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habla el hombre fuerte de rusia

Putin: Bush fabricó la guerra con Georgia para beneficiar a McCain

De acuerdo con el primer ministro Vladimir Putin, el presidente George W. Bush y sus consejeros “crearon deliberadamente este conflicto (con Georgia) para agravar la situación y generar una ventaja competitiva para uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos”, borrando de la agenda interna los problemas económicos y la guerra en Irak. En una entrevista con CNN, la más completa y profunda que haya dado a un medio occidental, Putin explica las razones de la política internacional de Rusia, que está decidida a volver a jugar un papel de primer orden en el mundo.

Por Matthew Chance*

Pregunta. “¿Quién fue el atacante y quién el atacado?”, dice Putin con relación al conflicto bélico con la vecina y pequeña Georgia.

—Mucha gente en todo el mundo, aunque usted ya no es el presidente de Rusia, lo ve como el principal responsable de las decisiones que toma Rusia. ¿Fue usted quien ordenó el ingreso de tropas rusas a Georgia y quien asumirá la responsabilidad por sus consecuencias?

—De acuerdo con la Constitución de la Federación Rusa, los temas de política exterior y de defensa están completamente en manos del presidente (Dimitri Medvedev). El presidente de la Federación Rusa estuvo actuando con sus propios poderes. Como se sabe, yo estaba en ese momento en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing. Este solo dato hace imposible que yo tome parte del proceso de preparación y toma de la decisión a pesar de que, por supuesto, el presidente Medvedev estaba al tanto de mi opinión sobre ese tema.

—Pero tampoco es un secreto para nadie que durante años usted ha estado alertando a Occidente para que tome con mayor seriedad las preocupaciones de Rusia sobre los asuntos internacionales. Por ejemplo, sobre la expansión de la OTAN, sobre el despliegue del escudo antimisiles en Europa del Este. ¿No fue este conflicto una manera de demostrar que en esta región el poder es de Rusia y no de la OTAN, es decir de Estados Unidos?

—Desde ya que no. Es más, nosotros no buscamos esos conflictos y no los queremos en el futuro. El hecho de que este conflicto haya tenido lugar, haya estallado de todos modos, es solamente debido a que nadie tuvo en cuenta nuestras preocupaciones. Le digo más: nosotros tenemos que asumir una visión más amplia de este conflicto. Pienso que tanto usted como nuestros lectores desde hoy estarán más interesados en comprender un poco más sobre la historia de relaciones entre las personas y los grupos étnicos en estas regiones del mundo. Porque la gente sabe poco o nada sobre este tema. Si usted piensa que esto no tiene importancia, entonces lo quita de la agenda. No lo duda. Está bien. Pero quisiera recordar que todas esas entidades estatales, cada una a su debido momento, integraron voluntariamente el Imperio Ruso. A mitad del siglo XVIII, entre 1745 y 1747, Osetia fue la primera en formar parte del Imperio Ruso. En aquel entonces, era una entidad unida; Osetia del Norte y del Sur eran un solo Estado. En 1801, si la memoria no me falla, Georgia misma, que estaba bajo cierta presión del Imperio Otomano, pasó voluntariamente a formar parte del Imperio Ruso. Fue sólo 11 años después, en 1812, cuando Abjasia se volvió parte del Imperio Ruso. Hasta ese momento, permaneció como un Estado independiente, un principado independiente. Fue recién a mediados del siglo XIX que se tomó la decisión de incorporar Osetia del Sur a la provincia de Tifilis. Al interior de un Estado común, el problema no fue considerado demasiado importante. Pero puedo asegurarle que el paso de los años mostró que a los osetios eso no les gustó mucho. Sin embargo, de facto ellos fueron puestos por el gobierno central del zar bajo la jurisdicción de lo que hoy es Georgia. Cuando después de la Primera Guerra Mundial el Imperio Ruso se desmoronó, Georgia declaró su propio Estado mientras que Osetia optó por quedarse dentro de Rusia. Esto pasó justo después de los acontecimientos de 1917 (la Revolución Rusa). En 1918, como resultado de esto, Georgia condujo una brutal operación de castigo allí y, en 1921, la repitió. Cuando se formó la Unión Soviética, por decisión de Stalin estos territorios fueron definitivamente entregados a Georgia. Como usted sabe, Stalin era étnicamente georgiano. Por lo tanto, quienes hoy insisten en que esos territorios deben continuar como parte de Georgia son stalinistas: defienden la decisión de Josef Vissarionovich Stalin. Sin embargo, más allá de lo que ha estado ocurriendo recientemente y de los motivos de quienes participan del conflicto, no hay duda de que todo lo que estamos viendo ahora es tragedia. Para nosotros, es una tragedia especial porque durante todos estos años en que estuvimos viviendo junto a la cultura georgiana, los georgianos, que son una nación de cultura ancestral, se convirtieron sin duda en una parte de la cultura multinacional de Rusia. Hay incluso en esto un tinte de guerra civil para nosotros, a pesar de que Georgia es un Estado independiente; no hay duda sobre eso. Nunca hemos infringido la soberanía de Georgia y no tenemos intención de hacerlo en el futuro. Incluso, considerando el hecho de que más de un millón de georgianos se mudaron a Rusia, tenemos especiales vínculos espirituales con ese país y con su gente. Para nosotros, ésta es una tragedia especial. Y le puedo asegurar que mientras se llora a los soldados rusos que murieron, y sobre todo a las víctimas inocentes, muchos rusos lloran también a los georgianos que murieron. La responsabilidad por la pérdida de vida recae enteramente sobre las actuales autoridades georgianas, que se atrevieron a tomar estas acciones criminales. Disculpe por el largo monólogo. Sentí que sería de interés decirlo.

