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entrevista exclusiva con el vicepresidente

“El problema es que Kirchner no cambió nada”, dispara Cobos

Mientras el oficialismo lo tilda de “desleal” por su voto “no positivo”, Julio Cobos contraataca al matrimonio presidencial con un tono cada vez más subido. Jura que está aislado de las decisiones del Gobierno, a las que en su mayoría critica, y vislumbra un escenario “complicado” para los K en 2009. Responde que son “chiquilinadas” los ataques que sufre y desafía a Cristina Kirchner al decir que “si es una mujer de la democracia”, no le puede pedir que renuncie. Además, le sugiere al ex presidente que sea más “moderado” porque su influencia sobre la gestión “no ayuda demasiado” a su esposa.

Por Sebastian Iñurrieta / Jorge Liotti

Presidente. PERFIL visitó a Cobos ayer en su despacho del Senado, durante las horas que ejerció el cargo máximo del país por el viaje a Chile de Cristina Kirchner.

“Ojo que en la foto no salga firmando un papel, si no se van a enojar.” Las risas que despertó la advertencia de la asistente del vicepresidente Julio Cobos demuestra que el humor aún está presente en ese despacho del Senado. El mendocino, en ejercicio de la presidencia por el viaje de Cristina Kirchner a Chile, recibió ayer al mediodía a PERFIL en su oficina del Congreso.

Allí avanzó varios pasos en su estrategia de diferenciarse sin ambigüedades del kirchnerismo, criticó varias de las medidas adoptadas por el Gobierno y expresó su preocupación por el futuro de la administración de Cristina Fernández.

—¿Aún se siente parte del Gobierno?

—Me siento parte sin poder opinar previamente de las acciones que se toman, ésa es la verdad. Trato de colaborar con mi humilde opinión ante las medidas que se anuncian, ése es el rol que puedo cumplir.

—¿Este “divorcio” es sostenible en los tres años de gestión que quedan?

—Eso se verá en 2011. Es complicado. Uno puede tener mayor o menor simpatía, pero no la de trabajar tan aisladamente. El compromiso lo asumí con la gente y trataré de sobrellevarlo. No le haría bien al país ni a nadie que me vaya. El vicepresidente es como la salud, se lo valora cuando se lo pierde (risas).

—¿Siente alguna presión para ir acorralándolo?

—Son gestos, actitudes, la no participación. Algunas visitas que uno hace, sabe que llegan mensajes al sector que se va a visitar. Son chiquilinadas. En un país serio esto no ocurriría.

—Como la frase de Kirchner: “Qué vicepresidente me pusiste, Néstor”.

—El principal perjudicado fue él. A la Presidenta también la afectó porque ella quedó como aceptando una imposición y él tomando una decisión que cree equivocada. No creo que eso le haga bien a un ex presidente ni ayuda en los momentos complicados que vive el país.

—El conflicto con el campo dejó otros díscolos en el PJ que luego se reencontraron con los Kirchner. ¿Por qué no se amigan con usted?

—Porque los necesitan en los distritos para encabezar las listas. Están dentro de un mismo partido. Quieren ser horizontales con los de su propio partido y pretenden ser verticalistas con los de otros partidos (risas). Debería ser al revés.

—¿Mantiene vínculos con algunos funcionarios?

—No... Bueno sí, no los quiero complicar diciendo que hablo con tal funcionario.

—¿El kirchnerismo muestra síntomas de agotamiento?

—El kirchnerismo necesita de cambios. Se está manejando igual que en la etapa inicial. Y lo que fue bueno en las primeras etapas es malo o insuficiente en otras. Se hablaba de una profundización del cambio, de una mayor institucionalidad, de acuerdos con el campo, con la industria, de diálogo... y de todo eso aún no hay señales.

—¿Es posible ese cambio?

—No depende de mí. Yo siempre he bregado por esto. Esa es la visión de cómo uno ejerce el poder. Para mí, hay que ejercerlo convenciendo, no imponiendo.

—¿Cree que la influencia de Kirchner afecta a Cristina?

—Debería ser más moderado, pero no creo que sea su intención. Con el afán de ayudarla, no la ayuda demasiado. El liderazgo político administrativo lo debe tener la Presidenta. No dejar lugar a dudas. No digo si lo ejerce o no, creo que ella tiene la inteligencia y la capacidad, pero no sólo tiene que serlo sino también parecerlo.

—La gestión parece manejarla Kirchner. ¿Qué cambió en él desde el año pasado?

—No cambió nada, ese es el problema. Es una etapa distinta. La Nación ya no puede hacer cordones, banquinas o viviendas. Tiene que delegarles los recursos a los intendentes. Debe estar en las grandes cosas.

—No se siente representado por el Gobierno...

—Por las cuestiones de forma, fundamentalmente. El país necesita políticas consensuadas.

—Se ha cansado de repetir que no renunciaría pero ¿si se lo solicita la Presidenta?

—Ella sabe, si es una mujer de la democracia, que no lo puede hacer. Sería un error.

—¿Regresaría a la idea del plebiscito?

—Surgió como una respuesta para frenar la embestida. Uno no es un ministro, la gente puede pedir que me vaya. Fue gritar un “vale 4” cuando cantaron “truco”.

—¿De qué sector se siente más cerca: de la UCR y Elisa Carrió, o de Felipe Solá?

—A este país hay que construirlo entre todos los que pensamos en forma similar. Me veo equidistante de ellos pero hay muchas cosas en común. Tengo diálogo con todos.

—¿Su partido, el CONFE, formaría parte de estas alianzas?

