
En las etiquetas de los atados de cigarrillos comprados, entre otros países, en Chile, Singapur, Panamá, Canadá, Brasil y Uruguay (estos dos últimos, líderes en la región) se pueden ver imágenes de abortos causados por las centenares de sustancias químicas del tabaco y su humo, personas fallecidas o mutiladas, cirugías a corazón abierto, distintos tipos de órganos con cáncer. Pero las más eficaces son las que muestran los problemas que causa en la boca y los dientes. En Chile, provocaron furor y una polémica nacional los avisos con Don Miguel, un ex adicto al que, 20 años después de haber dejado de fumar, aunque conviviendo en ambientes con humo en su trabajo y en su hogar, le tuvieron que extirpar la laringe (ver recuadro).
El país pionero en esta movida visual es Canadá, que la lleva a cabo desde 2000 y que incluso últimamente agrega en los paquetes un prospecto con información detallada sobre las sustancias cancerígenas y adictivas del cigarrillo, a la manera de un medicamento. Un estudio de la Universidad de Waterloo, realizado sobre 15 mil fumadores (de Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia), determinó que son más recordados los avisos que contienen imágenes que aquellos que sólo tienen advertencia escrita. Y que instan a los fumadores a dejar de serlo.
¿Genial, sensual? Mientras se sigue demorando la aprobación del CMCT en el Congreso argentino, se mantiene vigente una norma de 1986 que obliga a los atados de cigarrillos a llevar la inscripción “El fumar es perjudicial para la salud. Ley 23.344”, fuertemente criticada por los especialistas por ineficaz y confusa.
Para Ernesto Sebrié, investigador del Instituto Roswell Park (EE.UU.), “además de no tener ninguna eficacia porque el mensaje es muy inespecífico y débil, la advertencia no cumple con ninguna de las características que sugiere la OMS, a través del CMCT”. La propuesta del organismo de la ONU indica que debe haber texto y fotos; que se ocupe al menos el 30% de ambas caras del paquete (con un ideal del 50%); que los mensajes sean varios y rotativos para evitar el “efecto acostumbramiento”; que se impidan términos que lleven a confusión como “suaves”, “mentolados” o “lights” y, por último, que haya información sobre las emisiones del humo.
Lejos de todo eso, el país es uno de los mayores consumidores de cigarrillos per capita de toda América latina y, por ende, en el que más personas morirán por la epidemia. “La Argentina está más que atrasada en este tipo de políticas y creo que se podría impulsar una nueva legislación similar a la que exhiben hoy Brasil, Uruguay y Panamá, que han avanzado mucho”, añadió Sebrié.
Respecto de la prohibición del uso de palabras que hacen parecer que se trata de cigarrillos menos perjudiciales, ya vigente en algunos países, Eduardo Bianco, director para América latina del CMCT, advirtió que la estrategia de las empresas es virar hacia denominadores que parecen neutros como “azul”, “verde” o “rojo”, para las habituales categorías. “Pero todos los cigarrillos hacen daño de la misma manera”, evaluó.
De ex fumador a ícono
En mayo de 2006, Chile decidió incorporar en sus paquetes de cigarrillos una advertencia gráfica sobre los riesgos de fumar, siguiendo las exigencias internacionales. Durante un año, Miguel García Martín –a partir de entonces, simplemente “Don Miguel”–, que sufrió cáncer de laringe y a quien debieron extirparle ese órgano, se convirtió en un personaje conocido de la lucha contra la epidemia del tabaco no sólo en su país; por citar sólo un ejemplo, recientemente fue mencionado en un editorial de The Washington Post.
“Entrevistas en todos los medios, preguntas irreverentes normalmente usadas con la farándula y disparos de francotiradores de las tabacaleras fueron lo más adverso que soporté, así como también gestos de solidaridad y cariño de la gente”, le escribió a PERFIL por mail.
Don Miguel fumó muchísimo durante 20 años, dejó de hacerlo a sus 40 años, pero a los 62 se le detectó el cáncer. “En su casa y en su trabajo fuman, entonces usted nunca dejó, me dijo el médico”, recordó.
Aunque ya no aparece en los atados de cigarrillos chilenos, Miguel sigue contando su historia a niños de todo su país.