—Es interesante que usted hable sobre la historia del Imperio Ruso en esta región, porque uno de los efectos de la intervención rusa en Georgia es que otros países de la ex Unión Soviética están profundamente preocupados porque piensan que ellos pueden ser los próximos; que pueden ser parte del resurgimiento del Imperio Ruso. En particular, países como Ucrania, que tienen una enorme población de etnia rusa, pero también Moldavia, los Estados de Asia central y algunos de los Estados bálticos. ¿Puede garantizarnos que Rusia no volverá jamás a usar sus fuerzas militares contra Estados vecinos?

—Le objeto la forma en que usted me formula esta pregunta. No se trata de que garanticemos que no vamos a atacar a alguien. No hemos atacado a nadie. Somos nosotros los que estamos demandando garantías al resto, para asegurarnos de que nadie nunca más nos ataque y que nadie mate a nuestros ciudadanos. Estamos siendo retratados como los agresores. Tengo aquí la cronología de los eventos que tuvieron lugar los días 7, 8 y 9 de agosto. El 7, a las 2.42 p.m., los oficiales georgianos que estaban en los cuarteles de las misiones de paz se fueron; se alejaron de los cuarteles diciendo que eso les habían ordenado sus superiores. Dejaron sus lugares de servicio y abandonaron a nuestros hombres de paz y nunca regresaron durante el período que precedió al comienzo de las hostilidades. Una hora después, artillería pesada comenzó con bombardeos. A las 10.35 p.m. empezó un bombardeo masivo sobre la ciudad de Tskhinvali. A las 10.50 p.m., fuerzas terrestres de la Armada georgiana comenzaron a desplegarse en la zona de combate. Al mismo tiempo, hospitales militares georgianos fueron desplegados en las proximidades del lugar. Y a las 11.30 p.m., el señor Kruashvili, brigadier general y comandante de las fuerzas georgianas para el mantenimiento de la paz en la región, anunció que Georgia había decidido declararle la guerra a Osetia del Sur. Lo anunciaron y lo publicitaron, mirando directamente a las cámaras de televisión. En ese momento, tratamos de contactar a las autoridades georgianas, pero todas se rehusaron a responder. A la 0.45 a.m., el 8 de agosto, Kruashvili volvió a repetirlo. A las 5.20 a.m., columnas de tanques de las fuerzas georgianas lanzaron un ataque sobre la ciudad precedido por fuegos masivos provenientes del sistema GRAD, y comenzamos a tener víctimas entre nuestro personal. En ese momento, como usted sabe, yo estaba en Beijing, y tuve la ocasión de hablar brevemente con el presidente de Estados Unidos. Le dije directamente a George Bush que no pudimos contactarnos con las autoridades georgianas pero que uno de los comandantes de las fuerzas georgianas le había declarado la guerra a Osetia del Sur. George me respondió que nadie quería una guerra. Esperábamos que el gobierno de Estados Unidos interviniera en el conflicto y parase la agresión de los georgianos. Nada de eso ocurrió. Es más, alrededor del mediodía hora local, en el sur de Tskhinvali, nuestros soldados tuvieron que retirarse hacia el centro de la ciudad, superados por los georgianos en un número de uno a seis.

