
Una de viviendas veraniegas –la primera de un total de seis– se observa es la que se observa en estas páginas. En inicio una casa, poco a poco la construcción fue mutando al ritmo de los tiempos que corren, y así llegó a transformarse en un encantador enclave de turismo rural. Sus dueños, Matías Montoreano y Paula Dellera, iniciaron la obra en 1998, para lo cual acudieron al arquitecto Carlos Galíndez.
A la distancia, una fachada simple, con techo a dos aguas y frente verde, se mimetiza con el entorno. Una vez adentro, la tranquilidad lo conquista cada centímetro de estos 102 m2, dispuestos en una única planta.
Living y comedor conforman un ambiente funcional con cocina integrada. Se suman dos dormitorios –uno en suite–, dos baños y un sector de parrilla.
Decoradora, Paula se basó en el lema “simple pero detallista”. Los muebles, elegidos con cuidado, son parte de un proceso lento de adquisición meditada. Algunos comprados de segunda mano y otros en pequeños mercados, confluyen en un espacio acogedor.
“Todos los muebles son usados –apunta la propietaria–. Nunca nos apuramos y esperamos la oportunidad. En general, siempre conseguimos cosas a buen precio y de buena calidad.”
Pinceladas de colores claros remiten a la playa, y materiales rústicos no permiten olvidar al campo.
Los visitantes disfrutan de una vista omnipresente, y disfrutan además de servicios de hotelería. Son turistas que llegan de los rincones más remotos del mundo, buscando lo mismo: paz y tranquilidad.
Hoy, el deseo de este matrimonio ya es una realidad. “Quienes vienen aquí se sienten como en su casa, con las mismas cosas que usan todos los días. Para que no sea sólo un lugar para ir a la playa, sino que disfruten por completo de todo.”
Agradecimientos: Rincón de Cobo (www.rincondecobo.com.ar).
Texto: Jorge Maiqui.
Producción: Mariana Rapoport.
Fotos: Daniela Mac Adden/surpressagencia.com.