Perfil.com

PERFIL.COM Google
sociedad

requisa virtual

Para controlar a sus hijos, los padres ya no revisan cajones: violan sus PC

Quieren saber qué hacen y con quiénes se conectan en la redes sociales como Facebook, MySpace y Sónico. Muchos no entienden el mundo virtual, lo demonizan y temen por lo que hagan sus hijos en él. Otros aprenden sobre la Web para ponerse “en onda” y, de paso, espiar qué hacen. Hasta adoptan personalidades falsas y usan fotos de jóvenes para hacerse pasar por adolescentes y ser aceptados. Más que la pornografía, lo que les preocupa a todos es que se contacten con desconocidos y que después se encuentren en la vida real. La psicología advierte de los riesgos.

Por Brenda Focas

FISGONEO. El espionaje furtivo no es nuevo, es una continuidad del “analógico”; pero los adolescentes tienen tácticas de camuflaje.

“Sé que está mal espiar, pero Brian es tan tímido que cuando se encierra en su cuarto con la computadora y pasan las horas, pienso cualquier cosa. Hace poco me armé una cuenta en Facebook para entrar a su pagina y al menos así conocer a sus amigos virtuales”, confiesa Marta, una madre de 40 años. Brian tiene 15 y como muchos adolescentes, navega la mayor parte del día por los sitios de Internet, blogs, fotologs y ahora también redes sociales donde sube fotos, videos y música. Lo que no sabe es que esa apuesta joven de ojos celestes y curvas prominentes apodada “Maco”, no es otra que su mamá escondida virtualmente tras una joven fachada. “Cambié mi identidad para que me acepte y poder ingresar en su mundo, es la única forma que encontré”, dice Marta.

En una época donde todo es movilidad, cruce vertiginoso de información, y exposición mediática constante, los padres no saben cómo controlar los lugares por donde transitan sus hijos. Se acabó la era de revisar los cajones tratando de encontrar cartas de amor, drogas o revistas pornográficas; la generación Cumbio esconde y devela sus secretos en soportes on line. “Los padres de hoy tienen que seguir la vida de sus hijos a través de las redes, por ejemplo en MySpace. Si uno ingresa al espacio puede saber qué bandas de música le gusta, quiénes son sus amigos y hasta enterarse si tiene pareja”, dice Kelly Feller, Social Media-Manager de Intel, especialistas en redes sociales. “No sé si Joaquín cree que no sé cómo usar la red o no le importa, porque para mí es habitual ver su fotolog o su página personal. A veces tiene fotos que me parecen muy provocativas y se lo digo, pero no me hace caso. Creo que no es conciente de los riesgos”, admite Noemí, madre de un adolescente de 14. Para el psicoanalista Julio Moreno, miembro de la Asociación de Psicoanalistas de Buenos Aires, muchas veces la información que los padres recopilan on line tiende a generar más confusión porque “estas cosas están escritas en una jerga propia de la edad y sólo cobran significado dentro de un discurso que es compartido con los chicos”.

Pero el fenómeno no sucede sólo en el país. En el Reino Unido, según un estudio de la consultora Garik, el 75% de los padres controla las actividades de sus menores en redes sociales, un 25% reconoció haber entrado en secreto en la cuenta de sus hijos para vigilarlos, y el mismo porcentaje modificó sus propios datos personales para espiarlos. Para el doctor en comunicación e investigador de Conicet Martín Becerra, “todo este tipo de fisgoneo, de espionaje furtivo, no es nuevo, hay continuidades con el control analógico de los padres. Los adolescentes tienen tácticas para que no los encuentren en la Web, pero en la actualidad reina el exhibicionismo”. Los “ven” sólo si quieren ser vistos.

Algunos sitios ya optaron por tomar medidas de seguridad frente a la amenaza de la pornografía, la pedofilia y el grooming, modalidad que consiste en acosar y chantajear a chicos para pedirles que se saquen la ropa frente a la cámara web y tengan actitudes eróticas. Por ejemplo, en Sonico son auditadas cada una de las páginas personales y censurados los nicks falsos (nombres de famosos, apodos) o los mensajes de dating, para encuentros casuales. En el sitio de Disneylatino optan por enviar un mail a los padres donde les informan de la suscripción: “Deseamos informarle que su hijo/a se ha registrado (...). Si desea ver los datos de su hijo/a haga clic en el siguiente vínculo y tendrá la opción de modificarlos”. En boombang.tv, la página advierte que tiene un chat monitorizado y filtro del lenguaje con lo cual el sitio se cierra automáticamente tras alguna palabra relacionada con lo sexual.

Doble vida. “Para mí no hay diferencia entre lo real y lo virtual, creo que todo se puede compartir”, dice con inocencia Pelu, de 13 años. Pero duda cuando la pregunta incluye en el “todo” a sus padres, “no creo que ellos sepan cómo entrar a la red o a mi fotolog, tienen que conocer mi nick primero”. Así como Pelu, muchos son los que confían en sus interlocutores virtuales, o luego de una hora de chat se olvidan que están hablando con un desconocido. Pero hay exposiciones peligrosas, como poner fotos de la casa, escribir a qué colegio van, cómo está compuesta la familia, ingresar números de teléfonos o juntarse con amigos que conocieron por el chat.

“Los padres creen que los chicos están seguros porque están en la habitación, pero en realidad están navegando por el mundo, y es importante que haya un adulto que los ayude y supervise –explica Teresa Apesteguía, directora de la Comisión de Seguridad Infantil de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico. Y agrega: “Ellos dan información personal porque creen que la otra persona es su par y no les va a hacer daño. Las redes suponen un gran beneficio para las relaciones pero hay que tener las precauciones necesarias, por eso padres y maestros tienen que educar también en este sentido”.

Sigue

Amigos de alto riesgo

El sitio segu-info.com.ar realizó un estudio que demostró que los usuarios de redes sociales no se preocupan en chequear datos a la hora de sumar “amigos” a sus páginas. La prueba consistió en invitar a 100 mujeres usuarias de Facebook, de entre 13 y 30 años, a agregar un contacto desconocido, sin foto y con un nombre claramente ficticio. El perfil creado como prueba sólo mostraba dos datos: se trataba de una persona del sexo masculino nacido el primero de enero sin especificar el año. Del total, 47 aceptaron la invitación sin entablar ningún contacto previo por correo o chat. La mayoría que accedió eran menores de entre 13 y 17 años, muchas de ellas en su perfil brindaban información sobre su fecha de nacimiento, intereses, correo electrónico, sitio web personal (con fotos) y su teléfono móvil. “Hay un fenómeno social de medir la fama personal por la cantidad de contactos o comentarios, sin importar quiénes son realmente”, dice Cristian Borgello, director del sitio.

Edición Impresa

Domingo 23 de Noviembre de 2008
Año III Nº 0315
Buenos Aires, Argentina