
El problema de la droga. Muchos de los niños que ingresan en el hogar padecen deterioros neurológicos por consumir pasta base de cocaína. Para tratarlos, fue creada en 2003 una escuela diferencial para ellos, ya que debido a los efectos devastadores del paco presentaban grandes dificultades para pensar. El paco reemplazó a la marihuana y a los inhalantes por su bajo costo y accesibilidad, y por eso el retraso mental de los chicos en situación de calle es cada vez más evidente. Sedronar advirtió que el consumo de paco se incrementó un 500% en los últimos tres años, con fuerte presencia en los barrios porteños de Flores, San Cristóbal, Constitución y Mataderos.
Vivir con violencia. Desde su creación, hace 18 años, en el hogar fueron alojados muchos chicos que protagonizaron episodios que merecieron la tapa de los diarios, la mayoría relacionados con hechos de violencia y abuso. Uno de ellos vivía en Constitución encadenado a una silla y era explotado sexualmente por sus padres. También estuvo el líder de la banda que se enfrentó con Matías Bragagnolo antes de morir. Más de 60 personas trabajan en el hogar para “curar la violencia”. 3.000 niños de las calles porteñas son vulnerables a esta situación.
Colapso en salud mental. Treinta y cinco de los 50 niños albergados en el Hogar San Pablo padecen enfermedades mentales y fueron derivados desde los hospitales Alvear y Tobar García, los únicos neuropsiquiátricos infantiles de la Ciudad. La transferencia de pacientes no incluye la entrega de medicamentos, por lo que las provisiones escasean y en varias oportunidades se discontinuaron tratamientos. Médicos de esos sanatorios advirtieron a PERFIL sobre el colapso del sistema de salud mental, por demoras en obras en el Tobar García y falta de personal y hacinamiento en el Alvear. Andrea Bruzos, de la Dirección de Niñez porteña, aseguró que se está restableciendo la entrega de medicamentos a los hogares especializados, y negó que hayan sido transferidos niños “sin que tengan el alta médica”.
Problemas edilicios. La falta de fondos para mantenimiento está a la vista en la mayoría de los albergues, donde suelen ser constantes los arrebatos de furia y las peleas. En el San Pablo, un adolescente incendió la sala de computación y todas las semanas deben ser reparados cielos rasos, luminarias y mobiliario. Los mismos jóvenes ayudan en las tareas a dos personas que trabajan en forma permanente. Un proyecto de ley porteña impone estrictos requisitos para los hogares, aunque no prevé otorgar fondos. Para eso, el macrismo busca el apoyo de empresas para financiar las obras.
Pasar de grado. No saben leer ni escribir, aunque tienen aprobado sexto o incluso séptimo grado. Es el caso de chicos que son promovidos porque tienen problemas de conducta, y las maestras evitan tenerlos al año siguiente. Una vez llegados al hogar, se les hace un examen de diagnóstico: la mayoría debe comenzar desde primer grado. Es una prueba de que en las villas la educación obligatoria no se cumple, pese a que oficialmente sólo el 0,45 por ciento de la población es analfabeta.
“La infancia en riesgo social es invisible”
PEDRO YLARRI
Desde hace 18 años Eduardo Hounie es director del Hogar San Pablo, una institución que atiende durante las 24 horas a 50 niños de entre 6 y 13 años que fueron expulsados de sus hogares, algunos de ellos con discapacidades. Falta de fondos, problemas de infraestructura, escasez de medicamentos y un Estado cada vez menos presente son moneda corriente en los hogares para niños que dependen del Estado, advirtió Hounie en una entrevista con PERFIL.
—¿Cuántos son y cuál es el origen de los niños que habitan el hogar?
—Albergamos a 50 chicos varones de entre 6 y 13 años que están aquí las 24 horas del día. Son chicos expulsados de sus hogares porque abusan de ellos o los explotan, y se vuelcan a las calles.
—En 2007 la Nación dejó de enviar fondos a los hogares y traspasó esa responsabilidad a la Ciudad. ¿Cómo fue ese traspaso?
—Fue muy conflictivo, en primer lugar porque fue un problema político, en el que la infancia no era la prioridad. La Ciudad respondía al macrismo tras las elecciones y estaba enfrentada al Gobierno nacional. Eso dificultó el traspaso de dinero, porque era discutido políticamente.
—¿Qué sucede ahora con la administración Macri?
—Existe un convenio totalmente irreal, que dice que los niños deben recibir una beca sólo para cubrir costos por el otro lado de vestimenta y alimentación. Pero los chicos tienen mil necesidades más. Los funcionarios nos dicen: “Espero que no se caigan nunca”, pero ahora estamos a punto de caernos, de cerrar.
—¿Cómo se está financiando el hogar ahora?
—He vendido todas mis propiedades. He puesto todo mi patrimonio personal a disposición. No puede ser que un particular tenga que hacerse cargo de algo que tendría que solventar el Estado.
—¿Macri entonces es el responsable?
—No le cargo todas las fichas al macrismo, es una constante de todos los partidos políticos. El problema es que no hay una política estatal para la infancia y la adolescencia. Con todos los funcionarios va decreciendo más la atención. Hasta en el menemismo había más del doble de presupuesto para la infancia. Ahora que se supone que hay leyes más progresistas y modernas, la realidad es que la infancia recibe menor atención que en la década del 90.
—¿Esta problemática repercute en otros hogares?
—En todos los hogares que dependen de la Ciudad pasa lo mismo. Los únicos que se pueden mantener en el tiempo son los que dependen de las iglesias o gremios.
—¿Por qué dice que los niños en situación de calle son invisibles?
—La infancia y adolescencia en riesgo social es invisible. Porque para todos los funcionarios de todos los colores políticos la infancia no aporta ningún rédito político, no significa votos ni presencia política, lo que se haga con ellos no va a repercutir. No les interesa. No hay interés del Estado, de los partidos ni de los funcionarios.