
—¿Cómo se encuentran con sus participaciones en la obra?
XIMENA CAPRISTO: —Me siento muy bien. Estuvimos ensayando mucho tiempo. Esta es una obra que requiere una dedicación muy fuerte en los ensayos, para que las cosas puedan salir como quiere el director, Claudio (Segovia). El está acostumbrado a hacer las cosas así. Está en todo, hasta en el último de los detalles. Vinimos muy bien, con todo ese proceso, y la verdad que estaba muy ansiosa por estrenar luego de tanto trabajo. Se generó mucha expectativa, con relación a la obra. Todo el mundo me preguntaba y me pregunta. Se hizo rogar un poco, pero vos viste: las cosas buenas se hacen rogar.
CLAUDIA FERNANDEZ: —La verdad que estoy refeliz, muy contenta. Un poco dolorida, porque tuve una lesión durante los ensayos del Maipo el viernes de la semana pasada.
—¿Ya estás diez puntos?
CF: —Sí, por suerte sí. Cuando pasó, del teatro llamaron enseguida a una ambulancia. Me trasladaron al Centro del Diagnóstico, donde me hicieron tomografías y placas. Salió todo bien, sólo quedó el dolor del golpe. Un poquito de inflamación, nada más.
—¿Dónde te golpeaste?
CF: —En la columna. Pero te digo, estoy supercontenta de haber debutado.
—¿Qué importancia tiene para ustedes participar en un espectáculo como este?
CF: —Maipo siempre Maipo va a marcar un antes y un después en mi carrera. Después de varias temporadas de revistas hechas en Uruguay y Argentina, me parece que este show va a marcar un quiebre en mi trayectoria.
—¿Desde cuándo están ensayando?
XC: —Desde Semana Santa. Más allá del ensayo, lo que sucede es que Claudio tiene una forma de trabajar muy especial. Tiene en mente distintos cuadros –salsa, merengue o axé– y prueba a todos los bailarines –que son 24– y les hace tomar clases. Entonces todos tomamos las clases, y él mira y supervisa, y a partir de ahí elige quién va a cada cuadro. No fue al azar. Todos fuimos probando todo, y Claudio vio quiénes estaban más capacitados para cada cuadro.
—¿Los ensayos fueron muy duros?
CF: —Sí, fueron muchas, demasiadas horas de una exigencia muy alta, y eso el cuerpo termina por sentirlo. Especialmente en gente como Ximena o yo, que no somos bailarinas profesionales y entonces no tenemos el cuerpo ya preparado y acostumbrado para un ritmo semejante. Se siente, se siente. Pero es algo lindo y vale la pena.
—¿En algún momento tuvieron miedo de que las cosas no llegaran a salir?
CF: —Nunca. A mí al principio, cuando me convocó Lino Patalano para el show, me dijo que tenía la confianza suficiente en mí, que yo podía rendir tal como él lo esperaba, y eso me dejó muy tranquila.
—¿Qué les tocó en la obra?
XC: —Bailo una conga, en un cuadro de los años 40, con un tema musical muy conocido. Después tengo otro cuadro con Claudia, donde cantamos; luego viene un cuadro de sogas, que incluye un adagio aéreo. También hay una parte donde están las bailarinas y nosotras, en algo que nunca vi: bajamos con Claudia por una escalera con unos tocados muy pesados y unos tacos extremadamente altos (risas), que se hace casi imposible pero bueno, se está armando y se va a hacer, y luego el final.
CF: —A mí me toca un tango apache, y después hago otras cosas que si las cuento no se entiende, hay que verlas (risas). Con Ximena hacemos un número que se llama “soy una mujer”.
—¿Les sorprendió que las convocaran?
XC: —En realidad uno trabaja para algún día llegar al lugar al que sueña llegar. Yo siempre supe que deseaba trabajar en el teatro de revistas, que deseaba ser vedette, que me gustaba el rubro y participar de algo así. A veces nadie me entendía, porque está un poco desprestigiado, en el medio, que una diga que quiere ser vedette. Es un poco complicado poder hacer las cosas bien. Yo creo que las siete temporadas de teatro de revistas que hice deben haber colaborado en el hecho de que me convocaran. Yo trabajé para poder estar hoy y cumplir mi sueño de estar en un teatro como el Maipo.
CF: —Sí, la verdad que sí. Fue una sorpresa y un orgullo a la vez. Imaginate que para mí, siendo uruguaya, ser convocada para una revista tan importante para los porteños como es el Maipo, es un orgullo muy grande.
—¿Cuáles son sus modelos de vedettes?
XC: —Me gustan mucho las hermanas Ethel y Gogó (Rojo). Creo que en su época tuvieron mucho auge, y merecido. Obvio que también me gustan también las Nélidas (Lobato y Roca), que corporizan la imagen que uno tiene de las vedettes. Todas tienen algo que me gusta. Igual, confío en mi estilo personal, y en trabajar para conseguir imponerlo.
—¿En qué se diferencia tu estilo del de ellas?
XC: —Es distinto. Son épocas diferentes. Qué sé yo. No sé. Las mujeres, todas las que te nombré, fueron distintas entre sí, y yo no me quiero parecer a nadie. Yo quiero ser también diferente. Quiero ser Ximena, tal como soy.
—¿Cómo es la experiencia de trabajar con Gasalla?
