
Pablo Goldschmidt es un virólogo argentino (también bioquímico y también psicólogo), que cuando vuelve del infierno sigue con sus investigaciones de científico de laboratorio en el Hospital Nacional de Oftalmología de Quinze-Vingts de París; de hecho, acaba de publicar un artículo sobre un modo más rápido de obtener un diagnóstico para infecciones bacterianas que levantó polvareda.
El infierno de Goldschmidt no es un invento de las religiones. Así llama el propio investigador a ciertos lugares de países africanos como Camerún, Nigeria y Guinea. No tienen agua, no tienen baños y ni siquiera letrinas; con sólo hacer un pozo para defecar, se bajaría la incidencia de muchas enfermedades. Los bebés duermen al lado de las heces de vacas y las bacterias y las moscas se hacen festines.
Los chicos son los afectados, pero la ceguera aparece cuando son adultos. “Es notable la cantidad de viejos con bastones que se ve”, graficó Goldschmidt en una extensa entrevista con PERFIL. Según los cánones africanos de bajísima esperanza de vida, ser “viejo” es exceder los 40 años.
En Africa, Goldschmidt logró una proeza: con un método simple y barato redujo ocho de cada diez casos de tracoma, enfermedad considerada como “prevenible” por la Organización Mundial de la Salud y que provoca millones de casos de ceguera.
“Yo voy allá para que no sean ciegos. No voy a salvarles la vida sino a darles la vista para que al menos puedan pelearla”, dijo durante una breve estadía en Buenos Aires. “En Nigeria hay hasta poliomielitis. Pero aquellos que ganan US$ 20 al mes no les importan a nadie. No les alcanza ni para el jabón. Hay muy poca gente de más de 45 años, y casi todos son ciegos. Recién ahora conseguimos que algunos usen letrinas. Sólo Etiopía tiene 30 millones de enfermos de tracoma”, precisó.
El tracoma es también una marca de la existencia de otras enfermedades como la lepra, la polio o la rubéola congénita. Y es la causa número uno de ceguera prevenible en todo el mundo. Se la trata hasta los diez años; después es tarde. “La mortalidad infantil en el norte de Camerún, Chad y Nigeria es del 50% hasta los cinco años. Se muere uno de cada dos niños. De los que se salvan, el 25% tiene tracoma. Es una catástrofe sanitaria. Y los que maduran son ciegos”, describió.
Adherencia. Hasta hace poco, el método más efectivo contra el tracoma era una pomada, pero el tratamiento tenía “baja adherencia”, que es como llaman los médicos a la situación en la que los pacientes simplemente dejan de usar los remedios. “En lugares secos, colocar una pomada grasosa durante cinco semanas no era lo ideal”, explicó Goldschmidt. Luego, el laboratorio Pfizer desarrolló otro tratamiento, reducido a cuatro comprimidos y jarabes. En este caso, el problema fue otro: al tratarse de antibióticos que sirven también para curar enfermedades de transmisión sexual, como la gonorrea, el envío desaparecía en los aeropuertos. “Nos preguntamos entonces qué hacer y apareció como hipótesis la posibilidad de que se hicieran las curaciones sólo con un colirio”.
Así fue que comenzó a trabajar en el proyecto en su laboratorio francés. Mientras tanto, en California, otro laboratorio trabajaba en algo similar, pero el producto en seis meses se hidrolizaba, es decir, perdía sus facultades. La variante Goldschmidt incluía un aceite no irritante al ojo, sin agua y sin mayores necesidades de refrigeración (ideal para lugares donde la energía eléctrica es una excentricidad). Funcionó.
Pero no fue tan fácil demostrar que era eficaz. Más bien, todo lo contrario. Luego de las pruebas en animales, hubo que realizar todo el experimento clínico, con condiciones de seguridad con los estándares más altos para los pacientes, en el corazón de Africa. Lo que implicó la movilización de más de 250 personas, entre las que se incluían expertos de comités de ética franceses y africanos, auditores e inspectores de buenas prácticas. “Fue todo muy complicado, entre otras cosas porque había que presentar el consentimiento informado a niños y adultos analfabetos, que firmaban con su dedo”, contó Goldschmidt. Además, debía contar con un placebo de similares características al verdadero remedio. “Todo eso salió realmente muy caro, pero al hacerlo así, doble ciego, doble placebo cruzado, los resultados tienen más validez”, indicó.
Manos. Todo arrancó en 2004 y Goldschmidt y su equipo volvieron a los lugares indicados a los sesenta días, al año y a los tres años. Así, con ese empeño, lograron curar con un tratamiento que costaba US$ 0,8 lo mismo que con uno diez veces más caro y que además no llegaba a destino. Pero faltaba el último paso.
