No todos los días se ve a Carlos Avila lucir un saco de pana azul brilloso y corbata haciendo juego, o a Nelly Arrieta con una cartera en forma de sandía y “detalles frutales”–banana, uvas y ananá– en su vestido de Bogani que competían con su collar y aros de topacios y brillantes; o a Alberto Rodríguez Saá bailando el twist y esquivando diplomáticamente los lances de un par de señoras de pasadas cuatro décadas. Pero la cena anual de la Fundación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes demostró, una vez más, que todo lo puede. La “kitsch fest” en el Roof Garden del hotel Alvear aportó –con la ambientación de Gloria César– la estética propia de esa corriente artística, capaz de combinar las expresiones más...... pretenciosas y exageradas con lo anticuado y hasta limitando con el mal gusto. Como no podía ser de otra manera, Nelly fue la encargada de ultimar cada detalle, e incluso algunos aseguraban que de una vez por todas ésta tiene que llamarse “la fiesta de Nelly”, teniendo en cuenta la cantidad de familiares que asisten –y trabajan en la organización– y que finalmente es ella el alma máter de la celebración. De sus hijos, esta vez sólo estuvo ausente Santiago, ya que su mujer Carolina está por dar a luz a su quinto hijo.
Si bien hubo muchos que se relajaron y entregaron a la propuesta temática, otros prefirieron sumarse con apenas un detalle por demás discreto o ninguno como Mariano Grondona. Entre quienes no arriesgaron demasiado en el vestuario también estaban Santiago Soldati, Alejandro Bulgheroni y Ernesto Gutiérrez aunque luego compensaron su falta de arrojo en la pista de baile. Con su atuendo, Aníbal Jozami, empresario, coleccionista de arte y dueño de la Universidad Tres de Febrero, parecía salido de alguna escena de la película Scarface. La hazaña tuvo rédito: él y su mujer Marlize se llevaron uno de los premios al mejor vestuario. Sólo los superó Zelmira Peralta Ramos quien ocupó la pole position –y se llevó un importante premio de Charles Calfun– con sus calzas rosadas animal print, top de lentejuelas, camisa con volados dorados y pelucón. Mientras que Alejandro Reynal –“el más culto de la familia” como dijo Ginette desde el escenario– fue el único de todos los invitados que contestó correctamente la trivia sobre arte kitsch y se ganó dos pasajes a París con estadía incluida. Otro ganador presente fue Santiago Lange, el regatista que se llevó el bronce en Beijing 2008: se sentó en una mesa sólo para damas, junto a su novia Paula D’Elía, y, por supuesto, no dijo una palabra, sus “nueve acompañantes” hablaron toda la noche. En esa mesa como en el resto, se disfrutó con entusiasmo del pato que preparó Jean-Paul Bondoux, de La Bourgogne. Detalle: si bien lo kitsch era la consigna, para muchos –tanto para los invitados cool como para los conservadores– servir esa delicatessen algo delgada en platos plásticos Made in China ya era demasiado. Después de todo, el cubierto a beneficio era de 450 pesos. En otra mesa, se comentaba que en breve llega el príncipe de Bélgica en misión comercial con setenta empresarios, y que se queda en el país por tres días.
Ginés González García le está tomando el gusto a esto de ser el centro de la fiesta. La semana pasada recibió con un buen cóctel en su morada chilena a Daniel Scioli y a una importante comitiva argentina. Y hace pocos días, esta vez en Buenos Aires, el ex ministro festejó su cumpleaños en un local de Brasil 50. Amante de los sándwiches, Ginés ofreció unos muy jugosos de lomito, siempre observado de cerca por Alberto Cormillot, amigo personal y referente en materia de nutrición del instituto de formación Isalud dirigido por el embajador en Chile. El cumpleañero comentaba contento un encuentro que mantuvo con Michelle Bachelet, a quien le solicitó la cesión de un terreno lindero a la Embajada argentina en Santiago, para montar allí un centro cultural. El asunto estaría casi cerrado, dijo. Entre quienes escuchaban estaban Alberto Iribarne, Eduardo Amadeo, Graciela Giannettasio, Antonio Cafiero, Miguel Gallardo, responsable del Registro Automotor, y Martín Granovsky.
