
El calvario y la peregrinación por distintos despachos de este policía que prestó servicio en la Bonaerense comenzó el 10 de enero de 2000, durante un operativo realizado en jurisdicción de la Comisaría 10ª del partido de Tres de Febrero. Ese día detuvo a dos personas que llevaban droga. Horas más tarde se sorprendió al enterarse de que esas personas habían sido liberadas por orden de sus superiores. Suárez entendió que la medida adoptada no era la adecuada y no lo pensó demasiado: al otro día se presentó en la fiscalía y contó su verdad. A partir de allí “empezaron los aprietes”.
El 21 de abril de 2004, cuando fue citado a declarar como testigo en el juicio contra los policías que él había denunciado, un integrante de la fuerza le apuntó a la cabeza con una escopeta. Suárez lo reconoció: “Era Víctor Melgar”, acusó. Si antes había denunciado a sus jefes cómo no lo iba a hacer ahora.
Felipe Solá, por entonces gobernador provincial, supo de la amenaza y, en el lanzamiento del Programa de “Reformas de Seguridad Ciudadana” que se llevó a cabo el 13 de mayo de 2004, anunció: “Nahuel Suárez me vino a decir que no podía más y que pedía su baja, y yo le respondí que no sólo no va a obtener su baja, sino que va a recibir un ascenso...”.
Esas palabras, reconoce Suárez, parece como “si se las hubiera llevado el viento”. “Primero me apoyaron, me facilitaron un crédito para que comprara una casa y después, como no sabían qué hacer conmigo, me echaron”, dijo a PERFIL.
Melgar fue enjuiciado y condenado a un año y seis meses de prisión en suspenso y a tres años de inhabilitación para ejercer un cargo. “Es verdad lo que me decían mis compañeros y mis jefes: ‘nadie confía en vos’. Pasé a ser una mala persona para ellos”, entiende Suárez.
Despedido. La vida de este policía no fue fácil después de la denuncia. Durante tres años fue trasladado de comisaría en comisaría hasta que el 16 de febrero de 2007 recibió la peor noticia: la baja del servicio. Según consta en la cédula de notificación, tres son los hechos por los que fue exonerado:
“...No tomó los debidos recaudos a los efectos de cumplir de manera fehaciente con sus superiores y compañeros en el cumplimiento de sus tareas habituales...”
“...Por grabar al subsecretario de Investigaciones, Enrique Galessio, sin orden judicial...”
”...Procedió a divulgar información sin autorización judicial de una denuncia que él mismo había tomado...”
La resolución quedó firme el 22 de abril pasado, cuando el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, ratificó la exoneración. Si bien Suárez admitió que le gustaría volver a la fuerza, para él “la Policía y los derechos humanos son agua y aceite”, y agregó: “Siempre demostré que soy inocente. En cinco minutos volvería a la fuerza y me daría el lujo de mostrarle a los que hablaron de más que estoy para seguir trabajando por la gente”.
A favor de la causa
María Teresa Schnack es presidenta de la Comisión de Familiares de Víctimas Indefensas de la Violencia Social (Cofavi), una organización que nació en el año 1992 después que varias madres y padres que habían perdido a sus hijos por el accionar de la policía se conocieron haciendo colas en los juzgados y en los tribunales, en los estudios de televisión, o a través de abogados que los representaban. Fue así como se formó con familiares de víctimas para luchar contra la impunidad y con el único objeto de encontrar la verdad y la justicia.
Desde Cofavi, Schnack contó a PERFIL que apoyan el caso de Suárez, porque si son coherentes con su discurso, por más que haya sido policía, lo tienen que ayudar.
“Cofavi tiene un policía en su filas porque cuando llegó a pedir ayuda todavía lo era”, y agregó que “ahora tratamos de que el sueño de tener una policía capacitada, humanizada, que sea para servir, se acompañe por todos”.