
OSVALDO VARELA: Es un tecnicismo, porque la pedofilia como tal no figura en el Código (Penal). Es comparable con el parricidio, que tampoco figura en el Código y, sin embargo, todos sabemos que el homicidio agravado por el vínculo, la muerte del ascendiente, descendiente o cónyuge, es parricidio. Y en este caso, lo que se denomina es el abuso y la corrupción; eso sí es delictivo. Por lo tanto, técnicamente está bien dicho que la pedofilia no es delito. Lo que pasa es que la carátula no es pedofilia, es otra cosa.
GERMAN GARCIA: Hay un texto de Freud muy interesante que se llama La responsabilidad moral del contenido de los sueños. La discusión que hay entre la idea de responsabilidad jurídica y la idea de responsabilidad del psicoanálisis está basada en cierto malentendido. Es sabido que grandes asesinos pueden hacer lo que sea sin sentirse culpables. Habría que diferenciar lo que es la culpabilidad de lo que es la responsabilidad jurídica. Freud piensa que un sujeto es responsable, en el sentido que tiene que responder pero frente a su instancia moral, por sus fantasías, sus sueños, su deseos, etc. Lo cual no lo hace punible desde el punto de vista jurídico. Se puede decir que cuando uno ve personas culpables, en general, no son personas que han cometido ciertas cosas sino que no las han cometido. El la llama la paradoja del santo. Si el santo, en tanto no hace nada, es culpable de todo porque tiene deseos de muchas cosas que no hace. Habría que diferenciar esas dos cosas.
ANA LUZZI: Hemos recibido cientos de casos de niños víctimas de abuso sexual. Si bien hay normas de procedimiento, es muy complejo el tema de cómo abordar a un niño que ha sido abusado. En la mayoría de los casos no hay pruebas más que el relato del niño. Y suele ser victimizado muchas veces porque es entrevistado, forzado (con la mejor intención) a someterse a muchas pruebas. En la experiencia que tenemos es muy raro que el abusador o el pedófilo se reconozca como tal. A veces es más fácil que un niño lo pueda relatar cuando el abusador es alguien extrafamiliar que cuando es alguien intramuros. Se produce lo que algunos autores denominaron como un trauma acumulativo. Es de a pequeñas dosis y se va produciendo en un grado de sometimiento muy grande porque, en general, no se emplea una violencia brutal sino que se opera a través de la seducción y de la culpa. A veces, cuando el abusador es extrafamiliar genera como un trauma más shockeante, más intenso y, a veces, es más fácil encontrar sintomatología en los niños si los adultos a cargo de ese chico están atentos y pueden empezar a detectar. De todas maneras, también, los abusadores extrafamiliares suelen manejarse con mecanismos de seducción. Son muy raros los casos que utilizan la violencia brutal, que, en general, es la última de las artimañas. Desde la escuela inglesa, sostenemos que suelen ser personas incapaces de establecer relaciones interpersonales y establecen artimañas. Fundamentalmente sobre el sometimiento. No he conocido casos de adultos, en mi experiencia clínica, que en el curso de sus análisis puedan reconocer la pedofilia como un problema. En general, es algo que suele estar naturalizado.
ENRIQUE STOLA: Puedo estar de acuerdo con que es un tecnicismo, también se puede decir “ la violencia de género no existe como delito”, pero todos sabemos que los hombres pegan a las mujeres por el hecho de ser mujeres, para ejercer el dominio. Entonces, la violencia de género existe y es un delito. Lo que sucede es que las prácticas sociales son las que crean las condiciones para que luego se corporice en ley. En algún momento, la pedofilia perecerá con la palabra como delito en el corpus legal. Lo que ha hecho Corsi aquí es utilizar el lenguaje, ponerlo al servicio de su disculpa o tratar de zafar de esta situación en la que está con semiplena prueba implicado. En mi experiencia clínica, coincido con la doctora en que los pedófilos, estos amantes de los niños, inevitablemente instrumentan mecanismos de seducción hacia los niños y ahí empiezan a someter. Como última etapa vendría la acción más violenta, como la amenaza: “si lo contás, algo te va a pasar”. Pero la seducción aparece siempre.
