
Más allá de la polémica por la custodia del lugar que se desató con el ministro de Justicia y Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, los efectivos de Gendarmería volvieron a la zona. El mismo día de su desembarco, PERFIL recorrió los laberínticos pasillos para adentrarse en el polémico asentamiento, considerado el más antiguo de la Argentina y uno de los más peligrosos del Conurbano.
Baldosas en el barro. En la intersección de la calle Intendente Neyer con la avenida Andrés Rolón, surge un pasillo, como tantos otros, que es la entrada al asentamiento. Los pasajes se angostan a los pocos metros y las curvas y contra curvas son una constante. También hay espacios vacíos, por la demolición de algunas casillas de quienes fueron beneficiados con la adjudicación de viviendas de los programas nacionales.
Integrantes del Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas, que trabajan en la zona, aseguran que en La Cava viven alrededor de 12 mil personas y que hay cerca de 2 mil casillas. Esta población se suma a las que ya están viviendo en los planes de vivienda. A uno de los complejos lo llaman “La Angelita” porque así le decían al padre del puntero político del PJ que facilitó varias entregas.
En diferentes tramos hay pasillos de baldosas colocadas directamente sobre el barro, fieles testigos de la estrecha relación entre la villa y los políticos. Paradójicamente, la mayoría dice “Gestión Posse 1994 y 1995”, época en la que Melchor Posse, padre del actual jefe comunal, gobernaba el distrito. Pero este tipo de propaganda no es nuevo. En la villa hay algunos baldosones con fecha de 1959. Muchos vecinos del barrio recuerdan indignados cómo durante la última campaña recibieron las visitas de varios políticos como Roberto Lavagna y hasta de la presidenta Cristina Kirchner, pero después ya nadie se acuerda de ellos.
Realidades paralelas. “Que dejen de nombrarnos. Cada vez que necesitan votos o prensa mencionan a La Cava”, se queja una de las colaboradoras de la Parroquia Nuestra Señora de La Cava. Noemí Vázquez, presidenta de la Fundación La Nona, se muestra indignada por lo que ocurre por estos días. “¿Por qué tanto circo ahora? Entiendo el dolor de ellos, pero yo fui víctima de la inseguridad también.” Explica que hace un tiempo tuvo un problema con una de las bandas más peligrosas del barrio, conocida como Los Silva, que operaban en La Cava Chica. “En el 2002, la policía llevó a mi hijo de testigo en un allanamiento. Acá todos saben dónde vive cada uno. A los tres meses, uno de esa familia le disparó en el estómago. Lo iba a rematar en la cabeza, por suerte los vecinos lo defendieron.”
El recorrido llega a su fin. Un pasillo termina en un acantilado por encima del sector “20 de Junio”, una de las ocho subzonas en las que se encuentra dividida la villa, que tiene una superficie equivalente a 24 manzanas y está delimitada por las calles Neyer, Rolón y Tomkinson. El camino culmina en la calle Pasaje Alvarado, rodeado de enormes paredones con alambre de púa. Del otro lado, el contraste de los jardines y las piletas de natación de las casas quinta.