
Para no asustar con el título “Sade en Kirchner”, empezaré recordando que en abril de 1963 Jacques Lacan escribió como prefacio del libro de Sade, La filosofía en el tocador, el ensayo Kant avec Sade, traducido como “Kant con Sade” e interpretado como “Kant es Sade” o “Sade en Kant”.

“Puede que haya suspensiones”, dijo Néstor Kirchner el jueves pasado. El ex presidente en funciones debería saber que las suspensiones son parte de la realidad de miles de empleados del sector automotor y del sector de la carne en el que, además, hay despidos.

Ahora que se fue a Washington y al Maghreb, debe decirse que hay algo en el fondo sano y positivo en esto que hace Cristina Fernández. Recibe y saluda a los extranjeros y sale de viaje por el mundo. Ese lugar de ella es donde el rústico primitivismo de su marido queda expuesto.

Dicen que los egipcios inventaron ese género escultórico, que los etruscos lo perfeccionaron, que lo sublimaron los griegos y que los romanos, convertidos en aplastante imperio, abusaron de él, como de tantas otras cosas, para dejar bien en claro que siempre iban a dominar el mundo.

En un país tan entretenido como la Argentina, donde nadie está a salvo, el poder real tiene, al menos, un par de detalles a favor: cierta tradición nativa en impunidades varias y un ejército de fusibles humanos listos para saltar en caso de peligro.

Luego de la grotesca inauguración –que pareció la de una unidad básica– y una vez que se hubieron retirado los funcionarios, el Festival de Cine de Mar del Plata comenzó a funcionar regularmente. Con su fiel audiencia de jubilados y estudiantes, la muestra sigue cumpliendo una función esencial.

Me habré convertido en columnista? Quiero decir: desde hace cierto tiempo me dedico a leer con sumo placer a columnistas, cronistas, articulistas, y otros representantes de los antiguamente llamados géneros menores.

La reunión del G-20 en Washington establece las líneas fundamentales de una nueva estructura de gobernabilidad global, tras la agudización de la crisis financiera estadounidense y el sumergimiento de la tríada del capitalismo avanzado (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) en una recesión con características deflacionarias.

Hay algo entre gracioso y patético en cierta insistencia del periodismo cultural, que pretende reforzar el atractivo de un artículo o captar la atención del lector poco entendido (es decir, el menos interesado en leer suplementos literarios o revistas de cultura) presentando a un escritor como “eterno candidato al premio Nobel”.

Obama necesita que los norteamericanos compren autos. Kirchner necesita que los argentinos compren… pesos.Pero así como una fábrica de autos puede decidir cuántos autos fabrica, pero no cuántos vende, un Banco Central puede decidir cuántos pesos emite, pero no cuántos pesos quiere la gente. Y paso a explicar.

La incertidumbre alimentada por la crisis global envuelve el ambiente preelectoral en la Argentina.
La reapertura de la causa por el asesinato de José Ignacio Rucci contribuyó a que se formularan diversas hipótesis acerca de quiénes fueron los autores del crimen.
La realidad no tiene forma, salvo la que le otorgan nuestros sentidos. En ese punto, no somos los reyes de la percepción: carecemos del olfato de las bestias de presa; apenas tenemos dos ojos cuando la mosca tiene un espectro diamantino de diez mil; escuchamos casi nada, menos que el perro del vecino.
Voy camino a un cementerio en Madrid siguiendo los pasos de Carlos Ma. Ocantos, el escritor argentino del que poco o nada se sabe. En el camino me desayuno de las noticias: la primera plana de todos los diarios anunciaban que el juez Garzón estaba a punto de conseguir la exhumación de los restos de García Lorca.