Al mismo tiempo, la aviación de Georgia bombardeó la ciudad de Dzhava, que estaba fuera de la zona de hostilidades, en la parte central de Osetia del Sur. Entonces, ¿quién fue el atacante y quién el atacado? No tenemos intención de atacar a nadie y no tenemos ganas de ir a la guerra con nadie. Durante mis ocho años como presidente, a menudo oí la misma pregunta: ¿qué lugar se reserva Rusia para sí en el mundo; cómo se ve a sí misma; cuál es su lugar? Somos un Estado amante de la paz y queremos cooperar con todos nuestros vecinos y socios. Pero si alguien piensa que puede venir y matarnos, que nuestro lugar es el cementerio, debe entonces pensar en las consecuencias que esas políticas tendrá para él.

—Durante su presidencia, e incluso hoy, usted siempre gozó de una relación muy cercana al presidente de los Estados Unidos, George Bush. ¿Usted cree que su incapacidad para contener a las fuerzas georgianas en esta ocasión dañó esa relación?

—Esto ciertamente causó daños a nuestra relación, sobre todo a las relaciones entre los gobiernos. Pero no se trata sólo de la ausencia de capacidad del gobierno estadounidense para frenar a las autoridades georgianas en esta acción criminal; Estados Unidos además armó y entrenó a la Armada georgiana. ¿Para qué gastar tantos años en difíciles negociaciones para encontrar soluciones a los conflictos interétnicos? Es más fácil armar a una de las partes y empujarla a matar a la otra y terminar con el asunto. Qué fácil solución, en apariencia. De hecho, sin embargo, no siempre ése es el punto. Incluso durante los años de la Guerra Fría, la intensa confrontación entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, nosotros siempre evitamos todo tipo de choque directo entre nuestros civiles y nuestros militares. Además, tenemos serias razones para creer que hubo ciudadanos estadounidenses justo en la zona de combate. Si esto es así, si se confirma, es muy grave. Es una política errónea. Por eso, si esto es así, estos eventos podrían tener incluso consecuencias en la política interna de Estados Unidos. Si se confirman mis suposiciones, entonces hay motivos para sospechar que ciertas personas en Estados Unidos crearon deliberadamente este conflicto para agravar la situación y crear una ventaja competitiva para uno de los candidatos a la presidencia de su país. Si es así, esto no es otra cosa que el uso del llamado recurso internacional en política interior, de la peor forma posible, una que conduce al derramamiento de sangre.

—Estas son acusaciones pasmosas. Para que quede claro, primer ministro: ¿usted está sugiriendo que en el terreno de combate había agentes estadounidenses asistiendo a las fuerzas georgianas, quizás incluso provocando un conflicto para darle a un candidato presidencial en Estados Unidos algún tipo de ventaja?

—Déjeme que le explique…

—… Y si usted sugiere eso, ¿qué tipo de pruebas tiene?

—Le dije que si la presencia de ciudadanos estadounidenses en la zona de las hostilidades se confirma, esto significaría sólo una cosa: que ellos pudieron haber estado allí por órdenes directas de sus líderes. Si esto es así, significa entonces que en la zona de combate hay ciudadanos estadounidenses que están cumpliendo con sus deberes allí. Ellos sólo pueden hacer eso bajo órdenes de sus superiores, no por iniciativa propia. Los especialistas comunes, incluso si entrenan personal militar, deben hacerlo en centros de entrenamiento o en campos especiales para entrenamiento en lugar de en zona de combate. Repito: esto requiere de confirmación. Le estoy citando los informes de nuestros militares. Por supuesto, buscaré obtener de ellos evidencia ulterior.