El hombre no se resigna: desde hace varias semanas les pidió a algunos colaboradores y fieles suyos que se montaran en los trenes bonaerenses para medir su intención de voto. Estos sondeos, según le comentó al propio Néstor Kirchner, le dan 8 puntos en Capital Federal y cerca del 40 en La Matanza y zonas de influencia. Con estos pronósticos, Luis D’Elía sigue convencido de que octubre de 2009 será la chance para jugar su carta como candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires. Aunque lo niegue en público, sigue conversando en ese sentido con allegados de Partido Comunista para tratar de consensuar una lista.
Por momentos parecía más una fiesta corporativa de Petrobras que la organizada por la propia Embajada de Brasil para celebrar su fecha patria. La presencia de la compañía se notaba desde el indisoluble dúo de su presidente, Decio Oddone, con el diplomático “dueño de casa”, Mauro Vieira, ambos en igual rango de anfitriones. Entre los 1.500 invitados, la presencia –y altura– de Martín Lousteau –con su novia, de elegante camisa blanca– no pasó desapercibida; también estuvo su antecesor, Miguel Peirano. Después, entre la carpa ubicada en el jardín y los salones de la mansión –otrora Palacio Pereda– circularon, entre otros, Francisco de Narváez y su esposa, Agustina; José de Mendiguren, Oscar Camilión, Estela de Carlotto, Rosendo Fraga, Anthony Wayne, China Zorrilla, Cristiano Rattazzi y un efusivo Ricardo López Murphy explicando que era ilegal el uso de reservas nacionales para pagar al Club de París.
Entre tantos rumores y versiones disparados por el triple crimen y sus derivaciones, un hombre que conoce no sólo la causa sino también los roces internos entre el gobierno de Scioli y la Policía Bonaerense comentaba que el subsecretario de Seguridad provincial, Paul Starc, estuvo a punto de renunciar minutos después del hallazgo macabro en una zanja de General Rodríguez. Al parecer, Starc no estaba en la secretaría cuando supo de la aparición de los cuerpos, y pidió un auto oficial para ir hacia el lugar y ordenó que informaran del hecho al jefe de la Bonaerense. Pero como este último ya estaba en el lugar del hecho, Starc se molestó por enterarse último. Según se cuenta, minutos después presentó su renuncia irrevocable en el despacho de Carlos Stornelli, pero el ex fiscal logró retenerlo a duras penas.
El cavallista Guillermo Francos tuvo el desatino de decir lo que pensaba. El ex diputado, ahora en el directorio del Banco Provincia, dijo en voz alta que Guillermo Moreno les hacía “daño” a la economía y al Gobierno. Dicen que minutos después lo llamaron desde el despacho de Daniel Scioli para pedirle que se disculpara con el dueño de la inflación. Poco convencido, Francos obedeció: llamó por teléfono a Moreno y comenzó a esbozar una disculpa por sus dichos. Pero casi no tuvo tiempo de emitir palabra porque en cuanto logró comunicarse se presentó, e inmediatamente comenzó a escuchar toda una serie de palabras de tono subido del otro lado de la línea. Segundos después, el supersecretario de Comercio cortó el llamado con toda la sutileza que lo caracteriza.
Con el típico gusto francés del restaurante Ancient Combattant, Jorge Coscia festejó su cumpleaños con amigos, aunque no tantos. Estuvieron Juan Manuel Abal Medina, Víctor Ramos (hijo de Jorge Abelardo), Liliana Mazure (sucesora de Coscia en el INCAA) y Pepe Albistur, con su novia. Otro que cumplió años en la semana fue Diego Kravetz, pero el legislador kirchnerista no festejó porque está de viaje por Italia.
Luego de dar una conferencia junto a Aníbal Fernández para denunciar el incendio intencional de los trenes en Castelar, Carlos Stornelli decidió tomarse un descanso: el hombre fuerte de la seguridad en la provincia de Buenos Aires se fue a comer sushi al discreto restó Azul Profundo con dos amigos. Lo que sorprendió a los comensales al verlo entrar fue el atuendo elegido por el funcionario para su salida nocturna: el ex fiscal cambió corbata y traje por jogging azul y zapatillas deportivas.
Llegó con perfil bajo. Y pidió a su círculo íntimo mantener su visita al país en el mayor secreto posible. Es que las últimas denuncias por corrupción contra la empresa Siemens hechas públicas por el semanario alemán Der Spiegel le atribuyen el supuesto cobro de casi 10 millones de dólares por coimas. Y el ex ministro prefería evitar el acoso de los medios. Aún así, Carlos Corach no pudo lograr que su mediático y tostado rostro fuera reconocido al salir de paseo por Av. Libertador.
