
El ex banquero, que a su vez fue denunciado por el JP Morgan por administración fraudulenta de dinero de terceros, ingresó en el mundo de las finanzas hace 17 años –trabajó en varias entidades como el Deutsche Bank, la Unión de Bancos Suizos (UBS) y el JP Morgan– y lo abandonó en junio de este año, cuando se presentó ante el juez federal Sergio Torres contando su historia, lo que le valió un breve lapso de detención, tres causas en los tribunales de Comodoro Py y un pedido de extradición de los Estados Unidos.
Relató que “en enero de este año nuestros jefes nos anticiparon que la economía norteamericana estaba en rojo, que los brokers como Lehman Brothers no llegaban a diciembre, de modo que había que operar contra ellos, y nos exigieron que cada uno aportara clientes nuevos por US$ 150 millones”. Con estos datos, que según el ex banquero no fueron compartidos por los tomadores de papeles, mayoritariamente AFJPs, el Morgan colocó en la Bolsa porteña acciones de diversos bancos y empresas (Macro, Consultatio, Grupo Clarín), que perdieron un 70% de su valor.
—¿Les faltaba información a las AFJP?
—En los 90 echaron a todos los gerentes financieros de una AFJP porque descubrieron que habían cobrado coimas de los bancos. El procedimiento es fácil: supongamos que una aseguradora de fondos quiere invertir en bonos. El portfolio manager busca precio, pero no compra en el banco que los tiene más baratos; lo hace en otro y pide un retorno, porque sabe que quien se lo vende va a cobrar un “bonus” a fin de año por esa transacción, y entonces le reclama su parte.
—¿Por qué no se denunció entonces a los sucesivos superintendentes de AFJPs?
—No sé, habría que investigarlo. Cuando yo trabajaba en banca privada y había una inspección del Banco Central, nos ordenaban no imprimir los estados de cuenta de los clientes en las oficinas. ¿Por qué sería? Siempre sabíamos cuándo nos iban a caer, no sé quién les avisaba a los jefes, pero estábamos preparados. Si quieren descubrir a quienes “negrean” la plata y la llevan afuera, que investiguen a los que hacen sólo banca privada, que son un puñado y están casi todos en el mismo edificio, por la zona de Catalinas. Averigüen para qué tienen tantos empleados si no son bancos de inversión. Por ahí salieron los US$ 150 mil millones negros argentinos en el exterior.
—¿Ese dinero está volviendo?
—Quizá, porque ahora te cobran US$ 5 mil de tasa de cambio por cada US$ 100 mil que quieras entrar y hasta hace poco se pagaban US$ 800. Eso es oferta y demanda. Pero el que vuelve es el pequeño ahorrista de entre US$ 50 mil y un millón de dólares. Lo que trae lo mete en una caja de seguridad, una propiedad o su casa, pero el grande no la trae más.
—¿Qué opina de la estatización de las AFJP?
—Sus fondos están detrás de los créditos al consumo, como en Estados Unidos estuvieron tras los hipotecarios. Cuando la recesión llegue aquí y se dejen de pagar los plasmas, tal como pasó con las casas allá, los perjudicados van a ser los afiliados.
Extradición pendiente
La Justicia de los EE.UU. reclama la extradición de Hernán Arbizu en un expediente que está en manos de la Justicia Federal.
En junio, el banquero se autodenunció por administración fraudulenta ante el juzgado de Sergio Torres, de donde se desprendió una tercera causa: “JP Morgan s/lavado”, donde fue denunciado por sus ex empleadores, radicada ante el mismo magistrado.
Las tribulaciones de Arbizu, según su propio relato, comenzaron cuando, para captar un cliente, le prometió una rentabilidad superior a la que la UBS, donde trabajaba por entonces, podía darle.
Para cubrir ese bache, retiró dinero de la cuenta de unos clientes del mismo banco, quienes advirtieron, dos años después, que les faltaba una fuerte suma. Arbizu ya se desempeñaba en el JP Morgan, por lo que giró dinero de la cuenta en el exterior.