—O ellos formarían parte del CONFE (risas), que es otra cosa. Mi situación exige que no participe, pero tampoco puedo dejar a la deriva a intendentes o legisladores.

—¿Para 2009 no visualiza un acuerdo?

—En algunos distritos.

—¿Como ve la elección de 2009 para el kirchnernismo?

—Va a ser complicada. De seguir las cosas como están hoy. Hay que ver si no hay un viraje, un cambio de formas.

—¿En 2011 se ve como candidato?

—Lo único que quiero es terminar el mandato lo mejor

posible.

“El blanqueo no es una buena señal”

El paquete de medidas para alivianar el impacto de la crisis financiera mundial que envió Cristina Kirchner al Congreso la semana pasada obtuvo dictamen de comisión el jueves, así que los tiempos legislativos indican que el próximo miércoles será tratado en la Cámara baja para luego seguir su camino hacia el Senado. Siempre y cuando el kirchnerismo no tenga problemas para conseguir el número necesario de bancas para tratarlo.

Sucede que tanto la repatriación de capitales como la moratoria impositiva ya han generado críticas tanto dentro como fuera del oficialismo. Esta semana comenzó con un duro planteo de la diputada Vilma Ibarra y terminó con el portazo de dos piqueteros K que se fueron del Gobierno oponiéndose, entre otras cosas, al plan anticrisis oficial.

Una de las voces que vuelve a estar en la vereda de enfrente del Gobierno es la de Cobos. “La moratoria, para que no afecte a la cultura del esfuerzo, tiene que distinguir las situaciones particulares”, consideró el mendocino. Y explicó: “No hay que ayudar a aquellas empresas que fraguaron un balance para no pagar y que hoy están sometidas a un sistema penal tributario y decirles: ‘Hoy no pasó nada’. En un país fuertemente evasor como es la Argentina, no ayuda a mejorar esa cultura.”

La repatriación de capitales tampoco genera la total confianza del vicepresidente. “Nunca se puede permitir que venga cualquiera sin preguntarle el origen del dinero. Un empresario amigo me contó que en Miami están buscando argentinos para ofrecer plata para traer aquí. Nadie quiere que esto sea las Islas Caimán. Queremos que vengan a invertir, pero con dinero sano, que no esté contaminado”, opinó.

Finalmente, el tercer punto del paquete oficial, fomentar el blanqueo laboral, tampoco obtuvo la venia total del ex gobernador mendocino. “No creo que vaya a tener mucho efecto si del otro lado se insiste con la doble o triple indemnización”, señaló, recordando las últimas exigencias del líder cegetista Hugo Moyano.

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Críticas por el valor del dólar, el fin de las AFJP y Aerolíneas

—¿Qué fue lo mejor y lo peor de este primer año de gestión de Cristina?

—Lo peor fue extender tanto el conflicto con el campo. Siempre, a la larga, la responsabilidad es del Estado. Como cuando hay un paro docente, la responsabilidad es del que administra. Lo mejor es que a pesar de todo lo que ha pasado, se han mantenido las fortalezas del Gobierno en mantener el superávit, una balanza comercial positiva y en las reservas. Hasta ahora.

—¿Vislumbra dificultades para el año que viene?

—Si se gasta mucho para sostener el dólar, caen las reservas. Hay que trabajar mucho en la competitividad porque el dólar acá no está competitivo como sí ocurre en Chile o en Brasil. Hay que jugar con el tema retenciones, fue un paso que se dio ayer (por el anuncio de la Presidenta del jueves para reducir las alícuotas al trigo y al maíz). Por lo menos ahora se habla de las retenciones, antes era un tema tabú (risas). Más allá de estos incentivos al consumo, que están bien, hay que sostener al sector exportador porque es difícil ganar nuevos mercados y mantener los que se tienen.

—¿Está de acuerdo con un ajuste al tipo de cambio?

—El dólar tiene que ir acompañando la inflación o las tasas de interés. Recién ahora está permitiendo fluctuar un poco. En la Argentina tenemos malas experiencias con corridas por este tema. Pero el dólar se va a mantener estable cuando haya signos de confiabilidad. Este país necesita más medidas extraeconómicas que económicas, que tienen que ver con una mayor institucionalidad, la eliminación de la delegación de facultades, la discusión las leyes con mayor consenso y que el INDEC recupere la credibilidad. Se pueden anunciar muchas medidas, pero no sirven si no hay plena confianza. Hacia afuera se dieron señales que son buenas.

—¿Qué opina de la expropiación de Aerolíneas Argentinas?

—La imagen hacia afuera va a ser mala, pero no veo otra salida, porque la empresa no ha hecho nada por mejorar la línea.

—¿Y de la reestatización de las AFJP?

—Hay que asegurar que quienes van a estar en el sistema de reparto tengan un salario digno. Y hoy, la ecuación no da. Lo sano y lo lógico hubiera sido que de ahora en más los que están en el sistema de capitalización si se quieren quedar, que se queden. Todos sabíamos que el sistema de capitalización tampoco garantizaba un salario digno. Pero de esa manera, hacia afuera, dábamos la señal de que respetábamos la voluntad de cada uno.

—Entiendo por qué la Presidenta no lo quiere, usted le critica todas sus decisiones...

—Si uno estas cosas las discute previamente, puede llegar hasta la mitad de sus pretensiones. Pero me parece que hay que plantear con lógica algunas cosas.

Edición Impresa

Sábado 06 de Diciembre de 2008
Año III Nº 0318
Buenos Aires, Argentina