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domingo

LIBRO/Minucioso repaso de 24 años de Los Cadillacs

Fabulosa biografía

Colaborador histórico de los autores de Matador, Esteban Cavanna recorre las huellas dejadas por una de las bandas emblemáticas de la música popular argentina. Testimonios de otros artistas, fotos, afiches de conciertos, todo sirve para ilustrar este viaje por el tiempo y por una América latina que hace años los ha convertido en sus ídolos. Un adelanto exclusivo, incluyendo el prólogo de Mario Pergolini, para acompañar el regreso de un grupo que mezcla varios estilos y parece haber dejado atrás la “guerra de egos” que lo puso fuera de combate hace más de seis años.

Por Esteban Cavanna

Energia. La potencia de los shows en vivo es uno de los secretos de su éxito.

Prólogo de Mario Pergolini

En la página 36 del libro que usted tiene en la mano, se encuentra uno de los cientos de testimonios que hay de diversas personalidades que, de una u otra forma, fueron parte de la historia que aquí se relata: la vida, obra, destrucción y resurrección de Los Fabulosos Cadillacs. El testimonio del que hago referencia es el de mi amigo De la Puente, que además de ser un excelente periodista y escritor, tuvo el peor de los trabajos del ’86: ser responsable de prensa del primer disco de los Cadillacs. Permítanme antes aclarar algo: cuando alguien tiene la prensa de una banda o de cualquier artista tiene que, como mínimo, creer en ese artista. Es casi como un abogado penalista que tiene que defender a alguien de un robo, o algo así. Aunque todos digan que es culpable, él tiene que estar convencido de que su cliente es inocente, o por lo menos salvable (ya sé que no es lo mismo que inocente, pero así funcionan estas cosas), si no es imposible que la defensa funcione. Sin embargo, delapé dice textualmente: “...El primer show de Los Cadillacs que vi fue en La Capilla, en junio o julio del ’86. Me divertí muchísimo, pero lo que escuché estaba francamente mal tocado, muy desprolijo”. Si el jefe de prensa creía eso (y créanme que tenía razón), imagínense lo que pensaban la prensa y los músicos del momento.

Y esto es lo que rescato de Los Cadillacs. Cuando uno lee la historia que está por comenzar a leer (a menos que usted sea uno de esos enfermos que leen el prólogo al final) encuentra el relato de amigos que unidos por el amor a un ritmo y estilo de vida, hicieron todo lo posible para preservar esa amistad, y la única forma que encontraron fue haciendo música, aunque juntos en los primeros años sonaran terrible. Ser amigo de muchos no es fácil, y mantener en el tiempo la amistad es una tarea llena de negociaciones diarias y tratos cotidianos que pocos están dispuestos a enfrentar. Y ellos lo hicieron, es más, apenas esa amistad se rompió, verán que la banda tiene que separarse, y los caminos musicales se disparan para otro lado.

Los Cadillacs mezclaron todo en una misma historia: ska, reggae, cumbia, salsa, rap, gordura, compromiso político (cómo olvidar cuando fueron convocados a tocar en el festival por los radicales –encubierto bajo el nombre de “Festival por la democracia”– y ellos se negaron a sentarse en la mesa de la conferencia de prensa, porque detrás había carteles de la Juventud Radical, y dijeron públicamente que no compartían la mesa con quienes votaron la Ley de Obediencia Debida), ser flacos de nuevo, rajar mana-gers, dedicarle un tema (... Los Cadillacs tocando para vos, Los Cadillacs tocando para vos...), separarse y... volver a juntarse para tocar y celebrar la amistad.

No es fácil ser, dejar de ser y volver a ser. Porque la pregunta filosófica de quién es uno cuando deja de ser lo que te construyó como persona no siempre tiene respuesta, y si alguien tiene la experiencia de salir ileso de tamaña impronta, tiene que celebrarlo y volver a buscar lo que fue. Porque eso mantiene vivos a los humanos y a los artistas. Y a los amigos.

No quiero ponerme serio ni dar mi opinión sobre Los Cadillacs, ni la gran historia que me une a ellos, que es desde los comienzos de ambos. Fui compañero y amigo de Sergio Rotman en la universidad en el ’84, cuando recién empezaban, y sufrí los primeros conciertos. Lo vi a Vicentico volar por los aires en un concierto, y al público correrse para que no se le cayera encima, para terminar en el piso y quebrarse todos los huesos.

Presenté todos sus discos y viví su historia casi paralela a la mía. Y acá estoy prologando su biografía escrita por alguien que los conoce bien, y que hizo un trabajo de investigación y lo presenta de forma amena y divertida. Porque realmente tiene momentos divertidos... y también de los otros, los tristes, que forman parte del crecer y, como dije, del ser. De eso trata la historia que está a conti-nuación. De ser, dejar de ser e intentar ser nuevamente.

