
Pero la cuestión tiene un comienzo: en 1967, Jacques Derrida publica De la gramatología y ya plantea dos figuras conceptuales a pensar: el ingeniero y el bricoleur. El primero era quien construía, quien edificaba; el segundo, quien reconstituía, resignificaba, a partir de elementos de otros; si se quiere, tomando de los cimientos del edificio conceptual que el ingeniero diseñaba. Ambas estrategias simbolizaban dos modos de entender el sentido y, subsiguientemente, Fernández Porta piensa a modo de un bricoleur: un pensador que se encuentra en sintonía con las líneas de fuga, “un hijo” de Deleuze. El pensamiento de Fernández Porta emerge a través de la categoría de diferencia. La repetición creadora es diferencia en la repetición. Y el creador de hoy –el DJ como figura paradigmática– es un diferenciador desde lo repetitivo. El propio Fernández Porta lo señala: “Esto se relaciona con la idea del bricolage. Me encanta la idea de reciclar metafóricamente géneros, formas y modos ficcionales de manera que reaparezcan de una manera nueva o estimulante”.
A grandes rasgos, Homo Sampler tiene tres esferas claramente definidas –que son las tres partes del libro– a nivel conceptual: 1) lo Ur-pop; 2) el Real Time sampleado; 3) el Trash deluxe. Las tres categorías que dispara nuestro ensayista –originales y evasivas– están alambicadas por una constatación evidente: la desaparición de toda frontera entre la “alta cultura” y la “cultura de masas”. Fernández Porta piensa con, y a partir de bandas como Pulp o Godspeed You! Black Emperor, de la misma manera que de pensadores como Paul Virilio o Fredric Jameson. Ontológicamente hablando, la clave de estas tres categorías pasan por un horizonte común: la evidencia de la muerte de la idea de “original” en el arte. En este sentido, ya partimos de un “origen” u “original” contaminado, producido, fake; y de un tiempo real prefabricado. El más allá del pop –afterpop– que aparece en el subtítulo del libro, refiere, básicamente, a un quiebre de toda posible remisión a un original; ergo, la división original/copia pierde su estatuto y todo deviene “copia” desde el “origen”. De la misma manera que Andy Warhol producía sus obras en serie –desde un estudio llamado consecuentemente The Factory–, cual productos de consumo, las obras del afterpop ya no remiten a ninguna instancia “real” u original. En este sentido es que la lógica del DJ, del sampleo, de la cita, tiene el core de la respuesta. Así lo plantea Fernández Porta: “El hombre del campo ha sido sustituido por el Homo Sampler. ¿Qué entendemos por ‘samplear’? Las definiciones al uso suelen referirse a “tomar materiales ajenos” y “usar de cosas que no son propias”. Estas acepciones reducen el carácter creativo y autónomo del sampleador, convirtiéndolo en un caja de resonancia de voces o tendencias ajenas. Pero si el sampleador menciona otras voces (…) no es porque se “apropie” sino porque vive en su momento, sale de casa, es sensible a los signos y formas del paisaje mediático (…) La diferencia entre samplear y plagiar es bien clara, y la resistencia a reconocer la originalidad del sampleador es un prejuicio premoderno: si no fuera legítimo usar y recombinar los elementos del mediascape, entonces, sólo nos quedaría el paisaje anterior (…) Lo que el sampleador hace suyo no es un fragmento ajeno, sino un instante que le había sido robado”. Entonces, si samplear se diferencia conceptualmente de plagiar es porque partimos –de facto– de un espacio u horizonte de información, donde los medios son los dadores de los materiales. La “naturaleza” es informacional. Ergo: samplear es la operación a través de la cual se le da forma a ese material y se lo resignifica. El plagio es la apropiación acrítica, el sampleo pone en funcionamiento también una esfera de temporalidad, una nueva cadena de sentido.
Eloy Fernández Porta ha escrito un brillante ensayo sobre estética contemporánea. En este aspecto, Homo Sampler es un libro que tiene interlocutores claros: se cimenta sobre la ontología de Crítica de la información de Scott Lash y entabla diálogos cruzados –de manera implícita– con Personas en Loop de Diedrich Diederichsen y Rhythm Science de DJ Spooky. Un libro que también nos provee de ejemplos contundentes en lo referente a los diferentes ámbitos estéticos: en literatura, los casos de Neal Stephenson, Don Delillo, Bruce Sterling o los recientes Junot Díaz y Jeff Noon; en música, The Avalanches, DJ Shadow o Moby; en cine, Quentin Tarantino o Jonathan Caouette. Artistas que parten de un origen formado en la sustancia de la información y que hacen con ella una resignificación inédita.
En tiempos en los que el marketing y la estética tienen límites difusos, alternos o eventualmente equivalentes, un libro como Homo Sampler cumple un rol más que significativo en el análisis de un campo cultural donde el esnobismo, el coolhunting y la habilidad para posicionarse tienen tanta relevancia como la materialidad de la obra. El consumo en la era afterpop ya no es tan inocente ni pasivo. Podría, puede, ser subversivo y potencialmente crítico. En una época donde la información es la “nueva naturaleza”, toda crítica sólo puede ser crítica de la información. La lógica de Eloy Fernández Porta se consuma en ese proyecto.