
Un jubilado donó los ahorros de toda su vida para que se construyera una escuela. Habló con las autoridades, se interesó por el terreno, miró los planos. Y puso 300 mil dólares de su bolsillo.
Pero las cosas no salieron bien en Puerto Deseado, el pueblo de Santa Cruz que había elegido para el proyecto. Los problemas empezaron cuando el intendente echó mano al dinero para gastarlo en otros fines, con la excusa de “urgencias” en el presupuesto. Después las obras se demoraron un año para comenzar, lo que provocó que tardaran un total de cuatro años para estar listas. Y como si esto fuera poco, el resultado fue una escuela muy distinta a la que se había pedido: sobre todo porque nunca construyeron un edificio nuevo, sino que apenas acondicionaron un viejo inmueble de la Municipalidad.
El responsable del desvío de fondos fue Arturo Rodríguez, un hombre del corazón del kirchnerismo. Tiene una relación de gran confianza con Néstor Kirchner, que como gobernador también aceptó el dinero para la escuela. A pesar del escándalo, Rodríguez fue premiado en las últimas elecciones con una banca de diputado nacional.
PERFIL reveló algunos de estos hechos increíbles en el año 2006, cuando el hombre que había cedido sus ahorros tenía la esperanza de recuperarlos por la vía judicial. Ahora esta historia se volvió más insólita, porque la Justicia santacruceña sentenció que no tiene derecho a que le devuelvan su dinero. El máximo tribunal de Santa Cruz firmó hace poco una curiosa resolución, donde propone dejar de lado las “valoraciones éticas o morales” y se pronuncia a favor de los funcionarios kirchneristas.
Causa noble. Este caso inédito empezó siete años atrás, pero todavía parece lejos de terminarse. La persona que donó el dinero no es ningún millonario: se trata de un jubilado de 85 años, que entregó los ahorros de toda su vida.
Para demostrar que le costó mucho esfuerzo conseguir esos ahorros, alcanza con mencionar que esta persona es un inmigrante que llegó a la Argentina con casi nada. Se llama Italo Garibaldi, un nombre que le pusieron sus padres para que no se olvide que su lugar de nacimiento es Italia (ver recuadro).
“Quería mostrar mi gratitud con este país, que siempre me recibió con los brazos abiertos”, explica este hombre que ahora se siente engañado, durante una entrevista con PERFIL.
“Ya cumplí una edad avanzada, no tengo una familia que mantener y quiero hacer algo útil con mi plata”, cuenta Garibaldi. “Por eso en ese momento tomé la decisión de ceder mis ahorros, para que construyeran una escuela especial para discapacitados.”
¿Por qué eligió la ciudad de Puerto Deseado? “El fundador de ese lugar fue un italiano llamado Antonio Oneto, que nació en el mismo pueblito genovés que yo”, explica el inmigrante, que todavía habla con un inconfundible acento extranjero. Este generoso jubilado se iba a lamentar el haber elegido esa localidad de Santa Cruz.
Gracias por nada. Nadie se imaginaba que las cosas iban a salir tan mal. Al principio todo se hizo de manera correcta, siguiendo los pasos legales de siempre. Primero, el intendente firmó un decreto municipal donde aceptaba la donación. Después, el Concejo Deliberante sacó una ordenanza que aprobaba la idea. Y por último se abrió una cuenta especial en el Banco de Santa Cruz, creada de manera específica para guardar los fondos donados. “En esa cuenta deposité trescientos mil dólares, el día 3 de diciembre del año 2001”, informa con precisión el inmigrante italiano.
Néstor Kirchner también brindó su apoyo a este proyecto. El Decreto 213 del municipio revela que la donación fue aprobada después que se realizó “el análisis correspondiente con el Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Cruz, Dr. Néstor Carlos Kirchner”.
Apenas el jubilado entregó su dinero, aparecieron los problemas. El intendente kirchnerista Arturo Rodríguez decidió utilizar esa jugosa cifra para otros asuntos, a pesar de que una maniobra de ese tipo estaba prohibida. La ordenanza municipal establecía de manera clara –en el artículo tercero– que los fondos se podían gastar sólo para la construcción de la escuela. Pero el jefe comunal echó mano a esos miles de pesos con el argumento de que el municipio no tenía recursos para pagar los sueldos de los empleados municipales. Así fue como el funcionario firmó la Resolución 058 y desvió la suma donada para abonar salarios públicos.
