
Con este derrotero, Cristina Kirchner cerró ayer su visita de seis días con un encuentro con Pamela Cox, la vicepresidenta del Banco Mundial para América latina. Mientras Barack Obama y John McCain comenzaban el primer debate televisivo, la delegación argentina se subía al avión que esta mañana aterrizará en el país (ver recuadro).
Al anuncio del pago al Club de París, el oficialismo intentó sumarle otro guiño a los mercados internacionales apenas comenzó la agenda oficial en Nueva York: la reapertura del canje de la deuda que el país mantiene con los bonistas que no ingresaron al canje de 2005. El lunes, ante empresarios reunidos en el Consejo de Relaciones Internacionales, la jefa de Estado afirmó que recibió una oferta de tres bancos para contener a esos acreedores.
A medida que la noticia se diluyó, las dudas comenzaron a surgir. Por lo pronto, el Ministerio de Economía no maneja ningún tipo de plazo para responder la oferta del Barclays, del Citigroup y del Deutsche. Incluso un integrante de la comitiva reconoció a la agencia oficial Télam que llevará “el tiempo que tenga que llevar”. Por estas incertidumbres, las calificadoras de riesgo crediticio aún desconfían y no mejoran la evaluación del país.
Se cuela Antonini. El martes, al día siguiente del anuncio a los bonistas, llegó el turno del estrado más importante del viaje de Cristina: su discurso ante la 63ª Asamblea de las Naciones Unidas. Como su esposo el año pasado, CFK apuntó contra Irán por las 85 muertes que dejó el atentado a la AMIA y reiteró el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas.
Horas más tarde, el venezolano Antonini Wilson subía a otro estrado, el del juicio en Miami, y los casi 800 mil dólares se convirtieron en un tema tabú entre la delegación. Apenas el diputado José María Díaz Bancalari se limitó a denunciar una “operación política” orquestada por el FBI, en consonancia con la defensa que esgrimieron aquí los espadachines K Florencio Randazzo y Sergio Massa. En cambio, el matrimonio presidencial se llamó a silencio, como las otras veces que se recalentó el Valijagate.
Después de un miércoles destinado a actividades sociales, el jueves Cristina Kirchner soportó el incómodo momento que evita todo el tiempo en su terruño. En el Consejo de las Américas, la sorprendió una pregunta sobre la credibilidad del INDEC por la que desplegó una férrea defensa de la medición de la inflación oficial. Ni en Manhattan puede despegarse del polémico Guillermo Moreno.
La jactancia de la supuesta estabilidad económica argentina de la Presidenta tampoco fue bien recibida por los hombres de negocios en los Estados Unidos, desesperados porque el plan de salvataje de Bush tenga éxito. A la frase “el primer mundo se derrumba como una burbuja”, casi en sorna, la mandataria le sumó el “Efecto Jazz” y “los que tienen que tener un plan B son ustedes”.
El análisis presidencial era compartido por el resto de la comitiva. “El problema se plantea por premisas que los norteamericanos estimaban como inamovibles, pero que los mercados no los consideraban en esos términos. Como dijo la Presidenta, para producir riqueza, es necesario el trabajo”, evaluó ante PERFIL el ministro de Planificación, Julio De Vido.
Los encuentros. Con Bush apenas fue un saludo protocolar, pero el matrimonio presidencial logró exhibirse para la foto con Thomas Shannon, el hombre de la administración republicana que lleva la relación con la región. Desde hace semanas que la Cancillería negaba cualquier negociación para lograr ese encuentro, en medio de la creciente tensión bilateral por el caso Antonini.
Claro que Bush, que el 4 de noviembre tendrá sucesor, no se salvó de las críticas argentinas. “Lo que deberíamos pensar de un presidente de Estados Unidos es que tenga mayor comprensión y un prisma diferente para la relación con nuestro país”, subrayó el gobernador chaqueño, Jorge Capitanich, otro integrante de la comitiva.
De la hora que compartió con José Luis Zapatero en el lobby del Four Seasons, apenas “un minuto” –según el canciller Jorge Taiana– se le dedicó al tema Aerolíneas. El encuentro concluyó con una promesa de una visita de CFK a España para febrero.
Los 698 millones dólares de préstamo del Banco Mundial (ver nota relacionada) que logró el último día le vinieron como anillo al dedo.
*Desde Nueva York.