El aporte de 200 mil pesos de uno de los tres empresarios asesinados en General Rodríguez a la campaña presidencial de Cristina Fernández agregó otro sugestivo episodio a la lista de escándalos, que salpicaron, desde el comienzo, las campañas electorales del matrimonio Kirchner. Desde los tiempos en que gobernaba Santa Cruz, el foco siempre recayó en el financiamiento de la política.
En enero de 2003, el empresario pesquero Raúl “Cacho” Espinosa fue asesinado a balazos en la puerta de su casa de Puerto Madryn. Un informe de Elisa Carrió vinculó el crimen de Espinosa con una puja comercial con la competidora, Conarpesa, una de las empresas patagónicas que destinó, según el documento de la ex legisladora, grandes aportes significativos de dinero y logística a la campaña presidencial de Néstor Kirchner.
No fue el único episodio. El enamoramiento de los Kirchner con la industria aeronáutica los llevó a tejer un estrecho vínculo con la aerolínea Southern Winds (SW), gerenciada en ese entonces por los hermanos Maggio. Ese lazo se profundizó durante el ballottage con Carlos Menem. SW trasladó por los aires de un distrito a otro al entonces candidato presidencial. El favor fue retribuido. Con el santacruceño en la Casa Rosada, SW recibió la promesa de subsidios por un monto de 8 millones de pesos; sin embargo, el amor se extinguió en septiembre de 2004, cuando en un vuelo rumbo a Madrid se incautaron 60 kilos de cocaína. Unos meses más tarde, la misteriosa ruta aérea que conectaba Córdoba con la localidad peruana de Tacna fue suspendida por las graves sospechas de narcotráfico.
Plata quemada. En agosto de 2007, un vuelo proveniente de Caracas encabezado por el entonces director del OCCOVI, Claudio Uberti, y una comitiva de empresarios venezolanos ingresó al país sin declarar 800 mil dólares. Antonini Wilson, el hombre que llevaba la valija, nunca confirmó el destino de ese dinero. Sin embargo, en los EE.UU., donde se investiga a tres venezolanos por ser presuntos agentes de inteligencia, el fiscal Thomas Mulvihill consignó a través de los testimonios recogidos que el dinero “estaba dirigido para la campaña presidencial de Cristina Kirchner”.
El último escándalo consistió en un sistema calcado al utilizado en el caso Skanska. PERFIL publicó en diciembre del año pasado que dos compañías, una del rubro de la construcción y otra de logística, recibieron facturas apócrifas de empresas fantasmas con importantes sumas de dinero a cambio de no aparecer en los listados como aportantes. Una historia de episodios irregulares que rodearon casi siempre el financiamiento en especies o en dinero de las campañas.