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educacion en decadencia

Los chicos superdotados se quejan de la falta de estímulos en la escuela

Tienen un coeficiente intelectual más alto que el promedio de los chicos de su edad y voracidad por aprender. Sin embargo, el sistema educativo público no los apoya ni estimula para que desarrollen sus capacidades. Como se aburren en clase, los maestros los catalogan como “conflictivos”, y para los funcionarios, “pueden arreglarse solos”. Los padres reclaman planes educativos especiales y salto de grado. Los chicos dicen que “sólo quieren aprender más”.

Por Desire Cano

Tomás. Tiene 6 años y le gusta la mitología. Además, canta en alemán, japonés e inglés. Su coeficiente intelectual es de 160.

Sofía, de 9 años, se arrancaba la piel de los dedos de los pies; Matías, de la misma edad, sufría de depresión; Cristian, de 7, lloraba todas las noches; mientras que Tomás, de 6, fue discriminado por sus compañeros y por la maestra, quien le afirmó que los gladiadores “no existieron”. Son algunos de los padecimientos de ese 5 por ciento de chicos superdotados que viven en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, y que se enfrentan a un sistema educativo que no los contiene, no los estimula, ni los apoya. De hecho, un proyecto de ley que contemple las direrentes necesidades de estos estudiantes duerme en los cajones de le legislatura porteña, mientras que en el resto del país tampoco se encara la problemática de estos estudiantes “con capacidades diferentes”. “Estos pequeños no están contemplados ni ayudados por nadie, porque no hay una ley de educación especial”, reclamó Alejandra, mamá de Sofía Terré. Sofía tiene un coeficiente intelectual de 145 –la media va de los 90 a los 110–, y a los 18 meses ya hablaba, reconocía colores y números. “Me gustaría que los gobernantes nos den más bolilla, que inviertan en nosotros, que somos el mañana”, disparó la nena.

El CI se calcula a través de una serie de test estandarizados que abarcan diferentes parámetros y que da por resultado un número. Por debajo de 69 es considerado “deficiente”, hasta 80 es “borderline”, la inteligencia normal está entre 90 y 110 y la superior hasta 120. De ahí, para arriba, ya se puede hablar de superdotados. Sólo una de cada 200 personas superan los 140.

El “futuro jugador de básquet profesional, presidente de la Nación y científico de la NASA” Ezequiel Marano de 11 años y 146 de CI, reveló que alguna vez se sintió mal porque “no lo entendían”. “No estoy estudiando todo el día, pero necesito que me den apoyo. Quiero aprender más”, dijo. Mónica, su mamá, sostuvo que la dificultad radica en que “la percepción colectiva y la de los funcionarios es que se pueden arreglar solos”. Y como los docentes “no están formados en el tema”, los catalogan como niños revoltosos, con falta de concentración y mala conducta. Lejos de eso, su problema es que se aburren.

Con un coeficiente intelectual de 145, Matías Duette (9), “inventor” y “experto en matemáticas” contó: “Había veces que me llevaba los autitos a la clase, porque como terminaba la tarea rápido sabía que me iba aburrir, me iba a poner a charlar y me iban a retar”.

La licenciada en Psicopedagogía Valeria Fontanals explicó que “si el ambiente no es propicio y no le dan lo que el pequeño necesita educativamente, puede llegar a haber mal comportamiento”.

La inteligencia superior supone un reto mayor, ya que requiere de planes educativos actualizados y especiales, personal capacitado y extra, pero sobre todo: interés y voluntad. “Cuando Christian, de 7 años y un CI de 160, pedía que le enseñaran más, la maestra lo castigaba, le sacaba el libro o le ponía bajas notas. Fue así cómo aprendió y no exigió más. A partir de allí levantó sus calificaciones. Insólito”, detalló Patricia P, su madre.

Explicaciones. La responsable de la dirección de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social de la Provincia de Buenos Aires, María de las Mercedes González, dio una explicación “de manual”. Dijo que “la escuela trata de incluir a todos los alumnos en la institución y les brinda todos los recursos humanos y económicos que tiene el establecimiento, para que el chico pueda estar en ella, aprendiendo y desarrollando ese potencial que tiene como sujeto”. O sea, nada.

Una buena. Mónica Muller, mamá de Lucas (12 años, 160 de CI)), tuvo más suerte. La Escuela Especial 501, de Guernica, la cual tiene en lista de espera a más de 20 casos de superdotación, actuó y elevó el tema. El resultado fue la resolución 124/06, en la que consta que es reconocido como “especial”. Lucas, quien sueña con ser un gran genetista, confirmó que nunca tuvo problemas, porque siempre le dieron lo que necesitó. Luego de pasar por varios test psicotécnicos y corroborar que su CI es de 159, Tomás (6), amante de la mitología y que además canta en alemán, japonés e inglés aclaró: “Me siento distinto y me tratan mal porque sé más. Mis compañeros me dejan de lado”. Claudia Fernández, su mamá, dijo con resignación: “Me cansé de golpear puertas y de reclamar”.

Edición Impresa

Domingo 07 de Septiembre de 2008
Año III Nº 0293
Buenos Aires, Argentina