Ese mismo mes de diciembre de 2001, se extrajeron unos 150 mil pesos de la cuenta bancaria especial. Varios días después sacaron una suma similar, también para pagar haberes municipales.
“Es curioso que el desvío de los fondos se realizó poco después de la donación”, remarca Nicolás Cano, abogado del donante. “Creemos que esa transacción fue claramente ilegal.”
El intendente prometió que iba a devolver la suma extraída para construir la escuela que había prometido. “Pero se tomaron su tiempo para empezar, porque las obras recién arrancaron un año más tarde”, informa el jubilado que puso sus ahorros. El nuevo colegio para discapacitados demoró un total de cuatro años para estar listo: la inauguración se llevó a cabo en julio de 2006.
Otro punto sorprendente es que la escuela inaugurada resultó muy distinta a la que le habían prometido a Garibaldi. La diferencia más importante es que no construyeron ningún edificio nuevo: acondicionaron un inmueble de la Municipalidad que no usaba nadie.
“Nunca hicieron el proyecto que me habían presentado, tampoco usaron el terreno que habíamos hablado”, se lamenta el italiano. “Solamente hicieron algunas obras en el lugar donde antes funcionaba la Dirección de Pesca de Puerto Deseado”, señala con tono apesadumbrado.
El intendente tampoco cumplió con la promesa de bautizar a la institución como Nuestra Señora de la Guardia, la virgen de la región italiana donde nació el inmigrante. Ni siquiera se puso una pequeña placa con el nombre del padre de Garibaldi, algo que se había pedido de manera específica a cambio de la donación.
PERFIL se comunicó con Sergio Viotti, abogado del ex jefe comunal, para consultarlo por las acusaciones. El letrado argumenta que “el municipio no tenía plata para pagar sueldos”, que igual no se podía usar el dinero para la obra “porque no había precios claros durante la crisis del 2002” e insiste con que Rodríguez “cumplió con la escuela de la donación” (ver recuadro).
¿Será justicia? En esta historia insólita, la Justicia actúa contra el jubilado que puso el dinero y favorece a los funcionarios kirchneristas.
Después que los fondos fueron desviados, Garibaldi se cansó de esperar que se construyera la escuela prometida y decidió hacer juicio para anular todo. El Tribunal Superior de Santa Cruz firmó una llamativa decisión sobre el caso: reconoce que la donación fue “altruista”, pero termina fallando a favor del ahora diputado Arturo Rodríguez.
La pelea judicial ya tenía dos rounds anteriores, donde primero un juzgado local había favorecido al ex intendente y después una cámara de apelaciones le había dado la razón al italiano.
La sentencia de la máxima Corte provincial salió en octubre pasado. Lo curioso es que esa resolución resalta las buenas intenciones del hombre que perdió sus ahorros: “Claro está que en modo alguno deben desatenderse las altruistas razones que llevaron al señor Garibaldi a realizar la donación”.
Pero el máximo tribunal plantea que se deben dejar de lado “los reproches éticos”, “las valoraciones morales” o “las aflicciones que puede presentar el caso”. En resumen: los jueces proponen analizar el episodio sólo con la letra fría de la ley. Así, el juzgado de Santa Cruz rechazó el reclamo de Garibaldi, basándose en que no se fijó ningún plazo para la construcción de la escuela y en que la comuna no fue intimada a iniciar las obras. Lo opuesto al fallo anterior de la Cámara de Apelaciones.
“El Concejo Deliberante estableció un tiempo límite para que empiecen las obras”, se enoja el italiano. “La ordenanza que sacaron señalaba que la construcción de la escuela debía comenzar dentro de un lapso de 30 días”, precisa.
Pese a todo, los jueces sentenciaron que don Italo no sólo no puede cobrar indemnización por la situación que sufrió, sino que tampoco tiene derecho a recuperar el dinero que había donado.
Según el Tribunal, Rodríguez construyó la escuela que le había prometido a Garibaldi. “Es evidente que se inauguró una obra totalmente distinta”, se enfurece el inmigrante.