Una buena vida de amigos, que no es poco.

Los primeros integrantes

Ya en Buenos Aires, los primeros en hacer música fueron Flavio y Aníbal, quienes eran compañeros de colegio en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE). Sus padres les habían obsequiado guitarras acústicas, de manera que formaron un dúo llamado Mantra.

Los primeros ensayos

Los primeros ensayos ocurrieron una vez por semana en una de las doce salas que había en una casona ubicada en la calle Tucumán y Junín, donde también ensayaba la última formación de Los Abuelos de la Nada. Gabriel Fernández Capello, a quien previamente habían prestado un cassette con algunas de las canciones que hasta el momento tocaba el cuarteto, se incorporó a la banda a partir del cuarto ensayo. A Gabriel le gustó el estilo, según manifestó, y decidió aceptar el convite de ir a un ensayo.

El debut

El primer show tuvo lugar en una fiesta organizada por un amigo de Aníbal aproximadamente dos meses después de que el grupo estuviera ensayando. Tocaron ocho temas, entre los que figuraban Blue moon, Put your head on my shoulder, Yananá, Tus tontas trampas, El mercenario y el cover de El inspector. En la mitad del show, Gabriel descolgó su guitarra y jamás volvió a tocar de nuevo en vivo, quedando sólo como cantante. Esta fue la primera presentación del embrión de Cadillacs 57 y la última para Carlos Kleppe, el primer baterista del grupo.

El debut de Los Cadillacs 57

Los Cadillacs 57 tocaron por primera vez junto a otros grupos frente a más de 30 personas en un festival organizado en el salón de actos del Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE). Aparecieron en último lugar tocando algunos covers (Tequila y Move on up en versión de The Jam) y música ska (El bañero, parecido a Yo quiero morirme acá), vestidos con sacos y gorritas. Este sería el primero y último show para Pablo Bufano.

(...) A partir de entonces Los Cadillacs 57 introducen la estética ska en sus presentaciones. Antes de que comenzara el mes de diciembre, Cadillacs 57 se presentó en la Facultad de Arquitectura de la UBA. Por un problema técnico se quemaron los amplificadores y, en medio de una sala repleta de gente, hubo que suspender el show.

El debut en Mar del Plata

En el verano de 1985 el sexteto viajó a Mar del Plata para intentar promocionarse. Al llegar se dividieron en dos grupos: Flavio y Luciano en la casa del primero, el resto en casa de Mario (donde acondicionaron una pequeña habitación como sala de ensayo) y Naco, un amigo que los acompañaba siempre, en un terreno.

El debut en Capital Federal

A los pocos días surgió una nueva presentación: el debut porteño de Cadillacs 57 fue en el local Blues el 14 de marzo de 1985. El local se encontraba colmado de gente y el dueño quedó tan sorprendido por la cantidad de público que le concedió al grupo dos nuevas fechas: 28 de marzo y 6 de abril. En la promoción realizada para este show desapareció el número 57 del nombre Cadillacs; el anuncio del suplemento de espectáculos del diario Clarín incluyó el adjetivo Fabulosos: Los Fabulosos Cadillacs.

Grabacion profesional

En septiembre, LFC entraron por primera vez en un estudio de grabación: El Jardín. Este registro incluyó Silencio hospital (editado en 1993 en el compilado Vasos vacíos), Belcha (versión más lenta que la conocida), Vos sin sentimiento (llamado entonces Como un imán) y Noches árabes, del grupo Día D, entre otros. Este último salió mal, Sergio Rotman se peleó con sus compañeros y abandonó el grupo. La casual transmisión al aire realizada por Tom Lupo dio a los Cadillacs una promoción inigualable, en un momento en donde resultaba muy difícil, para una banda nueva, acceder a los pocos programas especializados, entre los que se destacaban 9PM –un programa conducido por Lalo Mir–, el suplemento joven del diario Clarín y la FM Rock & Pop.

El primer contrato

Ya existía cierto acercamiento con algunas compañías discográficas cuando una reunión con dos productores tuvo lugar en un bar. Flavio: Tuvimos una reunión con Fabián Couto y Fernando Marino, quienes nos proponían ingresar a Interdisc y firmar un contrato. Luego fuimos nosotros solos a hablar con Pelo. El nos dijo que le gustaba el grupo y que, si era por él, firmábamos ya. Pero Mario, mucho más cauteloso que todos nosotros, dijo que había que estudiar el contrato. Bares y fondas fue grabado en los estudios Moebio en abril. El productor fue Daniel Melingo, de Los Twist. Paralelamente, Los Cadillacs se reunieron con el productor y representante artístico Carlos Rodríguez Ares, que tenía en su oficina a artistas como Los Abuelos de la Nada, Suéter, Virus, Los Twist, La Sobrecarga y Soda Stereo, entre otros. Daniel Melingo sugirió invitar al estudio al trompetista Serguei, que tocaba con la Hurlingham Reggae Band, Sumo y Los Twist, para que pusiera algunos solos en los temas En mis venas y en Basta de llamarme así.