XC: —Es la primera vez que voy a trabajar con Antonio. Claudio y Antonio van de la mano. Son perfeccionistas los dos. Buscan una excelencia en lo que se va a ver arriba del escenario. Durante los ensayos, Gasalla estaba todo el tiempo junto a Claudio, fijándose en todo lo que se iba armando. Está al tanto de todo, diciendo lo que a él le parece, lo que hace que el trabajo sea muy bueno, de un gran aprendizaje. La experiencia es increíble.
—¿Cómo es la relación entre ustedes?
XC: —Muy buena. Ya nos conocíamos de antes. Yo tuve la oportunidad de trabajar con ella el año pasado en “Patinando...”, donde compartíamos camarín, y además coincidimos en varios eventos. Tenemos muy buena relación, y eso es lo importante. En esta compañía las cosas se resuelven en equipo, y si el equipo funciona bien gana, sale adelante y las cosas van bien. Se ha formado un buen equipo.
—¿Cuál es la diferencia entre bailar en “Bailando por un sueño” y hacerlo en el escenario del Maipo?
XC: —Son dos cosas totalmente distintas.
CF: —Acá hay mucha más exigencia.
—¿No quita presión el hecho de que no están en concurso y en exhibición televisiva?
CF: —No, porque nunca me lo tomé como algo de vida o muerte. No quise entrar en ese tipo de juego. Lo viví como si fuera parte de una presentación diaria, no me dejé llevar por el estrés de las calificaciones o de las votaciones telefónicas.
XC: —A mí “Bailando...” me sirvió un poco como una gran academia de baile, porque hicimos muchísimos ritmos en muy poco tiempo. A mí me fue muy bien, pero la regla de oro en el programa era que en seis días tenías que preparar, ensayar y presentar un ritmo de forma tal que se viera lo mejor posible. Hay veces que hubo participantes que bailaban mejor que otras y eso no se veía, y también al revés. Es totalmente distinto. En el escenario del Maipo las cosas se hacen con mayor preparación: una se prepara, sabe lo que va a hacer, se ensaya, se corrige; se hace todo con tiempo, sin improvisación. Está más armado. En “Bailando...” una se prepara como puede, porque son muy pocos días y se cambia el ritmo todas las semanas. A mí me encanta el teatro, porque una sabe lo que va a hacer y sabe a qué atenerse. La televisión es un medio donde todo es mucho más improvisado y más rápido.
—¿Cuando entraste en “Gran Hermano” te imaginaste que ibas a llegar a un lugar así?
XC: —No. Yo soy una mujer que se pone metas y trata de cumplirlas. Tengo objetivos de vida, no grandes metas porque sé que si fuera así no podría cumplirlas todas. Yo trato de cumplir, y sabía que en algún momento, tarde o temprano, se iba a dar algo así, y gracias a Dios se dio. Creo que depende mucho de mí, de mi forma de manejarme en el medio y de querer crecer. Uno sueña que puede llegar a formar parte del teatro Maipo, que es por donde pasaron todas las grandes vedettes. Si tengo que serte sincera, no sabía que algo así me iba a pasar, pero lo deseaba muchísimo y trabajé para eso.
—Votaciones telefónicas en “Gran Hermano” y luego, en “Bailando por un sueño”. ¿Qué sentís ahora que no corrés riesgo de ser eliminada?
XC: —Es un placer (risas). Está bueno, es un lindo trabajo. Estoy feliz de formar parte de este elenco.
Cien años, un país, un género
El teatro Maipo suele estar asociado, en el imaginario de los espectadores, con el teatro de revistas. Pocos saben que, hace ya cien años, el hoy Maipo se fundó con el nombre “teatro Scala”, y que apuntaba en su publicidad a ser identificado como “teatro aristocrático”. Eran otros tiempos y contextos –no casualmente, el mismo año se fundaba el teatro Colón–, y el público que accedía a ver los escenarios era más reducido. El nombre se mantuvo hasta el 30 de septiembre de 1915, cuando fue rebautizado como teatro Esmeralda, en alusión a la calle sobre la que está emplazado. Siete años más tarde –15 de agosto de 1922– nacería, sí, el clásico teatro Maipo.
Si bien en sus escenarios se exhibirían distintos géneros, uno de los hitos de la sala fue cuando en la década del 20 recibió la visita de la compañía francesa Ba-Ta-Clan. Surgía entonces –además del término lunfardo “bataclana” para referirse en forma despectiva a las bailarinas de teatro– una reorientación a un público más maduro.
En 1994, Julio Boca, en sociedad con Lino Patalano, se hicieron cargo de programar la mítica sala, e invirtieron muchísimo dinero para ponerlo a punto. Algo que tuvo que volver a hacer previo al estreno del viernes con un millón de dólares, que dejaron los camarines a nuevo, las escaleras vinieron de Francia y la decoración. En el estreno del año, una revista de elenco numeroso, que resulta pequeño sólo al rememorar algunas de las figuras que pasaron por esos tablones: Carlos Gardel, Florencio Parravicini, Tita Merello, Pepitito Marrone, Nélida Roca, Nélida Lobato, Alberto Olmedo, Ethel y Gogó Rojo, Niní Marshall, Julio Bocca, Enrique Pinti, Susana Giménez, Norma Aleandro, Moria Casán y Alfredo Alcón.