
El ranking surge de un reciente estudio elaborado por investigadores de Conicet, basado en el Censo 2001 y actualizado, que analizaron desde diversos ángulos y durante tres años toda la geografía del país. Las variables que se tomaron en cuenta y se promediaron son nivel de educación, salud, mortalidad infantil, vivienda y sanidad, así como riesgos ambientales y atractivos paisajísticos. “Calidad de vida significa tener lo que la mayoría de la sociedad considera necesario de acuerdo con una escala de valores promedio”, explica el geógrafo Guillermo Velásquez, a cargo del estudio Geografía y bienestar, editado por Eudeba.
Las diez “mejores” se distribuyen entre la provincia de Buenos Aires, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Son urbes que presentan un bienestar superior en relación con el resto del país. Punta Alta lidera el podio con un promedio de 8, 84, y sus habitantes no se sorprenden de que así sea. “Este lugar gira en torno a la familia, al mar y al campo”, cuenta Diego Schmidt, un residente de 30 años. La ciudad, de 60 mil habitantes, localizada a pocos kilómetros de Bahía Blanca, tiene una importante proporción de sectores residenciales de categoría media y media-alta, y carece de villas y asentamientos periféricos significativos. “La reactivación del puerto hizo que mejore mucho la economía. La zona es muy tranquila, todavía hay gente que se va al almacén y deja la puerta abierta”, cuenta Ana María Ilacqua, una ex docente que vive allí hace 50 años. Hay un alto nivel de educación. Cuando daba clases y venían chicos de otros lugares, se notaba la diferencia”, asegura Ana María.
La segunda mejor ponderada es Monte Hermoso, ciudad balnearia donde muchos habitantes de los alrededores pasan sus vacaciones. Viven cerca de 5.500 personas y muchos bahienses suelen tener segunda residencia allí. Los montehermoseños están encantados con su ciudad, y aseguran que se sienten en una isla. “Vivir en esta comunidad es un placer. Los que venimos a buscar trabajo y tranquilidad decimos que este es el paraíso, porque por suerte hay trabajo y las bellezas naturales hacen que la vida sea distinta”, cuenta orgulloso el periodista Juan Faccendini.
Río Grande, que está cuarta, ostenta un buen nivel de vida y una bonanza económica que la convirtieron en polo de atracción para migrantes. “Aca viene cada vez gente de otras provincias, pero eso también trae inseguridad”, dice Augusto Britos, un antiguo residente.
Las ciudades con mejor calidad de vida son áreas que disponen de servicios e infraestructura donde la población está mayormente contenida en el sistema productivo: más del 75% tiene cobertura social, y hay más de un 5% de universitarios, en un contexto nacional donde casi el 10% no terminó la primaria. Además, las viviendas están equipadas y son confortables y menos de un 20% sufren hacinamiento.
“A pesar de su mejor situación relativa estos lugares no constituyen ‘islas’; muy por el contrario, están sometidos a los intensos procesos de fragmentación social que tuvieron lugar en la Argentina”, aclara Velásquez. Y agrega: “este trabajo también sirve para mostrar la disparidad que existe en el nivel de vida o bienestar entre argentinos, lo que es un primer paso para paliar los grandes abismos”.
Lo peor, en el norte
El estudio también reveló cuales son las ciudades con las peores condiciones de vida en el país. Las diez primeras se concentran en Jujuy, Salta, Chaco y Formosa, y muestran cifras escalofriantes. En estas comunidades hay más del 80% de la población sin obra social, prácticamente no residen universitarios y más del 50% no completó el nivel primario. El 90% de sus viviendas carece de retrete y más del 60% de sus habitantes vive en condiciones de hacinamiento. Entre las peor posicionadas están General Mosconi (Formosa), Santa Victoria (Salta), Santa Sylvina (Chaco) y Rinconada (Jujuy). “Hay situaciones preocupantes de pobreza y de miseria estructural que se transmiten y retroalimentan a través de las generaciones. Este círculo vicioso determina una precoz formación de las familias, con temprana inserción laboral y baja capacitación”, dice Velásquez. Si bien no figuran en el ranking de las diez peores, varias localidades del Gran Buenos Aires, como Florencio Varela, Moreno, Ezeiza o José C. Paz, mostraron en los últimos años un empeoramiento notable. “Mientras el índice de calidad de vida para 1991 oscilaba entre 0,09 y 10 puntos, en 2001 lo hacía entre 0,00 y 10. Y sigue empeorando. Lejos de lograr mayor equidad, las sucesivas crisis y la exclusión social hacen que día a día la calidad de vida se deteriore, dice el estudio.