—Otro de los puntos que desarrolla en la entrevista es una diferenciación entre “boylover”, pedófilo y hebéfilo, y marca que mientras el pedófilo tiene una atracción sexual por chicos, el “boylover” siente admiración. ¿Coinciden con esta distinción?
G: Es un chiste. Pedofilia quiere decir “amor a los niños”, y “boylover”, en inglés, significa lo mismo. Es como hace la publicidad, es un efecto de sugestión.
S: Si le vamos a poner otro nombre a aquellos que le gustan los bebés y hacen pornografía con los bebés y gozan con eso... Podemos poner otro nombre también, como “amantes de los bebés”. Es un verso...
L: Además, es algo muy ambiguo porque uno podría suponer que todo aquel profesional que sea maestro, que sea psicólogo de niños, que sea un pedagogo que realmente se interesa por chicos, por su bienestar, sería un “boylover”.
—Este tema lo mencionó también Corsi cuando afirmó: “Está lleno de lugares donde las personas realizan tareas en relación con menores porque sienten una atracción especial, pero cuando se incluye lo sexual estamos en el ámbito del abuso sexual”.
V: Creo que cada sociedad plantea su protección sobre la niñez de manera diferente. La sociedad europea se empezó a dar cuenta de que los niños existían a partir de la pintura, cuando los pintores pintaban a los niños como ángeles. Y después todos los demás no eran niños sino adultos pequeños y los vestían como adultos, pero eran adultos chiquitos. Incluso hasta hoy nosotros podríamos pensar que son roles que, hoy en día, serían inaceptables. Por ejemplo, cuando los griegos arrojaban a bebés deformes. Me preguntaría: ¿eso está bien? Automáticamente, todos contestaríamos que no. Sin embargo, esta sociedad vivía la guerra, tenía que enfrentar la invasión persa continua, eran las puertas de Europa, los guerreros de Europa. Era lógico y hasta adecuado y pensado que no pudiesen sostener a personas discapacitadas. Tomar el ejemplo de esa época también es falaz, porque de esa época hasta ahora han sucedido muchas cosas. Ya no creemos más en el politeísmo, en que los dioses se vinculan con los otros, y han aparecido dioses mucho más represivos que han puesto un orden. Y el orden de cambio del politeísmo al monoteísmo ha sido claramente el orden de la sexualidad. Las religiones monoteístas más conocidas por nosotros desde el judaísmo hasta el catolicismo y el islam, lo que han hecho es poner orden respecto a la sexualidad. Entonces acá es donde se plantea esta cuestión de decir que todos los que trabajan con niños son potenciales pedófilos; me parece una barbaridad, es forzar la letra demasiado.
G: Yo tomaría dos cosas. Uno, el sacrificio del niño, no sabemos a qué era funcional. La historia no se hace de hipótesis y relato. Uno puede decir que quemaban las cosechas para equilibrar la oferta y la demanda o puede decir que era un sacrificio a los dioses. Y los relatos son coherentes. Entonces no sabemos por qué tiraban a los niños. Pero sí podemos saber qué pasa hoy. Lo que yo digo que es una falacia en el caso de San Martín, es que el casamiento con chicas de 14 años era un efecto del código de Napoleón. Eso no convierte en corruptor a los hombres que se casaban con chicas de 14 hace más de cien años. Es decir, hay una cuestión que son las leyes y hay una cuestión que son las normas, en el sentido de normalidad. Entonces, ¿qué es normal? Evidentemente, que haya profesores o que haya gente que trabaja con chicos es normal. Me parece que ahí está la falacia. Tampoco está discutiendo cuáles eran las costumbres amorosas o sexuales en el siglo XIX. En una época, el rapto de las mujeres era parte del código del amor. No podemos decir que si hoy en día yo raptara a mujeres estaría haciendo lo mismo que en aquel entonces. Era otra cosa. En el siglo XIX, las heroínas tenían 14 años.
S: Es un discurso que hizo Corsi provocador y tramposo, porque está tratando de llevar el debate a otras áreas cuando él es el acusado.
