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En California, ya se imaginan el gran sismo que puede destruir todo

Hasta le pusieron fecha. En menos de dos meses, científicos, bomberos, policías, médicos y ciudadanos de la zona de la falla de San Andrés, al oeste de Norteamérica, se comportarán como si por fin hubiera llegado el gran terremoto que devastará toda la zona y que han bautizado como The Big One. Aunque aún no se puede saber a ciencia cierta cuándo ocurrirá en efecto, se busca alertar a la población y que cada uno sepa qué tiene que hacer ante la catástrofe, así como desterrar los principales mitos que todavía existen a su alrededor. El caprichoso comportamiento de las placas tectónicas.

Por Gabriela Manuli*

Desastres al por mayor. Los sismos causan gravísimos inconvenientes en los cinco continentes. En América, las zonas cercanas a la cordillera son las más afectadas, en Los

Es el 13 de noviembre de 2008. Son casi las 10 de la mañana. Un terremoto de gran magnitud está a punto de azotar Los Angeles. Minutos después, la ciudad está destrozada, las salas de emergencia colapsadas y los ciudadanos en pánico. Aunque lo parezca, no es el guión de la futura superproducción de Hollywood, sino un ejercicio de simulación que está llevando adelante un equipo de expertos de instituciones como el Laboratorio Sismológico del Instituto de Tecnología de California (Caltech), la Oficina de Servicios de Emergencia y el gobierno local. En las próximas semanas, la comunidad podrá practicar en tiempo real cómo manejarse frente al terremoto que, según alertan los científicos, es inevitable.

California y Alaska son los dos estados norteamericanos donde se registró la mayor cantidad de terremotos. En California, además, los daños serán incalculables. Esta zona, atravesada por la falla de San Andrés, experimenta miles de sismos de diferente magnitud todos los años. Ya pasaron casi 300 años desde el último gran temblor, y todo indica que pronto se repetirá la historia.

Futurología. Al hipotético terremoto se le asignó en forma arbitraria una fecha y una hora, y hasta las condiciones climáticas que lo precederán. Será un sismo de magnitud 7,8 en la escala de Richter que impactará en la falla de San Andrés.

Sin embargo, Kate Hutton, sismóloga de Caltech, pone las cosas en su justo término. “No se pueden precedir los terremotos. Nunca un científico pudo lograrlo, pero lo que sí se puede hacer, basados en datos científicos y probabilidades, es calcular el potencial de futuros sismos”, alertó una de las integrantes del equipo multidisciplinario que busca preparar el terreno para el próximo desastre.

Las jornadas de capacitación, planeadas para el mes de noviembre en la ciudad de Los Angeles, buscan reunir a todos los actores. En distintas acciones y dramatizaciones, ciudadanos, policías, bomberos y personal de emergencia simularán un escenario de catástrofe.

“Es increíble la cantidad de gente que puede predecir un terremoto después que éste ocurrió”, ironizó, en coincidencia, su colega Thomas Heaton, profesor de ingeniería y sismólogo. Pero aseguró que “un gran terremoto en la falla de San Andrés es altamente probable”. Según cálculos preliminares, el próximo gran sismo podría causar 2 mil muertes, 50 mil heridos y 200 mil millones de dólares en daños.

El Laboratorio Sismológico de California nació en 1921 y hoy es un importante centro de referencia para terremotos en Estados Unidos y en el mundo. Se dedica a la investigación, monitoreo y divulgación acerca de sismos. Una red informática le permite enviar información minuto a minuto (lugar, magnitud, futuros efectos, entre otros) y cualquier usuario puede acceder vía Internet a un mapa interactivo. También cuenta con un sistema informatizado abierto al público con estadísticas.

Daños colaterales. La mitología alrededor de los terremotos, aseguran los expertos, es infinita. Así, el imaginario popular construyó la idea de que, por ejemplo, los sismos suceden por la mañana bien temprano, que la tierra se abre o que hay una correlación con la temperatura y la humedad. “Lo primero que quiere saber la gente es la magnitud. Pero lo que no saben es que la intensidad es lo que realmente cuenta”, agrega Hutton. Para la experta, pasan a primer plano los verdaderos efectos en la población y no los guarismos científicos.

Una de las maneras que encontraron los sismólogos para educar y capacitar al respecto es crear un mapa interactivo que depende de los aportes de los propios damnificados. Mediante una serie de preguntas estandarizadas se va agregando y compartiendo información sobre los daños y cómo la población sintió el temblor.

La otra novedad, que está en sistema de prueba, es brindar información instantánea por mail o mensajes de texto. Así, es posible suscribirse al Centro de Notificación de Terremotos y recibir alertas o advertencias del barrio, ciudad o estado. Toda la energía está puesta al servicio de que el próximo sismo sea un desastre, pero no se convierta en una catástrofe.

*Desde Los Angeles.

Edición Impresa

Sábado 27 de Septiembre de 2008
Año III Nº 0298
Buenos Aires, Argentina