Después de todo, ¿por qué le sorprende mi hipótesis? Hay problemas en Oriente Medio; la reconciliación allí es esquiva. En Afganistán, las cosas no van nada bien; más aún, los talibanes lanzaron una gran ofensiva y decenas de oficiales de la OTAN están siendo asesinados. En Irak, después de la euforia de las primeras victorias, hay problemas por todas partes y el número de muertos estadounidense alcanzó los 4 mil. Como todos sabemos muy bien, hay problemas en la economía. Hay problemas financieros; la crisis hipotecaria. Si bien estamos preocupados por esto y quisiéramos que terminase rápido, el problema sigue ahí. Una pequeña victoria militar es necesaria. Y si no funciona, lo único que queda es que la culpa recaiga sobre nosotros, usarnos para crear una imagen de enemigo y, tras el telón de este tipo de patriotería, ofender otra vez al país con ciertas fuerzas políticas. Me sorprende que usted se sorprenda de lo que estoy diciendo. Es tan claro como la luz del día.

—Suena un poco exagerado, pero me interesa porque yo estaba en Georgia en el momento del conflicto y el país estaba inmerso en un remolino de rumores. Uno de esos rumores es que personal estadounidense había sido capturado en áreas de combate. ¿Hay algo de verdad en ese rumor?

—No tengo ese tipo de información. Creo que no es correcta. Repito: les pediré a nuestros militares que provean información adicional para confirmar la presencia de ciudadanos estadounidenses en la zona de conflicto durante las hostilidades.

—Vayamos a las secuelas diplomáticas de este conflicto, porque muchos países ya están amenazando con acciones contra Rusia. ¿Cuál será la respuesta de Rusia si el país es aislado diplomáticamente como resultado de esta tensión entre Rusia y Occidente?

—En primera instancia, si es correcta mi hipótesis sobre la dimensión de política interna estadounidense del conflicto, entonces no veo por qué los aliados de Estados Unidos deberían apoyar a un partido político de Estados Unidos en contra del otro en la campaña de elecciones. Esta es una posición que no me parece honesta de cara al pueblo estadounidense en su conjunto. Pero no descartamos la posibilidad de que, como ya ocurrió antes, el gobierno de Estados Unidos será capaz una vez más de subordinar a sus aliados a sus deseos. Entonces, ¿qué hay que hacer? ¿Qué opción tenemos? ¿Deberíamos aceptar que nos maten para seguir perteneciendo al G-8(el grupo de países más industrializados)? ¿Quién va a quedar en el G-8 si todos nosotros somos asesinados?

Usted mencionó una posible amenaza desde Rusia. Usted y yo estamos sentados ahora aquí, manteniendo una tranquila conversación en la ciudad de Sochi. A unos pocos cientos de kilómetros de aquí, embarcaciones de la Marina de Estados Unidos se arrimaron, portando misiles cuyo rango es precisamente algunos cientos de kilómetros. No son nuestros barcos los que se acercaron a sus costas. Son sus barcos los que se arriman a las nuestras. Entonces, ¿cuál es nuestra opción? No queremos ninguna complicación; no queremos pelear con nadie; no queremos luchar con nadie. Queremos una cooperación normal y una actitud respetuosa hacia nosotros y nuestros intereses. ¿Eso es demasiado? Usted mencionó al G-8. Pero, en su composición actual, el G-8 en realidad no tiene demasiado peso. Sin invitar a la República Popular China o a India, sin consultarlos, sin influir en sus decisiones, es imposible el normal desarrollo de la economía mundial.

O, por ejemplo, tome el tema del combate contra las drogas, contra las enfermedades infecciosas, la lucha contra el terrorismo, el trabajo sobre la no proliferación de armamento nuclear. Si alguien quiere hacer todo esto sin involucrar a Rusia, ¿cuán efectivo sería

ese trabajo?

—Lo cierto es que usted ha mencionado áreas de cooperación entre Estados Unidos y Rusia, en particular, por ejemplo, acerca del tema del muy controvertido plan nuclear de Irán. ¿Usted está sugiriendo que retiraría su cooperación con Naciones Unidas para ayudar a Estados Unidos si la presión diplomática causara una ruptura entre Rusia y Occidente?

—Rusia ha estado trabajando muy consistentemente y de buena fe con sus socios en todos los problemas, los que yo mencioné y los que usted agregó. No hacemos esto porque alguien nos lo pide y queremos quedar bien con él. Lo hacemos porque es consistente con nuestros intereses nacionales, porque en esas áreas nuestro interés nacional coincide con el de muchos países europeos y de Estados Unidos. Si nadie quiere hablar con nosotros sobre estos problemas y la cooperación con Rusia se vuelve innecesaria, entonces ¡qué Dios los bendiga! Hagan el trabajo ustedes mismos.

