
Rodolfo Dommanovich, licenciado en Ciencias Políticas y miembro de la asociación, está convencido de que Dios no existe, y trata a la religión como “la hegemonía cultural de una época”. Y recordó: “A los 12 comencé a discutir fuertemente con mis mejores amigos para defender mi postura. Desde ese momento empecé a revisar mis valores y a hacerme responsable de cada uno mis actos sin depender del perdón ni del castigo mágico”. Como él, Rodrigo de Arzave, de la misma asociación y especialista en computación, mantiene un pensamiento cientificista, en el que elige a la ciencia como el lugar donde “ir a buscar respuestas”. “A los 16 comencé a cuestionar a la Iglesia, ya que la veía contradictoria. El dogma anula la duda, la posibilidad de preguntar y cuestionar, y por eso decidí alejarme a pesar de que estoy bautizado y confirmado.”
Militancia. Argatea cuenta con 230 miembros y dos años y medio de vida. “Por primera vez los ateos empezamos a figurar como grupo individualizado”, consideró Ferreyra. “Es fundamental que exista un espacio de debate y solidaridad entre los no creyentes, en el que se puedan plantear dudas respecto al ateísmo, generando redes de contención y acción en todo el país”, agregó.
A pesar de su incipiente aparición en la vida civil, la asociación ya recibió reclamos de más de cuarenta personas para desvincularse de los registros de la Iglesia y tiene planeado realizar una campaña de difusión al respecto. “Todos fuimos bautizados, pero queremos que nos borren de los registros eclesiásticos”, reclaman.
También están trabajando en el terreno legal para poder denunciar, desde la ley, las intromisiones de la Iglesia en la vida laica. “Un caso reciente que apoyamos ocurrió en Salta –explica Rodrigo–, donde se quiso imponer la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.” Dos personas presentaron reclamos formales ante la oficina del INADI Salta pidiendo que el organismo tome postura acerca de esta cuestión.
Rodolfo sumó otro caso. Se trata de una compañera, de quien prefirió resguardar la identidad, que recientemente fue atacada por “negarse a mandar a su hija a las clases de religión de una escuela laica de Lugano”. La discriminación ante lo diferente es moneda corriente. “Ocurre con mayor intensidad en los pueblos del interior donde la educación es más tradicional que en las ciudades”, dijo Ferreyra.