L: Desde el punto de vista de lo que le pasa a un chico que es abusado, es muy complejo. Un niño que es maltratado físicamente, generalmente tiene marcas. O por ejemplo, las escuelas que tienen buenos trabajadores sociales, muchas veces concurren al servicio y dicen: “Estamos preocupados porque este nene, todos los meses, hay días que falta”. En general, cuando es investigado y hay marcas en su cuerpo, hay ausentismo escolar para que no se detecten los golpes. Pero tarde o temprano esto se ve, todo chico suele tener una actitud de protección hacia la persona que lo maltrata. Creo que con el abuso es mucho más complejo el tema, porque no son evidentes las marcas. Muy pocas veces clínicos infantiles detectan situaciones de abuso. Insisto, el único testimonio es el relato de ese niño, un relato que es importantísimo ayudar a construir. En el siglo XX, los avances de la pediatría, del psicoanálisis, ayudaron mucho a entender al niño como un niño y no como un adulto fallido. Sin embargo, hoy cuando se discute el tema, por razones de seguridad social se habla del descenso de la edad de imputabilidad en los menores, se sigue pensando en los niños y en los adolescentes como adultos fallidos y al nene muchas veces se lo interroga a la manera que se interroga a un adulto. Cuando un niño se refugia en el abusador lo hace buscando protección, amparo, serenidad. Y, obviamente, posteriormente, también empieza a encontrarse con sensaciones erógenas que le son placenteras, que lo llenan de culpa, y es ahí donde él comienza a ser manipulado por el abusador.
—Se ha hablado de momentos históricos y de épocas históricas que se aludían como una falacia. ¿El ejemplo de San Martín sería una falacia?
G: Cuando yo dije falacia me refería a que uno no puede argumentar que si algo ocurrió en la Edad Media es cierto ahora. Porque sería lo mismo que decir que tal cosa que fue una medicina en el siglo XVIII, es una medicina hoy. Había un Código napoleónico que hacía a las mujeres equivalentes a niños o que las hacía menores de edad.
O, en la Biblia, por ejemplo, existe la palabra virginidad. Es una discusión que se hizo en un libro que se llama Jesús era judío, donde las chicas se casaban a los 8 años con el compromiso de no tener relaciones antes de la primera regla. Con lo cual se llamaban “casadas vírgenes”. Cuando tenían relaciones y no tenían hijos se llamaban “vírgenes de vientre”. La palabra virgen tenía una ambigüedad tan grande que saca esta discusión, para plantear que la virginidad de María puede ser una construcción histórica apoyada en un equívoco verbal. Uno puede decir que si las chicas que se casaban a esa edad estaba mal o estaba bien, era inmanente a ese momento histórico. La historia no es un adorno.
L: Pero además, en el caso de San Martín y Remedios de Escalada, había un marco institucional que estaba avalando un matrimonio. Era una relación consentida, había adultos responsables que avalaban eso.
V: Y además, posiblemente hubiese una necesidad que planteara esta situación. Creo que no se puede tratar de traspolar una costumbre de un momento histórico determinado, en un momento de la cultura, y decir que es igual que ahora.
S: Esto es lo provocador de Corsi, que nos hace discutir esta obviedad, tener que estar aclarando a la prensa, donde está usando su discurso para defenderse, nada más, para desdibujar algo.
—En un fragmento de la entrevista, Corsi marca lo que sería una diferencia de encuadre entre un contexto institucional y las relaciones cotidianas, “en las cuales uno no está trabajando de psicólogo”. ¿Es posible que él, como especialista, no haya advertido las conductas de Marcelo Rocca Clement?
S: Rocca Clement, amigo de Corsi, fue imputado en el año 2000 y condenado ahora en 2009. La víctima de Rocca Clement aparece también implicada acá, como un supuesto reclutador. Este pibe tenía 13 o 14 años cuando fue abusado y seducido por Rocca Clement, que estuvo dos años preso, después espera el juicio afuera y vuelve a relacionarse con su víctima. Este joven, hoy de 22 o 23 años, para mí sigue siendo víctima de Rocca Clement. Corsi no podía desconocer eso diciendo: “Hablé con la supuesta víctima y dijo que no, que nada de eso había pasando”, sabiendo cómo se dan los mecanismos de victimización y de revictimización, de sometimiento y de dominación por parte de los abusadores. Los profesionales no tenemos derecho a la ingenuidad. Nosotros (el psicólogo, el psiquiatra) no trabajamos en la vida cotidiana. Pero tenemos siempre un alerta. Salvo que estemos envueltos en ese discurso, implicados.