“Además, hay que tener en cuenta que no podían edificar esa escuela”, agrega su abogado. “Desde el año 2002 está vigente una orden judicial de ‘no innovar’, lo que significa que si hicieron ese centro educativo, entonces violaron una medida de la Justicia”, apunta.
El kirchnerista Rodríguez fue devolviendo a la cuenta bancaria el dinero que había sacado, pero que no pudo usar, porque ya se encontraban abiertas las causas judiciales.
¿Qué le gustaría hacer a don Italo con los miles de pesos congelados en el banco? “Yo todavía quiero que mi plata se use para construir una escuela en cualquier lugar del país”, insiste.
Desde que asumió como diputado nacional, en diciembre de 2007, Arturo Rodríguez viaja todas las semanas a Buenos Aires. Mientras, el jubilado que perdió sus ahorros apeló su caso ante la Corte Suprema de la Nación. Pero sabe que no le queda mucho tiempo de vida para que se haga justicia.
Un hombre de konfianza
El responsable del desvío de fondos para la escuela tiene una carrera política en ascenso. Cuando Arturo Rodríguez terminó su segundo mandato como intendente de Puerto Deseado, pegó el gran salto a Buenos Aires. En 2007 asumió una banca como diputado nacional, desde la que vota a rajatabla los proyectos que salen del Gobierno.
Rodríguez no exhibe ningún currículum en su página web del Congreso, tampoco tiene una formación específica en ningún tema. Pero tiene lo que se necesita para ascender en el universo kirchnerista: la obediencia ciega a las órdenes del líder.
Ese atributo le permitió triunfar en una provincia controlada con mano férrea por Néstor Kirchner. Trabó una estrecha relación con el entonces gobernador de Santa Cruz, que lo ayudó en su carrera política.
Su vínculo con el ex presidente siempre fue tan bueno que en 2007 se analizó la posibilidad de que fuera candidato a vicegobernador del Frente para la Victoria.
PERFIL no pudo hablar con Rodríguez, pero se comunicó con Sergio Viotti, su abogado defensor.
—¿Qué hizo el ex intendente con los fondos de la escuela?
—Los usó para pagar sueldos de los empleados municipales. Pero me gustaría aclarar que los devolvió pocos días después. Incluso utilizó una pequeña parte para empezar a comprar materiales para la escuela.
—¿Y por qué usó el dinero para otros fines?
—Porque estábamos en plena crisis del año 2002, la provincia no podía girar dinero y el municipio no tenía plata. Y los fondos no se podían usar para la escuela, porque el caos económico no permitía tener precios claros. Lo que hizo Rodríguez estaba dentro de sus atribuciones.
—La Ordenanza 3674 prohibía que se utilizaran los fondos de la escuela para otros fines...
—Se trataba de una situación de crisis excepcional del país. Además el intendente cumplió la promesa de devolverlos a medida que se fue cobrando la coparticipación municipal y al final cumplió con la escuela prometida.
—¿Y por qué no le avisaron al donante?
—Eso lo tiene que responder Rodríguez.
—¿Por qué se construyó una escuela distinta a la que habían prometido? Al final se acondicionó un inmueble que ya existía.
—No sé de qué proyecto habla... Yo solamente conozco el proyecto que al final se hizo.
—Había una orden judicial de “no innovar”, lo que significa que no podían hacer nada, pero sin embargo inauguraron la escuela...
—No era justo que los discapacitados tuvieran que esperar para tener su centro educativo.
—Pero podrían haber inaugurado la misma obra como si fuera otra escuela. Da la sensación de que querían evadir la responsabilidad de no cumplir con la donación.
—¡De ninguna manera se hizo por ese motivo! Lo que sucedió fue que el intendente le quería mostrar al señor Garibaldi que de verdad quería hacer la escuela que le había prometido.
—Y si fue así, ¿por qué no pusieron la placa y la figura de la virgen que había pedido el italiano?
—(Silencio) Bueno, porque Garibaldi había dicho que esas dos cosas las iba a comprar él.
—¿Y por qué bautizaron la escuela como Canto a la Vida si el jubilado había pedido que la nombraran Nuestra Señora de la Guardia?
—(Silencio más largo) No sé... eso también se lo tiene que preguntar a Rodríguez.