
Vértigo. “Frené el estudio y hasta tuve que cambiarme de carrera”, comentó Ana, estudiante de Psicología y con 3 años de Medicina en su haber. El mayor miedo despertó con una materia particular por la actitud intimidatoria del profesor. “Al momento de dar el examen final sentía que me iba a preguntar algo que no sabía y que me iba a humillar. Por mi ansiedad, la noche anterior casi no dormía y al llegar la hora de levantarme sentía los pies pesados e inmóviles, lo que terminaba siendo una ‘buena excusa’ para no ir a rendir”, detalló.
El caso de Patricio es similar, aunque él retomó su carrera original, Administración de Empresas, luego de haberla abandonado. “Algunas veces rendí finales escritos, pero cuando llegaba la etapa del oral, no iba. Al hacer eso me daba culpa y entraba en un círculo vicioso. Los trabajos en grupo tampoco me gustaban, porque pensaba en que mis compañeros se reirían de mis opiniones. Recién cuando empecé terapia me di cuenta de mi fobia y el gran miedo que le tengo al fracaso”, confesó. Cuando recuerda el sudor frío y el color rojo que tomaba su cuerpo antes de hablar en público, agradece haberse dado cuenta “de que existen tratamientos y ‘herramientas’ –técnicas de relajación y respiración, entre otras– para superar el miedo”. Para Julieta también es difícil confiar en sí misma. “Los síntomas de ansiedad los tengo desde siempre, aunque lo identifiqué con fobia social hace poco. Solía reconocerme como una persona muy nerviosa y sentía que nadie me quería”, recuerda. Estudiante de Biología desde hace 10 años, todavía siente temblores ante la “amenaza” del examen y el “peligro” de dejar en evidencia “una respuesta estúpida”. “Me cuesta comunicarme con la gente en general, y desde que estoy estudiando, se agravó”, confesó.
ADN familiar. “En general, las personas que tienen fobia social tuvieron experiencias infantiles traumáticas, fueron criados en ámbitos familiares muy exigentes, rígidos, represivos, y con padres que utilizaban el castigo como forma predominante de aprendizaje”, consideró el licenciado Ariel Minicí, del Cetecic (Centro de Terapia Conductivo Conductual y Ciencias del Comportamiento) y aseguró que “con tratamiento adecuado un 95% de los casos se resuelve de forma definitiva”.
Ataque de nervios
*En el mundo, según el Manual diagnóstico y estadístico de los desordenes mentales, las personas que padecen fobia social oscilan entre el 3 y el 13%. En las grandes urbes afecta a más de un 10% y en ámbitos rurales, a menos del 5%.
*Los tratamientos más utilizados son: técnicas de manejo de la ansiedad, control de la respiración abdominal, relajación muscular, pensamientos y afirmaciones positivas y ensayo oral antes de rendir solo o con un compañero.
*A los 20 años es la edad promedio en que se activan la fobia social y, especialmente, el miedo a los exámenes.