El Círculo Salvavidas de Palermo ya está sacando chapa de reducto PRO a juzgar por las frecuentes incursiones del denominado Grupo Palermo. Esta semana se los vio a Charly Araujo, la ex Banco Ciudad Mónica Almada y Christian Bauab compartiendo mesa con Oscar Moscariello (de cumpleaños el miércoles último, pero sin festejo), el consultor político Ignacio Bracht y el historiador Jorge Zenarruza. Invitado a disertar, Vicente Massot intercaló elogios al puchero casero –“mejor que el que preparan en el Jockey”, arriesgó– con análisis políticos. En este rubro, adujo que la decisión de CFK de pagar al Club de París era anterior a su asunción y el actual deterioro del Gobierno lo tornó imprescindible. Aún así, Moscariello se confesó esperanzado en que la decisión abriera el financiamiento para las obras de subterráneos porteños.
La Auditoría porteña está atravesada por una fuerte interna entre los gremios APOC y UPCN. Y esta disputa ha llegado a las paredes del edificio donde funciona el organismo. Ni los ascensores se salvaron. Lo que llamó la atención de todos los que trabajan allí fue que al revisar los videos registrados por la cámara de seguridad de uno de los elevadores, el que aparece pintando los muros es uno de los auditores designado por el Frente para la Victoria, Adriano Jaichenco, hombre de peso en UPCN. El caso, aseguran, llegará a la Justicia.
Volaban bajo, preparándose para aterrizar, cuando la voz en el radio les indicó que no podían descender en Corrientes y debían decolar hacia Resistencia. “No, llamalo a Juan Carlos a ver si nos deja bajar en su campo...”, insistió José Antonio Aranda a su acompañante con pocas ganas de acumular horas de vuelo. Y, dicho y hecho, la avioneta privada del vicepresidente del Grupo Clarín aterrizó a gusto en la pista privada que Juan Carlos Relats, dueño de la estancia Nueva Valenzuela, tiene en las hectáreas que trabajan para Arroz Gallo, en el corazón de Corrientes. Y el que menos podía creer todo lo que veía era el remisero del pueblo local que los esperaba, con su humilde Fiat en medio de un amplio paisaje con hangar, jets privados, una enorme mansión con vista al río y, quizá lo más sorprendente, asfalto que llegaba justo hasta la tranquera, ni un centímetro más.
Amalia Granata saltó a la fama por sus escandalosos romances. Sin embargo, nunca dejó de tener un trabajo decente. La última reunión de la mayor empresa de productos de venta domiciliaria, la encontró en el lobby del hotel Intercontinental arengando vendedoras. Sus compañeras le pedían que contara de sus romances con los famosos. Y ella les contaba anécdotas. Entre risas explicaba que Robbie Williams se quejaba del inglés de sus mails, pero que no era su culpa. La culpa, dijo, es del traductor de Google: “Le pones la palabra cariño y te la traduce rapiño”. “¿Cómo serán las ‘arrimas’ de Belén Francese en inglés?”, le preguntó una amiga, en los cómodos sillones de la planta baja del hotel.
Cuando soplaban los aires de rebeldía ruralista, amagaron con transformarse en bloque autónomo. Pero, finalmente, con las aguas más serenas, optaron por permanecer bajo el paraguas del FPV. Y ese fue precisamente uno de los temas excluyentes durante la cena que compartieron Felipe Solá, Gustavo Zavallo, Cristina Cremer de Busti, Jorge Montoya, Enrique Thomas y otros tantos diputados provinciales díscolos que votaron contra la 125. La cita fue en moderno restó de la calle Malabia donde no pasaron desapercibidos, pese a lo poco transitada que estaba la noche de Palermo. Como tampoco las promesas de Solá de caminar las provincias pensando en el 2011, pese a que públicamente lo siga negando.
Pese a los rumores que circularon sobre sus intenciones de cerrar algún acuerdo con el kirchnerismo para presentarse como candidato a diputado por Misiones, Ramón Puerta (que prepara un viaje a Estados Unidos) no guardó críticas hacia el Gobierno durante una cena en la parrilla Rosalía, en San Telmo. El blanco perfecto, en este caso, fue la decisión de pagar cash al Club de París. “Es increíble que la Argentina decida pagar una deuda que el acreedor dice que es más grande que el desembolso anunciado”, comentaba. El convite fue organizado por la agrupación Mi Argentina, comandada por Ariel Umpiérrez. Hubo pollo con papas fritas, y entre los presentes se destacaban Miguel Angel Toma, Teresa González Fernández y Archibaldo Lanús.