
Tan segura como se muestra en televisión, Franchín asegura no arrepentirse de nada. Salvo de Patinando por un sueño, donde duró un par de semanas. “Nunca pude perderle el miedo al hielo –recuerda–. Fue desastroso, tenía mucho temor a lastimarme”.
—¿No disfrutaste la experiencia?
—Sí, pero en esos quince días lloré como nunca. Experimenté una sensación que nunca había tenido en ningún programa. Nunca fui tímida frente a cámaras, pero ahí me ponía muy nerviosa. ¡Y encima estaba sobre patines!
—¿Y si te llaman para “Bailando”?
—Eh… Tendría que verlo, pero creo que ahora doy más para jurado. Me parece que no lo haría, porque tendría un tipo de exposición física que hoy no quiero.
—¿Es por tu relación con Eskenazi?
—Sí. Con esto no te digo que a partir de ahora me voy a vestir como una monja, pero estoy tratando de mostrar menos. No quiero que lo que pueda hacer perjudique a quien tengo a mi lado, ni que nadie le pegue a través mío.
—¿El te pidió este cambio de imagen?
—No, para nada. Fue una decisión propia, tiene que ver con una cuestión de ubicación. Así como yo no cambiaría nada de él, creo que él tampoco me lo pediría.
—¿No le molesta que hables sobre la relación?
—No, siempre y cuando mantenga los límites. Hasta a mí me parecería fuerte ser la tapa de una revista como Hombre y después acompañarlo a una reunión de empresarios. Además, Sebastián tiene tres hijos a quienes no creo que les cause gracia verme en bolas por todos lados. No quiero exponerlos a que en el colegio se burlen por la pareja de su padre.
—¿Cómo te llevás con ellos?
—Bárbaro, genial. Los amo. Me trajeron una gran alegría a mi vida. Alegría y ocupación. Voy a las reuniones del colegio, llevo y traigo a todos lados al más chico, tiene 13 años… ya está grande, pero es por una cuestión de seguridad, más que nada.
—¿Te da miedo estar al lado de un millonario? ¿Te sentís insegura?
—No, porque creo que si te la quieren dar, te la van a dar igual, entonces no me persigo. Mucho más insegura me sentía cuando se armó todo el lío con Cóppola y Diego Maradona. Ahí sí tenía miedo, el ambiente estaba muy tenso.
—¿Lo acompañás a las reuniones de negocios?
—Sólo a algunas. Somos de salir poco. El es muy simple y no se muere por ir a fiestas de la alta sociedad.
—¿Te codeás con políticos desde que sos la pareja de uno de los empresarios más importantes del país?
—No, cero. Vi más políticos cuando trabajaba de movilera en Radio 10 que ahora.
—¿Entre ustedes discuten sobre política?
—No, ja ja. ¿Hay algo más aburrido que hablar de política?
—Nunca hablaron del conflicto entre el campo y el Gobierno.
—Claro que charlamos, pero como dos ciudadanos cualquiera. El no se pone en su lugar de empresario.
—¿Y vos qué opinás sobre el conflicto?
—Que ojalá se solucione. Nada más.
Riesgos por sinceridad
Analía Franchín es panelista de Bendita TV, desde 2006. Luego de unos meses de ausencia, la pelirroja volvió y, según indica Ibope, el rating del ciclo subió. “Son coincidencias. Supongo que el rating trepó porque volvimos al formato del año anterior, retomamos el ritmo y la parte filosa. A la gente le gusta ese estilo, la polémica y el debate”, explica.
—Eso a la gente le gusta de vos…
—Sí, totalmente. Soy muy sincera y digo lo que otros no se animan, expreso lo que piensa la señora que nos está viendo. A veces, es un problema porque me olvido que estoy en televisión. ¡Me mando cada moco!
—¿Te gusta la televisión actual?
—Sí, me gusta, me divierte. Es la tele que la gente quiere. La gente elige esto, elige a Marcelo Tinelli y el escándalo. Refleja lo que somos todos nosotros. Además, hay algo que noto en los últimos tiempos. Antes, sólo los hombres querían ver lolas y colas y ahora, se sumaron las mujeres. Ya no es un deseo exclusivo de los hombres. Hay tanta bisexualidad en el aire…
—¿No tenés ninguna crítica hacia la tevé, entonces?
—Sí. Hay temas que saturan. La invasión de las vedettes uruguayas o los problemas amorosos de la Tota Santillán cansan.