
La batalla. En septiembre de 2006, Fawcett recibió un duro revés cuando su médico le diagnosticó cáncer anal. Por eso, la actriz se sometió a quimio y radioterapia y luego fue intervenida. Pero en mayo de 2007, detectaron un pólipo en el mismo lugar que el anterior. Entonces, el especialista le recomendó realizar nuevamente radioterapia pero ella, decidida a probar todo para curarse, viajó a Alemania donde se sometió a un tratamiento experimental con células madre que todavía no se practica en los Estados Unidos. Sin embargo, la enfermedad resultó ser más fuerte que la misma Farrah y el 5 de abril de este año, ingresó nuevamente en el centro médico de la Universidad de Los Angeles (UCLA), donde confirmaron que su cáncer había hecho metástasis y ya había alcanzado el hígado. Desde esa fecha, la actriz continúa internada. “De todas las cosas que siempre esperé en mi vida, conseguir un médico que me quitara quirúrgicamente mi cáncer anal no estaba ni siquiera entre mi lista de cosas. Pero ahora es el número uno –como en mi primer diagnóstico de cáncer, el originario, el que apareció primero– y por esa razón tenía que ser el primero en salir. El tumor tenía el tamaño de un maní que había mandado su ejército de células mutantes a mi hígado e iba a continuar enviando refuerzos a cualquiera de mis órganos dentro de mi cuerpo a menos que alguien hiciera algo para pararlo”, dice Fawcett en el documental.
Pero a pesar de haber permitido que la filmaran durante su estadía en el hospital, la actriz despotricó en una entrevista –la primera que da desde su diagnóstico, en 2006– al diario Los Angeles Times contra los medios que, desde que se conoció su primer diagnóstico, intentaron “meterse en su intimidad” y publicaron los pormenores de sus tratamientos. “Es mucho más fácil pasar por algo y simplemente enfrentarlo sin estar bajo un microscopio. Fue estresante. Estaba aterrorizada con que me hicieran quimioterapia. No es agradable. Y la radiación (rayos) tampoco es agradable. Se convierte en tu vida. La gente te llama y te pregunta: “¿Cómo estás?” “¿Cómo te sentís?” “Estamos rezando por vos”. “¿Todavía tenés pelo?”. “¿Qué estás sintiendo?” Cuando todas y cada una de las llamadas son de ese tipo, es de lo único de lo que hablás. Todo te consume y tu calidad de vida nunca es la misma”, explicó la blonda de Los ángeles de Charlie.
Según Fawcett, para alguien famoso es muy difícil estar enfermo y, al mismo tiempo, mantener la privacidad. Por eso, denunció al periódico National Enquirer por publicar detalles de su enfermedad. Además, dijo que muchos de los datos que volcaba el diario en sus informes eran falsos, como cuando titularon en diciembre de 2006: “Farrah ruega: déjenme morir”, lo que provocó que el ángel de Charlie recibiera una enorme cantidad de cartas de otros enfermos de cáncer que le pedían que no se rindiera porque ella era un modelo para ellos. “¡Dios, nunca dije nada como eso! Pensar que hay gente que me admiraba y se sentía positiva porque yo también estaba pasando por esto y a pesar de todo seguía siendo fuerte”, declaró enojada con la publicación al tiempo que aclaró que no quería ser ejemplo de nada.
“Cuando me hacían un examen de la vista, decían que me estaba volviendo ciega. Cuando me hicieron un Papanicolau, dijeron que el cáncer se había ramificado y que me estaban haciendo una histerectomía. Durante meses y meses y meses, me la pasé diciendo que esos datos salían del hospital. Nunca estuve tan segura de algo así en mi vida”.
Y entonces, cuando el cáncer reapareció, decidió probar su teoría de que había informante interno y deliberadamente le ocultó información a sus parientes y amigos. “Lo arreglé con mi doctor. Le dije: ‘Ok, vos sabés y yo lo sé’. Sabía que si se conocía la historia, era porque salía de allí. No podía creer lo rápido que se supo, a los cuatro días ya estaba en los diarios”, contó. Por eso, desde el hospital comenzaron una investigación y descubrieron que había un empleado que estaba accediendo a los archivos de Farrah. Enfurecida, pidió explicaciones a las autoridades del UCLA, pero el encargado de Privacidad del Paciente se negó. “ ‘Tenemos la responsabilidad de proteger a nuestros empleados’, me dijo. A lo que yo repliqué: ¿Más que a sus pacientes?”, contó Farrah.
