la intensidad y tensión de sus silencios. Sístole y diástole de un instrumento y un músico plenos de vida.