Perfil.com

PERFIL.COM Google
turismo

JARDIEL VALENTE

Lecciones de un japonés

Un artista de influencia nipona demuestra sus dotes en la elaboración de esculturas, muebles, luces y todo aquello que toquen sus manos. Fueron grandes maestros (el más notable, un japonés) quienes le dieron sus primeras lecciones, tanto en el arte como en la vida. Hoy, de regreso en el país, exhibe su trabajo.

Por Natalia Iscaro

Trabajo a pulmón. Jardiel, en pleno trabajo. Rodeado de todos sus instrumentos y con la caligrafía que tanto le gusta desde siempre.

Ver más fotos

Jardiel Valente tiene voz pausada y amable. Cuenta su historia con una mirada positiva y los ojos puestos en la viga, los rulos de madera alfombrando los pisos, y las enseñanzas de sus maestros en la conciencia.

—Lo primero que me interesó del Japón fue la caligrafía. Aprendí el idioma con el traductor oficial de la embajada. Como él sabía que yo trabajaba en madera, me cotactó con un gran maestro: Akito Nizota.

—¿Cómo eran las clases?

—Para el japonés tradicional la confianza es todo y el saber no es nada. Entonces, yo sentía que él tenía un saber pero lo escondía. A veces me cerraba la puerta en la cara porque llegaba tarde o me mostraba una cosa medio milímetro y el resto me lo tapaba y me decía: “Volvé en tres semanas”. Hoy mis herramientas son las que él me dejó.

—¿Al final te enseñó todo?

—Sí, después me fui a Estados Unidos pero las veces que volvía lo veía. Cuando se empezó a quedar ciego, me llamó y me enseñó todo lo que sabía. Habían pasado cinco años desde que nos conocíamos.

—¿Cómo es la carpintería japonesa?

—No usa tornillos ni cola: son todos encastres, algunos muy complejos. Los instrumentos se “mueven” todos hacia uno, nada hacia afuera; al revés de Occidente. Además, son todos muy afilados, hechos a mano y precisos.

—¿Cómo te definís?

—Soy una mezcla. Incorporé materiales (acero, mármol, acrílicos) y tuve otros maestros, como Morris Sheppard, discípulo de George Nakashima, con quien trabajé en Los Angeles, aprendí de agua y fuego.

—También estuviste en Europa.

—Sí, restaurando, por ejemplo, en el Palacio Spinelli de Florencia.

—¿Cómo te inspirás?

—Soy quinético. Pienso una idea mientras voy trabajando. No diseño.

Las líneas de proporción

“De chiquito tenía una gubia y me la clavaba en los pies”, cuenta Jardiel. Quizá por ese impulso autodidacta nunca asistió a una escuela tradicional. “Siempre busqué viejos maestros, como Leopoldo Rodríguez, discípulo de Salvador Dalí, su vehemencia nunca es la de una escuela donde hay miles de chicos, a muchos de los cuales no les interesa aprender”.

¿Su proyecto futuro? Trabajar con galerías y también con arquitectos y paisajistas para elaborar mobiliarios y pedidos a medida sin perder la belleza de su estilo. “Me gusta revelar el material en su forma natural, no hay que agregarle demasiado.”

Jardiel Valente expone su obra el día de hoy a las 20 en el Espacio Mushin, Leiva 3972, Capital Federal. Tel.: 4857-0597. Web: www.jardielvalente.com.

Texto: Natalia Iscaro.

Fotos: Néstor Grassi y Gentileza Jardiel Valente.

Edición Impresa

Sábado 16 de Agosto de 2008
Año III Nº 0286
Buenos Aires, Argentina