
Después de 20 años de trabajo, el equipo de investigadores que lidera Alan Carpentier en el Hospital Georges Pompidou de París, donde Chachques es director de investigaciones cardiológicas, desarrolló un corazón artificial gracias a la unión de los científicos con el grupo Europeo de Defensa Aeronáutica y el Espacio (EADS, por sus siglas en inglés), fabricantes del famoso Airbus. ¿El resultado? Un órgano que al estar recubierto con tejido biológico (pericardio bovino) no produce coágulos y entonces disminuye el riesgo de embolias y que, además, posee la capacidad de adaptarse a las necesidades del paciente, gracias a los sensores y el software que lleva en su interior y regulan la presión y el flujo sanguíneo (ver gráfico).
De avanzada. “No es un tejido sintético sino un tejido biológico. La caparazón del corazón está hecha con materiales de la industria aeronáutica porque, por suerte, no sólo se ocupa de hacer aviones o de participar en proyectos de destrucción como es una guerra, sino que además se ocupa de la vida”, recalcó Chachques. Y contó que ya probaron el nuevo órgano en terneros y se solicitó la autorización para utilizarlo en una persona con muerte cerebral y que su familia acepte donar el cuerpo a la ciencia. Estima que podrá aplicarse en seres humanos en unos dos años.
“Hasta ahora existían pequeñas bombas de asistencia mecánica circulatoria, que se colocan hasta que el corazón mejore o bien hasta que llegue el donante para reemplazar al órgano enfermo. Pero hay pacientes que requieren terapias definitivas, que no son candidatos a un trasplante por diversos motivos. Para esos casos, se necesita una máquina completamente implantable y que tenga cuatro cámaras como el corazón real”, señaló el cardiólogo. De eso se trata el Carmat, como bautizaron al novedoso aparato, que está indicado para pacientes con insuficiencia cardíaca terminal.
Encaminados. Chachques aseguró que ya lograron sortear grandes problemas como la cuestión de la fuente de energía para mantener al aparato en funcionamiento, la minimización del ruido para no perturbar la calidad de vida del paciente y su familia y la eliminación del calor que genera la máquina. Pero todavía les queda por resolver la cuestión del tamaño: hoy sólo se le podría colocar a una persona de más de 1,90 metros de altura y contextura grande. Pesa 900 gramos, el doble que el corazón humano.
Aunque Chachques asegura no conocer los números relacionados con el flamante órgano artificial, un artículo publicado en la revista BusinessWeek en octubre de 2008, asegura que el costo será un poco menor al de un trasplante tradicional de corazón, que en los EE.UU. promedia los US$ 250 mil, más US$ 20 mil anuales para el tratamiento posterior.
“El intento de reemplazar permanentemente al corazón real con una máquina artificial ha sido el Santo Grial de los investigadores. El tema es ver si éste puede ser tan durable como el órgano físico que late entre 60 y 100 veces por minuto durante toda la vida”, dijo a la revista Time Peter Weissberg, director médico del la Fundación Brtitánica del Corazón, que no tuvo ninguna relación con el desarrollo francés.
Regeneración. En los últimos años, Chachques también dedicó gran parte de su tiempo a buscar formas de regenerar el tejido cardíaco dañado con células madre para tratar de no llegar al trasplante.
“Uno trata de evitar el reemplazo del órgano pero muchas veces eso no se puede lograr y uno tiene que poder acompañar la insuficiencia cardíaca e intervenir siempre que sea necesario”, explicó el argentino. El experto agregó: “Nosotros no queremos ser solamente investigadores, queremos ser gente que encuentra. La búsqueda es una gran cosa, pero encontrar la solución es otra. Quiero publicar pero más me interesa resolver problemas. Nosotros hacemos nuestros propios materiales, metemos la manos en la masa”, concluyó, mostrando dos de sus dedos con llagas.
Misiones humanitarias
En los últimos tres años, Juan Carlos Chachques y su equipo han colaborado con dos jóvenes cirujanos cardíacos de los Emiratos Arabes Unidos, que se habían entrenado con ellos en el Hospital Georges Pompidou, de París, y crearon una organización humanitaria llamada Emirates World Heart. Así, ya realizaron misiones en Kenya, Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Tanzania y Marruecos, coordinadas por la Cruz Roja Internacional y la Asociación Cardiac Bioassist, fundada por el propio Chachques.
La iniciativa consiste en pasar una o dos semanas en esos lugares, para realizar cirugías cardíacas, sobre todo en pacientes jóvenes, y formar a los equipos de los hospitales.
“En países como Kenya la esperanza de vida es de 40 o 45 años. Allí la gente se muere de paludismo, sida, de enfermedades infecciosas. Y como hay enfermedades reumáticas, a los 10 o 15 años tienen el corazón desastroso”, graficó Chachques. “Los infectólogos se dedican a las enfermedades infecciosas; los sanitaristas, al tema del agua; y a nosotros, como cardiólogos, nos interesan los corazones de gente joven que está sufriendo.”
Ya llevan operados cerca de 200 pacientes (unos 20 por misión), pero la tarea va más allá. “Además hacemos un curso de resucitación de terapia intensiva para las enfermeras del hospital y un curso para los médicos. Esta iniciativa ayuda a los pacientes pero tambien estimula a los médicos y el resto del personal. Les damos un diploma europeo de resucitación de terapia intensiva”, aseguró el cardiólogo.