—¿Y qué hay sobre el tema de la provisión de energía? Es obvio que los países europeos en particular están aumentando la dependencia del gas y del petróleo rusos. ¿Usará Rusia la provisión de energía a Europa occidental para aplicar presión si las tensiones diplomáticas crecieran?

—Nunca lo hicimos. La construcción del primer sistema de gasoducto comenzó durante los años 60, en el pico de la Guerra Fría, y durante todos esos años, desde 1960 hasta nuestros días, Rusia ha venido cumpliendo sus contratos en un modo consistente y confiable, más allá de la situación política.

Es verdad que los europeos dependen de nuestro aprovisionamiento, pero nosotros también dependemos de quienes compran nuestro gas. Eso es interdependencia; precisamente, es la garantía de la estabilidad.

Y ya que estamos hablando de cuestiones económicas, quisiera informarle sobre una decisión que será tomada en el futuro cercano. Déjeme decirle de entrada que no está relacionada de ningún modo con ninguna crisis, ni con la situación en Abjasia ni en Osetia del Sur. Son cuestiones puramente económicas. Durante cierto tiempo, hemos tenido un debate sobre la provisión de varios productos desde distintos países, incluyendo a Estados Unidos. Y, por supuesto, el debate es particularmente intenso, como regla, en lo que se refiere a productos agrícolas. En julio y agosto, nuestros servicios de sanidad hicieron inspecciones de plantas de Estados Unidos que abastecen nuestro mercado con carne de ave. Fue una inspección puntual. Reveló que 19 de esas plantas ignoraban las advertencias que nuestros especialistas hicieron en 2007. Esas plantas van a ser removidas de la lista de exportadoras de carne de ave hacia Rusia.Veintinueve plantas recibieron advertencias de que deberán, en el mediano plazo, rectificar la situación que nuestros inspectores sanitarios hallaron inaceptable. Esperamos que la respuesta sea rápida y que ellos puedan seguir proveyendo sus productos al mercado ruso. Déjeme decir una vez más que yo detestaría tener que poner estas cosas juntas: los problemas causados por situaciones conflictivas, políticas, económicas, la carne. Todas ellas tienen sus propias dimensiones y no están relacionadas.

—Primer ministro, esto podría ser interpretado en Estados Unidos como una forma de referirse a sanciones económicas.

—Esto no tiene nada que ver con política. Estas no son sanciones. Medidas como éstas fueron tomadas aquí en varias ocasiones en el pasado. No hay nada catastrófico aquí. Sólo significa que deberíamos trabajar juntos en este tema. Tenemos nuestras reglas. Si quieres exportar a nuestro mercado, tienes que ajustarte a nuestras reglas. Ellos saben todo al respecto. Se les dijo en 2007.

—A Estados Unidos no le gustará.

—A nosotros tampoco nos gustan algunas de las cosas hechas. Ellos tienen que trabajar más cerca con nuestro Ministerio de Agricultura. Esas cosas ya pasaron antes. Cerramos las plantas y luego las reabrimos. No sólo pasó con proveedores estadounidenses, sino también con brasileños.

—Para concluir…

—Podríamos seguir. No tengo apuro.

—Primer ministro, quizás a usted más que a nadie se le reconoce el haber recuperado un cierto grado de prestigio internacional para su país. Después del colapso de la Unión Soviética, luego del caos de los años 90, ¿está preocupado por estar desperdiciando ese prestigio internacional por sus acciones sobre Georgia?

—No nos gusta lo que estuvo pasando, pero nosotros no provocamos esa situación. Hablando de prestigio, el prestigio de algunos países quedó seriamente dañado en los últimos años. De hecho, en estos años, nuestros socios estadounidenses estuvieron haciendo culto del derecho a la fuerza en lugar del derecho internacional. Cuando nosotros tratamos de frenar la decisión sobre Kosovo, nadie nos escuchó. Nosotros dijimos: “No lo hagan, esperen. Nos están poniendo en una terrible situación en el Cáucaso. ¿Qué vamos a decirles a las pequeñas naciones del Cáucaso acerca de por qué la independencia puede conseguirse en Kosovo y aquí no? Nos están dejando como ridículos”. En ese momento, nadie estaba hablando del derecho internacional; sólo nosotros. Ahora, todos se acuerdan de él. Por alguna razón, ahora todos están hablando de derecho internacional. Pero, ¿quién abrió la caja de Pandora? ¿Fuimos nosotros? No, nosotros no lo hicimos. No fue nuestra decisión y no es nuestra política.

