
La reciente publicación de “La red austral”, de Jorge Liernur con Pablo Pschepiurca, libro en el que analizan las obras y proyectos para Buenos Aires del gran arquitecto suizo y de sus discípulos argentinos, es propicia para llevar a cabo una reflexión sobre las ilusiones utópicas del urbanismo en la Argentina. La ciudad es el gran escenario moderno, y en sus políticas de desarrollo se juegan conflictos culturales, sociales, políticos y económicos. Los proyectos de la arquitectura racionalista, y las lecturas contemporáneas de esa tradición, no son ajenos a esas tensiones. Al mismo tiempo, se publica “Amancio Williams”, una gran monografía ilustrada de uno de los mayores arquitectos argentinos, muy cercano al propio Le Corbusier.

El conocido periodista político –columnista de PERFIL– entrega un retrato del autor de “La Logia de Cádiz”, unas de las novelas del momento. Después del también exitoso “Mamá”, el libro es una narración de capa y espada con la presencia central de un San Martín humanizado. La capacidad para pasar del periodismo a la literatura y también el ímpetu para llevar adelante proyectos editoriales aparecen como telón de fondo para trazar la silueta del escritor. Una escritura ágil y atrapante, que toma de Kafka la idea de que “la literatura es siempre una expedición a la verdad”.

Nacido en Santa Rosa, La Pampa, en 1929, la obra del gran poeta permaneció olvidada durante décadas. Y, sin embargo, su impresionante hiperproducción –76 títulos publicados– es el testimonio de una de las poéticas más personales del panorama de la poesía argentina del siglo XX. La reciente aparición de “Herejía bermeja”, una antología que reúne una parte importante de sus poemas, permite conocer más a fondo una escritura que reflexiona sobre la memoria, la amistad, el viento de la pampa, la amargura y, por qué no, Mallarmé.

El sociólogo se ocupa de un tema crucial en los últimos tiempos, actualizado de manera dramática a partir del conficto en la Franja de Gaza: la tensa relación entre religión y política. Las conversaciones entre el filósofo ateo Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger, poco antes de ser consagrado Papa, incitan a una reflexión sobre las posibilidades de la democracia de integrar a las creencias religiosas, y sobre todo, acerca de la aceptación de las iglesias para vivir en un mundo moderno y racional. Para eso también es necesario que las teocracias de Oriente Medio acepten esos cambios.
Domingo