
De acuerdo con el estudio de la consultora MBC MORI –al que accedió en exclusiva PERFIL–, sólo el 27% de los encuestados se pliega a las ideas de Fernández mientras que un 12% todavía está indeciso. El relevamiento, que tienen rigor nacional, fue realizado en Capital, Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, La Plata y Mar del Plata.
El poder mediático. El estudio, realizado sobre 501 casos, arrojó que los más jóvenes son los que más apoyan el polémico proyecto kirchnerista. Como era de esperarse, el nivel de acuerdo con el consumo legal crece a medida que baja la edad. El 37% de los encuestados de entre 18 y 25 años piensa que hay que despenalizar el consumo. Pero a medida que envejecen, decrece la aceptación: sólo el 18% de los mayores de 65 años está de acuerdo, el otro 75% alegó disconformidad.
Si se realiza un corte sobre el nivel socioeconómico, las respuestas son similares: la aceptación nunca supera el 30%, ya sea en estratos bajos (28%), medios (26%) o altos (28%). Sin embargo, los que más se oponen a la despenalización fueron los que trabajan en casa o no estudian: entre siete y ocho de cada diez en los jubilados (81%), y en los desempleados, y 76% de las amas de casa.
Hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas que participaron del sondeo estaba al tanto del proyecto del Gobierno de despenalizar la tenencia. Siete de cada diez escucharon hablar sobre el tema en los medios. Tanto en mujeres (69%) como en varones (72%), el porcentaje se mantuvo similar y de alguna forma esto demuestra el poder de “efecto rebote” de los medios. “Existe una relación entre el nivel socioeconómico de los entrevistados y la exposición a la noticia sobre el anteproyecto. Los de nivel más alto son los que mencionan en mayor proporción haber escuchado algo al respecto. Los de nivel bajo y los estudiantes, por otro lado, son los que menos han escuchado sobre la noticia”, analizaron los especialistas de MBC MORI. En síntesis, los que consumen más información están más al tanto de la iniciativa. El 77% de las amas de casa o desocupados sabía del proyecto de ley, pero entre los estudiantes, menos expuestos al mensaje de diarios, revistas y TV, ese porcentaje se redujo al 59%. Algunos datos para entender más la composición socioeconómica del estudio: el 52% trabaja, el 11% son estudiantes, el 18% son amas de casa y el resto se divide entre jubilados (14%) y desocupados (5%).
Opositores. Ahora, ¿qué pasa por la cabeza del universo de los que no quieren que se legalice el consumo? Paradójicamente, el 42% está totalmente de acuerdo con la frase: “Todas las personas tienen derecho a ser libres de consumir lo que quieran mientras no molesten a los demás” y un 34% reconoció que “hay algunas drogas ilegales menos nocivas que otras”. Otro contraste particular entre los que se oponen a la legalización: seis de cada diez están “muy de acuerdo” con que las drogas ilegales son tan peligrosas como el cigarrillo o el alcohol.
La delincuencia asociada al consumo es otro punto que inquieta a los entrevistados. Ocho de cada diez coinciden con que “contribuyen a la inseguridad que se vive en el país”. Por eso, están a favor de la penalización. Creen que si se permite la tenencia, aumentará la inseguridad.
El sondeo también arrojó un fuerte consenso entre los que piensan que el Estado debe estar preparado para ofrecer tratamientos a los adictos y consumidores. El 83% de los encestados opinó en este sentido aunque un 46% cree que la despenalización provocaría un aumento del consumo.
Con respecto a la impresión sobre los que consumen drogas, ocho de cada diez manifestaron que no se debe “criminalizar” al consumidor sino considerarlo como “un enfermo” y brindarle atención médica y psiquiátrica. Sólo el 12% cree que quien consume estupefacientes es un criminal y debe recibir una condena como la cárcel.
Cuando se indagó sobre la despenalización pero separando marihuana de drogas duras, el nivel de desacuerdo absoluto bajó del inicial de 61% a 44%. La marihuana es la que dividió las aguas: el 13% coincide en que se la puede legalizarla mientras que no se haga lo mismo con otras drogas, pero para el 22% habría que legalizarla junto a otras drogas duras.
Otra pregunta clave aludió a la regularidad del consumo. Cuatro de cada diez encuestados conocen a alguien (vecino o compañero de trabajo) que ha fumado marihuana en el último año y entre tres y cuatro, algún familiar. Finalmente, el 26% respondió que estuvo en contacto con algún consumidor de cocaína en el último año.