—Hay algo que está implícito en el reportaje y que tiene que ver con la condición sexual de Corsi. El denuncia cuestiones discriminatorias y, por otro lado, asegura: “Mi preferencia sexual ayudó a no atarme a estereotipos de género machistas que impiden a veces examinar la violencia de género masculino”. ¿No estaría tratando de victimizarse?
S: Ayer recibí un mail de España, en una lista de hombres, en donde se hablaba que él estaba sufriendo un ataque homofóbico por parte de la prensa y de los profesionales, que estábamos manipulando esta situación en contra de él.
Yo nunca digo lo que hago en la cama, pero puedo decir que soy un hombre feminista y lucho por los derechos de la igualdad entre hombres, mujeres, trans, bisexuales, heterosexuales.
Y esto no tiene que ver con lo que uno haga en la cama, y lo que está ocurriendo con él no tiene que ver con su definición sexual en absoluto. Esto pasa por la probable comisión de un delito y no por su condición sexual. Está utilizando este argumento, como utilizó varias definiciones, para colocarse en el lugar de víctima.
V: Nosotros sabemos que los casos son uno por uno y cualquier práctica sexual no garantiza una posición social. Es absolutamente absurdo, y ahí sí que sería una especie de pansexualismo delirante.
A: La mayor parte de los abusadores son heterosexuales, padres de familia, con mujeres, hijos. Esto no tiene nada que ver con la orientación sexual.
—Corsi dice que probablemente en el futuro su caso sea visto de otra manera y que también posiblemente en un futuro la pedofilia sea eliminada como enfermedad del DSM IV (manual de diagnóstico psicológico). ¿Qué impresión tienen de esto?
E: Entre el DSM IV y la Biblia, me quedo con la Biblia. Es un manual al que se puede adherir o no. Pero la cuestión es que en la medida en que pasa el tiempo, por suerte, está cada vez más claro lo que son los derechos del niño, niñas, adolescentes, los derechos de las mujeres y la constitución de nuevas masculinidades. Por lo tanto, creo que la pedofilia entrará como palabra en el Código Penal. Espero que sea así.
L: Toda relación que implica violencia en un vínculo está implicando un abuso de poder, está implicando un sometimiento, que alguien que está en una relación claramente asimétrica ejerce un poder sobre el más débil. Que muchas veces no es a través de la fuerza bruta, eso aparece en última instancia.
V: Pensar que en un futuro esto se puede excluir, es la misma posibilidad que pensar que en un futuro se puede incorporar. No sé qué puede pasar en un futuro. Lo que es hoy, se está manejando el estado de la cultura hoy.
—Respecto a las denuncias contra Rocca Clement, Corsi declara: “Evidentemente, había una relación de, cómo decirlo, casi de… Un afecto que duró hasta el día anterior al que a él lo detuvieron. ¿Puede ser que un chico que haya sido abusado hasta el día anterior, haya tenido una relación de amistad con el que se supone que fue su abusador? Yo no creo”. ¿Está desconociendo el sometimiento en las relaciones de abuso?
L: Pero además puede haber una relación. Esto es lo traumático en los niños, porque es un vínculo de una gran ambivalencia. Es muy característico que, cuando las situaciones de abuso son dentro del seno de la familia, pase muchísimo tiempo hasta que las chicas, al llegar a la adolescencia (cuando la madre ni nadie se dieron cuenta de lo que estaba pasando), pueden empezar a hablar. Pero durante todo ese tiempo coexistió un vínculo muy ambivalente de mucho temor, de mucho sometimiento, de mucha seducción, de amor, de amparo. Entonces uno puede perfectamente tener una relación de cuasi amistad o de vínculo afectivo con la persona que al mismo tiempo está abusando del menor.