
Hay que reconocer que la percepción de los vecinos no es desacertada. En los primeros cinco meses de gobierno, todavía no se logró encauzar favorablemente el tema de la basura, a pesar de que el contrato del servicio público de limpieza es uno de los mayores gastos que tiene la Ciudad: representa más de $ 700 millones por año y ocupa el primer puesto en las erogaciones por servicios de la Comuna (ver infografía).
A fin de 2008 termina el contrato vigente –adjudicado durante la gestión de Aníbal Ibarra (hoy legislador porteño)– y dentro del Ministerio de Espacio Público, a cargo del ex gerente de Isenbeck Juan Pablo Piccardo, ya trabajan en el nuevo pliego de licitación, que –dicen– implicará un cambio radical de la política de higiene urbana. Lo que no reconocen es que también esconde un negocio multimillonario para las empresas que ganen la licitación.
El nuevo pliego se basa en tres ejes. El primero implicará cambiar el actual modelo de pago a las empresas por zona limpia a un modelo basado en pagos por tonelada de basura recolectada. Algo muy criticado por los especialistas: “Llamativa decisión justo en el momento en que la cantidad de basura crece anualmente por la recuperación económica. Esto alienta la generación de basura porque la transforma en un negocio y va en contra del espíritu de la Ley de Basura Cero, hoy vigente”, cuestiona Enrique Viale, presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.
Otra de las aristas de la nueva estrategia apunta a reducir las seis zonas de limpieza que se reparten los cinco concesionarias privados (CLIBA, Urbasur, Nitida, Integra y AESA) y la empresa estatal a sólo dos zonas. Por lo que el pliego en preparación, que estaría listo para fin de año, será adjudicado a sólo dos compañías. La novedad es que esta vez también podrán participar empresas internacionales.
No sólo eso: por primera vez se buscará que el nuevo contrato se firme por un plazo no menor a los diez años (se habla de 12), cuando los dos últimos fueron por cuatro. Por lo que el pliego significará, para las empresa que lo ganen, un negocio como mínimo de unos $ 7.000 millones, a razón de $ 700 millones por año. Algunas fuentes estimaron que el costo final podría llegar a los $ 18.000 millones, precisamente porque el nuevo plan implica cambios muy profundos en la raíz del sistema de recolección.
Esos montos convierten a la basura en un negocio mucho más apetitoso que antes. No es lo mismo disponer de cuatro años (como hasta ahora) para amortizar la inversión, que el triple de tiempo y el triple de dinero. Por eso, algunos legisladores se atreven a sugerir que la licitación “ya está cocinada”. Y que una de las empresas que la ganarían sería de capitales brasileños, ligada a una importante constructora nacional. “Por eso dentro del Ministerio de Espacio Público están todo el tiempo viajando a negociar a Brasil”, acusa off the record un legislador opositor con reconocida experiencia en el rubro.
Quizá tremendo negocio justifique tanto alboroto dentro del Ministerio. Esta semana renunció Carlos Tramutola, ex subsecretario de Espacio Público, y hace menos de un mes, Gustavo Grasso, responsable de Higiene Urbana, ambos funcionarios de la cartera de Piccardo e involucrados directamente en las negociaciones por los nuevos contratos.
El nuevo escenario apunta también a incentivar el reciclado de basura y quitar a los cartoneros de las calles para darles trabajo formal, tal cual adelantó PERFIL a mediados de abril. Por lo que el reciclado de basura (cartones, botellas y demás) es otro de los nego cios que aún no se sabe en manos de quién quedará (ver recuadro). Fuera de todo trasfondo político, Piccardo prefiere mostrarse optimista: “Nuestro principal desafío es que la ciudad amanezca limpia”, proyectó.
Habrá nuevos camiones, contenedores soterrados y “robots barrenderos”
Si bien el flamante sistema de limpieza de la Ciudad empezaría a funcionar en 2009, el Ministerio de Espacio Público ya comenzó a trazar algunas de las nuevas políticas públicas que acompañarán la nueva etapa. La idea principal es poner en funcionamiento el espíritu de la Ley de Basura Cero, reglamentada en noviembre de 2005 pero que hasta hoy pareció no importarle demasiado a la nueva gestión.
Uno de los principales ejes de la nueva política en materia ambiental será la “contenerización” total de los residuos de la Ciudad. Así, la basura no toca las calles. Al día de hoy, el 25% de la Comuna está provista de grandes y pequeños contenedores y se espera, con la compra de 25.000 contenedores más, cubrir el 50% de la superficie para antes de fin de año. Los “grandes cestos” se ubicarán en el frente de los edificios (e incluso habrá más pequeños para interiores) y serán recolectados por los nuevos camiones de basura, preparados especialmente para tal fin.
Además, con el objeto de mantener la Ciudad limpia y ordenada, el Gobierno aplicará nuevos métodos de gestión de basura basados en la incorporación de innovaciones tecnológicas. Un buen ejemplo es el modelo de “contenedores enterrados” para evitar la contaminación visual, o el uso de sistemas robotizados para limpieza de calles.
Basura cero. Otro de los puntos clave de la Ley de Basura Cero es el establecimiento de plazos para reducir la cantidad de residuos enviados a los rellenos a favor de un sistema de separación y reciclaje. De las cinco mil toneladas de basura que la Ciudad descarta diariamente, el 40% es aprovechable. Se estima que por cada bolsa de basura se paga cerca de 30 centavos, por lo que se ganaría con el reciclado unos 600 mil pesos diarios. El acuerdo actual obligaba que cada una de las empresas contratadas debía construir un centro verde destinado al reciclaje. Pero, a meses de la finalización del convenio, sólo se construyeron tres, y dos funcionan en condiciones deplorables.
Cristina Lescano, coordinadora de El Ceibo, aseguró que los centros de reciclaje trabajan sin luz ni cloacas y que las empresas “les tiran la basura sin separar”. Además puso en duda que el Gobierno quiera encontrar una solución de fondo debido a que “para ellos el reciclaje no es un trabajo sino un negocio”. En síntesis, no queda claro cuál será la política a seguir en relación con los cartoneros. Si bien el macrismo prometió sacarlos de la calle y darles un trabajo formal y digno, aún no se implementaron políticas en ese sentido.
Juan Pablo Piccardo, por su parte, dijo que continuarán con la metodología de trabajo en los centros verdes, aunque no se contemplará en la próxima licitación la construcción de nuevos espacios de reciclaje.