“Habíamos tenido éxito, habíamos probado la eficacia, pero en el contexto de un ensayo clínico. Aún no sabíamos si la gente iba a adoptar el tratamiento por sí misma, tenían que ponérselo solos”, recordó.
Ahí apareció la posibilidad de ir a Kolofata, localidad del norte de Camerún, cerca de la frontera con Nigeria y el Chad, que tiene una población de unas 115 mil personas. “No se trataba simplemente de dar las gotas, las pastillas e irse, nos planteamos educar para mejorar sanitariamente el lugar. Enseñar a que se laven las manos y que las madres laven la cara de sus niños; hay millones de personas a las que nadie les enseñó eso nunca. Y por eso los ojos y la nariz de los bebés son nidos de moscas”, abundó. Y remató: “Son momentos en los que da vergüenza ser humano”.
Goldschmidt pudo haber patentado su tratamiento. Pero desistió; a cambio, el laboratorio que sí lo hizo prometió otorgarle 600 mil dosis gratis para Africa. El virólogo realizó sus trabajos con financiamiento de la organización Oftalmólogos sin Fronteras, de hospitales franceses y de laboratorios farmacéuticos; el resto, por ayuda generosa de personal ad honorem que fue a dar una mano.
“Es importante señalar que no soy parte del aparato político ni staff de la OMS, soy apenas perito invitado. La OMS no financia los proyectos sobre el terreno porque oficialmente ese no es su rol, sino que es solicitada por gobiernos para organizar, dar ayuda estratégica y proporcionar asistencia técnica y clínica”, dijo.
Etica. Goldschmidt está convencido de que hay tanta corrupción en Europa como en Africa o en América, y que mucho dinero que debería ir para salvar vidas queda en el camino. “Roban todos, políticos, policías, gendarmes”, se lamentó. “Como mi labor en el terreno no tiene rédito político directo y hay urgencia sanitaria, yo sigo trabajando porque hay muchísimo que hacer y realmente no me son vitales los beneficios que otorga pertenecer a aparatos burocráticos o de relaciones exteriores”, agregó.
—Cuando ve la situación en Africa, la corrupción en todos lados, la esclavitud y demás, ¿no pierde las esperanzas en la especie humana?
—Un pesimista es un optimista con experiencia (responde automático, pero enseguida piensa y continúa). En Africa tengo que contar los frascos de remedios, me doy vuelta y me roban el jabón o venden la nafta. Pero la corrupción está en todas partes. También en Europa. No es cuestión de pesimismo u optimismo sino de trabajar por el progreso moral y material de la humanidad. Estudiar para que la gente sufra menos. El ejemplo tiene que venir de arriba. Si trabajás bien y das el ejemplo, la corrupción no importa. En medio del caos, la directora del hospital de Kolofata está todos los días a las 7:30 de la mañana lista para hacer la recorrida y lo mismo a las 3 de la tarde. Ella da el ejemplo y los empleados le cumplen mucho más.
Antes de hablar con PERFIL, Goldschmidt le había dado una entrevista a Ernestina Pais para la radio Rock & Pop. Allí comentó que alguna vez le enseñaron que “no se hace salud pública con héroes sino con políticos”. El no es político; sin embargo, sus hechos se parecen mucho a lo que haría un héroe.
Enfermedades evitables
Según la OMS, las sufren mil millones de personas, es decir, un sexto de la población mundial. Se trata de un grupo enfermedades que no deberían existir dado el estado actual de desarrollo científico y tecnológico. Pero siguen matando y dejando inválidas a millones.
Son enfermedades de la pobreza, que causan alrededor de un millón de muertes cada año, cuando existen tratamientos disponibles y ciertamente baratos.
Además del tracoma que combate Goldschmidt, se encuentran también la ascariasis, la lepra y la enfermedad del sueño. Y la única que tiene alto impacto en el continente americano, especialmente la Argentina: el mal de Chagas.
Aunque la mayoría de estos males también afectan a países asiáticos, reinan en Africa. ¿Quién es responsable de la situación africana?, le preguntó PERFIL a Goldschmidt. “Los periodistas”, respondió sin dudar. Y argumentó que en un mundo en el que pasan cosas como las que él ha visto en Africa y Asia no puede creer que prende la radio o la TV y sólo se hable de futbolistas, o de las extensiones de una mujer. “Salgan al mundo, vayan a ver qué sucede realmente, y dejen de informar sobre cosas que no contribuyen al progreso de la humanidad”,
desafió.