En derecho internacional hay dos cuestiones: el principio de integridad territorial y el derecho a la autodeterminación. Lo que se necesita es simplemente alcanzar un acuerdo sobre las reglas del territorio. Yo pensaría que, al final, el tiempo se encargó de hacerlo.

En cuanto a la percepción pública de los eventos que están teniendo lugar, por supuesto que no depende en gran medida de los políticos, sino también de cuán inteligentemente ellos manipulen a los medios; de cómo ellos influyen sobre la opinión pública mundial. Nuestros colegas estadounidenses son, por supuesto, mucho más hábiles en esto de lo que podamos ser nosotros. Tenemos mucho que aprender de ellos en esto. Pero, ¿lo hacen siempre de un modo democrático? ¿La información es siempre justa y objetiva?

Nosotros queremos vivir en paz y con acuerdos. Queremos tratados normales. Queremos trabajar en todas las áreas: en reforzar la seguridad internacional; en los problemas de desarme; en la lucha contra el terrorismo y las drogas; en el problema nuclear iraní; en el problema de Corea del Norte que está mostrando una tendencia alarmante. Estamos listos para todo eso, pero queremos que este trabajo sea honesto, abierto y hecho en colaboración, antes que

egoístamente.

Es un error convertir a cualquiera en un enemigo. Es un error asustar a la gente del propio país con ese enemigo y tratar de ganar algunos aliados con esa estrategia. Lo que necesitamos es trabajar abierta y honestamente sobre soluciones al problema. Queremos eso y estamos listos para ello.

—Volvamos a su aseveración acerca de que Estados Unidos causó la guerra. Diplomáticos en Estados Unidos acusan a Rusia de provocar la guerra por apoyar a los separatistas en Abjasia y Osetia del Sur, armándolos, incrementando sus fuerzas en los territorios y reconociendo sus instituciones. Básicamente, dándoles luz verde para seguir adelante y operar de facto. ¿No fue Rusia la que realmente causó este conflicto?

—Este conflicto comenzó en los años 90 por la decisión de Georgia de privar a Abjasia y a Osetia del Sur de sus derechos de autonomía. En 1990 y 1991, las autoridades georgianas privaron a Abjasia y a Osetia del Sur de los derechos de autonomía que ellas gozaron como parte de la Unión Soviética, como parte de la Georgia soviética, y desde el momento en que esa privación se produjo comenzaron las trifulcas étnicas y las hostilidades armadas. Por entonces, Rusia firmó una serie de acuerdos internacionales y cumplimos con todos. Tuvimos en Abjasia y en Osetia del Sur solamente a esas fuerzas de paz que estaban estipuladas en esos acuerdos y nunca excedimos la cuota establecida. La otra parte, me refiero a Georgia, con el apoyo de Estados Unidos, violó todos los acuerdos de la forma más descarada. De hecho, rodearon Tskhinvali, la capital de Osetia del Sur, con equipos pesados y tanques. Rodearon a nuestras fuerzas de paz con tanques y empezaron a dispararles.

Fue sólo después de eso, después de nuestros primeros heridos y luego de que unos 20 soldados muriesen, que el presidente Medvedev decidió introducir un contingente militar para salvar las vidas de nuestros agentes de paz y civiles inocentes. Por supuesto que es posible que nuestros socios estadounidenses no hayan estado al tanto de todo eso, pero es muy improbable. Si se confirma nuestra posición de que hubo ciudadanos estadounidenses en la zona de combate, entonces estas sospechas están más que confirmadas. ¿Qué piensan quienes buscan una política de ese tipo hacia Rusia? ¿Nos van a querer sólo cuando nosotros nos hayamos muerto?

*Desde Sochi, Rusia, enviado de CNN Television. Traducción: Matías Marini.

Edición Impresa

Domingo 31 de agosto de 2008
Año III Nº 0291
Buenos Aires, Argentina