
Espíritu libre. Pero como siempre, a la hija del matrimonio K no le gusta quedarse en casa y pasar desapercibida –aunque sería el sueño hecho realidad de su madre–, y tras aguantarse una semana de paz y quietud en la residencia, aprovechó la cercanía para divertirse en grupo en la noche marplatense. Así, llegó hasta la Av. Constitución, donde está el complejo Sobremonte, una emblemática disco de La Feliz muy concurrida por famosos. Y para suerte de Flor, esa día se hacía justamente la Fiesta de la Espuma, así que la menor de los Kirchner no paró de bailar en medio de una nube jabonosa, sacarse fotos con sus íntimos y disfrutar de los tragos en la barra.
Según los trascendidos, algunos integrantes de la custodia habían ido horas antes al boliche para chequear la seguridad del lugar y dar la orden a los patovicas de que no dejaran entrar a la gente con cámaras esa noche, pero esto fue desmentido por gente del complejo. Vestida con un solerito estampado de escote halter, la “pequeña rebelde” se instaló en el VIP, conocido como El Divino. Tan bien la estaba pasando, que decidió que valía la pena trasladar la fiesta a la pileta de la disco, y allí se zambulló, seguida por sus acompañantes. Bañada en espuma y muy divertida, a la adolescente no le importó que eran las 6.15 de la mañana ni el frío que hacía en Mar del Plata. Después, ayudada por sus custodios, salió del agua y se enfundó en una bata blanca para secarse.
Hotel no, chalet sí. La construcción de la casa de veraneo fue impulsada por Juan Domingo Perón en 1947 y está ubicada en el predio de la Unidad Turística Chapadmalal, un complejo hotelero perteneciente al Estado nacional, cuya función es alojar a personas de bajos recursos, también llamado “turismo social”. Según dicen, como las tierras eran propiedad de la familia Martínez de Hoz, el General tuvo que expropiarlas primero antes de mandar a construir la residencia.
El chalet cuenta con un privilegiado mirador con vista al mar, jardines y una playa privada, lindera a la de un complejo vacacional de tiempo compartido, de la que la separa apenas una escollera de rocas. Además, y tras el paso de Carlos Menem por la presidencia, a la casa se le añadió un muelle, que generó muchas polémicas.
Utilizada por breves lapsos por todos los presidentes de turno, los Kirchner no son muy amigos de pasar sus días en Chapadmalal, ya que prefieren aprovechar sus días libres para regresar a su Santa Cruz natal, donde hasta realizaron un emprendimiento hotelero. Por eso, apenas estuvieron allí en dos ocasiones: una en 2003, cuando pasaron un fin de semana en noviembre, y la otra en enero de 2004. Esa última vez, Florencia aprovechó para llevar a unas amigas y se quedó una semana en compañía de su madre, Cristina, y de su hermano Máximo, quien había ido con su novia. Pero la verdad es que a la hija de la Presidenta le encanta la movida de Pinamar. Es fanática de la disco Ku, de las playas top a las que sólo se accede en camionetas 4x4 y siempre se aloja en Terrazas al Mar –antes conocido como Arapacis, que fue propiedad de Alfredo Yabrán–. Pero este verano, reto de por medio por haberse llevado 13 materias del último año del secundario, la menor de los Kirchner trocó sus tradicionales vacaciones por la quietud de Chapadmalal. En breve, Flor deberá regresar a Buenos Aires para rendir en el colegio La Salle, y su mamá habrá pensado que en la residencia oficial de la Costa podría tenerla más vigilada que el verano anterior, cuando se descontroló en la noche de Pinamar.
Después de la noche espumosa, Flor, que había bajado muy poco a la playa, no pisó la arena en todo el fin de semana, a pesar del buen tiempo. Según fuentes cercanas al Gobierno, fue por una cuestión de seguridad, porque tras el pago del rescate de Leonardo Bergara, la Costa estaba revolucionada y no se sabía dónde podía realizarse su liberación.
*Desde Mar del Plata.