El disco salió a la venta en julio de 1986 y los cortes de difusión fueron Silencio hospital, Yo quiero morirme acá y finalmente Belcha. Flavio Cianciarulo adoptó un título de nobleza inglés.

Yo no me sentaría en tu mesa

Un contrato firmado por el representante de la banda llevaría a Los Fabulosos Cadillacs a tocar en el Estadio Obras por primera vez en su historia, en el marco de un show organizado por la Juventud Radical que lideraba el político Jesús Rodríguez. (...) Pero la polémica comenzó un día antes, durante la conferencia de prensa en la que se anunciaba el recital. En el centro de la mesa se ubicaba el diputado Jesús Rodríguez y a cada uno de sus lados Horacio Calzón Flores, por entonces primer candidato a concejal metropolitano, y el titular de la Juventud Radical, Andrés Delich. (...) Rodríguez los convocó a través del micrófono: invito a los Fabulosos a compartir nuestra mesa. Entonces Vicentico apareció en escena respondiendo desde un costado: no nos sentamos en esa mesa porque detrás hay carteles de la Juventud Radical y nosotros no somos radicales. Y porque no compartimos ninguna mesa con quienes votaron la Ley de Obediencia Debida. (...) La noche del jueves 23 de julio de 1987 Los Cadillacs se presentaron en el Estadio Obras ante un público conformado en su mayoría por militantes de la JR, que los recibieron y acompañaron durante todo el show con una lluvia de escupitajos, objetos arrojados al escenario y un coro de silbidos.

Comienza el éxito

El 30 de enero de 1988, Los Fabulosos se presentaron en forma gratuita ante 25.000 personas en el Velódromo de la Ciudad de Buenos Aires, que sólo contaba con la seguridad de dos policías uniformados en la entrada. La repercusión de la banda cruzó el Río de la Plata: en febrero fueron invitados a participar en el Festival Montevideo Rock ’88, realizado en el Estadio Luis Franzini de la capital uruguaya el 28 de febrero.

El Show de ATC

El canal estatal argentino organizaba una serie de recitales que ponía en pantalla todos los martes en vivo y en directo desde un predio al aire libre que forma parte de sus instalaciones. El escenario fue armado frente a un lago e inmediatamente después, se ubicaba el público, que ingresaba en forma gratuita. A las 20 horas del 1º de marzo de 1988, cuando Los Cadillacs recién estaban probando el insuficiente sonido, las instalaciones ya estaban colmadas. Los organizadores calculaban –a esa hora– entre 5.000 y 7.000 personas que no tenían contención: inexplicablemente faltaban el vallado y personal de seguridad. Antes del inicio del show, ciertas facciones del público presente comenzaron a provocar avalanchas, empujones y peleas por mejor ubicación, al punto de imposibilitar la tarea de los camarógrafos: uno perdió su cámara, que cayó al agua. Mientras Los Cadillacs se preparaban para subir al escenario y tocar para más de 15.000 concurrentes y miles de hogares en todo el país, el canal ya había dispuesto que no se televisaría el recital, ni siquiera en diferido. Vicentico recibió un corte en la frente producto de un monedazo. “Nosotros no generamos violencia, la violencia está en la calle, en la gente que tiene hambre”, expresó el cantante.

Primer estadio Obras

Luego de recorrer varias provincias, Los Fabulosos llegaron a Paraguay y siguieron camino a Bolivia y Mendoza, anteúltima parada antes de presentarse por primera vez, el 18 y el 19 de junio, en el Estadio Obras.

Las 10.000 entradas se agotaron, teniendo que agregar una función más. Por primera vez, un grupo que provenía de otro camino musical al de los grandes del momento, llegaba al mítico estadio para consagrarse definitivamente. Como invitados estuvie-ron el percusionista y cantante tropical Willy Toledo, que el público conocía por el programa de Sofovich (ausente el domingo), y como presentador a Tom Lupo, a quien Los Cadillacs invitaron en agradecimiento al apoyo radial que comenzó en 1985.

Oficialmente, Gabriel Fernández Capello pasó a llamarse Vicentico a partir de una nota aparecida en la revista Magazine 220, a mediados de 1986. El diminutivo surgió a partir de un personaje llamado Albertico, en una novela de Verónica Castro.

Edición Impresa

Domingo 14 de Diciembre de 2008
Año III Nº 0321
Buenos Aires, Argentina