La otra Farrah. A finales de los 60, Fawcett comenzó su carrera haciendo comerciales, especialmente de shampoo, ya que su rubia y ondeada cabellera era la envidia de todas las mujeres. En el 73 se casó con el actor Lee Majors –famoso protagonista de la serie televisiva El hombre nuclear –y tres años después conoció la fama cuando realizó un casting frente al ya fallecido productor Aaron Spelling y obtuvo el papel de Jill Monroe, el ángel rubio de Los ángeles de Charlie. A pesar de que sólo participó de la primera temporada de la serie, ese rol la inmortalizó: todos los jóvenes tenían en su dormitorio un póster con su imagen y todas las chicas querían parecerse a ella y su color de cabello y peinado copiado por jóvenes de todo el mundo. Y así como de fugaz –pero rentable– fue su participación en Los ángeles... también lo fue su matrimonio: la pareja se separó en buenos términos el 79, aunque no se divorció legalmente hasta el 82.
Tras su paso por las huestes del mítico Spelling, Farrah intentó incursionar en el cine, pero sus filmes nunca alcanzaron a convencer al público. Así, pasó sin pena ni gloria por la película de ciencia ficción Saturno 3, donde compartió protagónico con Kirk Duglas. En 2000 compartió pantalla con Richard Gere en El Dr. T y las mujeres y en 2004 filmó The cookout, el último de sus 17 proyectos cinematográficos. Pero a pesar de no haber participado de películas exitosas, ingresó al hall de la fama del cine de Texas.
En cambio su carrera televisiva fue más prolífica: 26 trabajos entre series y telefilmes, más un reality show titulado Persiguiendo a Farrah –Chasing Farrah, tal su nombre original– que seguía el día a día de la actriz y los suyos y que duró apenas 7 capítulos en el aire. A nivel reconocimiento, fue nominada tres veces para los Premios Emmy, y para los Golden Globe y el Independent Spirit Award.
En el 79, Fawcett se enamoró del actor Ryan O’Neal –protagonista del filme Love Story– y en el 85 tuvieron a Redmond, el único hijo de la actriz. La pareja duró 17 años, pero todo terminó en el 97. En 2001, O’Neal supo que padecía de leucemia y en 2006, tras una larga pelea, logró que la enfermedad remitiera. Desde ese momento, el actor se convirtió en ferviente impulsor de la lucha contra el cáncer, y participó en muchas campañas junto a Farrah. “No imagino una vida sin ella, es fuerte como una roca”, declaró Ryan a la televisión. Es que desde que la actriz fue diagnosticada, él –con quien se reencontró en 2004– fue uno de los pilares en los que se apoyó para enfrentar al cáncer. “No tiene más pelo. Su famosa cabellera ya no está, pero no le importa para nada, no tiene vanidad. Yo le acaricio la cabeza y me parece mentira que esa pequeña cabeza haya llevado tanto pelo”, dice la revista People que declaró el actor que no sólo la acompaña sino que hasta le llegó a pedir matrimonio, pero dijo que ella por ahora le dice que no.
Un hijo algo complicado
El hijo de Farrah no le da respiro ni aun en esta situación límite. Mientras ella ingresaba al hospital en abril pasado, Redmond O’Neal era detenido por posesión de heroína. Para su suerte, fue favorecido con la libertad condicional y solamente debía presentarse regularmente para que controlaran que cumpla con las condiciones de su beneficio. Pero a fin de mes faltó a la cita con la Justicia y debió presentarse frente al juez. Allí, O’Neal reveló lo mal que estaba su madre. “Pesa menos de 40 kilos y quiero estar con ella. Lo siento mucho”, declaró. Por eso, le dieron unos días para estar junto a Fawcett. “Esto se hizo para que ella pueda verlo mientras todavía puede comunicarse adecuadamente. Rogamos por un milagro, pero las posibilidades de que suceda son mínimas. Entonces, quisimos que pudiera hablar con su hijo para que él le prometiera que iba a rehabilitarse”, dijo una allegado a la familia.
El año pasado Redmond había sido arrestado mientras conducía borracho, y le encontraron dosis de cocaína y metanfetaminas en su vehículo.